“No hay drogas buenas o malas” – Editorial de La Nación sobre la campaña del OPRENAR

18/06/2016 La Nación – Nota – Opinión – Pag. 46

No hay drogas buenas o malas

Se necesita crear conciencia sobre los riesgos del consumo de sustancias nocivas para la salud y sobre políticas de Estado firmes contra el narcotráfico

Una interesante campaña contra el uso de drogas por parte del Observatorio de Prevención del Narcotráfico (Oprenar) vuelve a poner de manifiesto la importancia de conocer los innumerables trastornos y riesgos que el consumo de drogas provoca no sólo en la persona que consume, sino también en la comunidad en la que vive. Entre otras consideraciones, señala que el consumo de drogas limita el desarrollo intelectual y pone al adicto en una situación de minusvalía, reduciendo su potencial proactivo a bajos niveles de desarrollo laboral y afectivo, entre otras cuestiones, llegando a involucrar a su grupo familiar, que padece, a veces en silencio, el problema de adicción que lo afecta.

Las drogas son todas malas las de origen natural o sintético, a las que se suma el alcohol-, porque alteran los vínculos personales y sociales, sostiene la campaña del Oprenar, una iniciativa interinstitucional de la sociedad civil, estrechamente vinculada a diferentes actores del sistema de educación de nuestro país, que tuvo su origen en noviembre de 2014.

En muchas ocasiones, el adicto ejerce violencia contra otros para obtener recursos que le permitan seguir consumiendo. En casos extremos, puede llegar a matar para alcanzar ese objetivo. Ya no caben dudas sobre la relación que existe entre droga y delito, como tampoco las hay respecto del deterioro que estas sustancias causan en el cuerpo humano. Así, por ejemplo, diversos estudios científicos han probado los efectos nocivos de la cocaína en el organismo. Ahora se sabe que altera la materia gris y afecta los riñones y el hígado. Los peligros del consumo de cocaína para la salud cerebral y cardíaca fueron a lo largo del tiempo los más habituales, pero los últimos estudios científicos demuestran que esta droga es todavía más peligrosa de lo que se cree.

Un equipo de científicos del Hospital de Sant Pau de Barcelona, el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y la Universidad Autónoma de Barcelona demostró, por primera vez, que la cocaína altera las funciones cerebrales y modifica la estructura del propio órgano. Estas “modificaciones” provocan, por ejemplo, que el cerebro de los consumidores no detecte las consecuencias adversas de su propio comportamiento.

En nuestro país, el Departamento de Toxicología del Hospital Fernández presentó un informe clínico en el que se destacó la relación de la cocaína con importantes falencias orgánicas en un paciente. Luego de varios análisis y la detección de la existencia de cocaína en su cuerpo, se advirtió insuficiencia aguda renal y hepática, ambas relacionadas con el consumo de esa droga.

El uso de drogas se remonta a tiempos inmemoriales. De hecho, no hay cultura que no las haya empleado. Hoy, sin embargo, ese consumo ha ido tomando características tan peculiares que lo transforman en un verdadero problema de salud pública.

La cantidad de muertos que provoca, las discapacidades que su uso trae como consecuencia, los circuitos de criminalidad conexos, la pérdida de recursos y el fomento de una cultura no sostenible en términos económicos y sociales hacen del consumo de drogas un factor en el que todos, Estado y sociedad civil, desde distintos niveles y con grados de responsabilidad diversos, estamos implicados.

Habrá que estar dispuestos a incrementar y cualificar las inversiones sanitarias para la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de los consumidores. Se deberían elevar los montos destinados a la educación de los jóvenes para inducir hacia el futuro una baja en el consumo y un menor abuso de las drogas.

Los adolescentes y otros grupos vulnerables deberían ser objeto de iniciativas focalizadas de inserción educativa y laboral, de recreación deportiva y de contención en un nivel amplio, tanto dentro como fuera de su grupo de pertenencia.

Desde estas columnas editoriales se ha señalado en reiteradas oportunidades la necesidad de crear una conciencia colectiva de cuán complejo es este fenómeno, de adoptar políticas de Estado contra la drogadicción y el narcotráfico, y de la importancia de abandonar la tolerancia que algunas drogas tienen en la sociedad, que ve crecer una generación de adictos al consumo y que aún no ha encontrado las soluciones apropiadas para intentar evitarlo. El problema existe, no es nuevo y merece la mayor de las atenciones para evitar males mayores.

La Nación

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