La Vida es una Fiesta

JuanAlbertoYariaPor el Dr. Juan Alberto Yaría, miembro del OPRENAR y Director General de Gradiva -Rehabilitación en adicciones

“…hay una trampa que encubre la extrema permisividad educativa”

Zizek (2008), maestro en filosofía y psicoanálisis


Es la portada de un programa radial  matinal muy entretenido en donde en distintos momentos se repite “la vida es una fiesta” desde una voz en “off”.  Fiesta en su doble acepción de alegría y diversión pero al mismo tiempo de huida, ya que muchos aspectos de la realidad son muy críticos.

No es la fiesta que pregonaban los antiguos en donde ésta es la primacía del ocio sobre el negocio. El ocio era la fiesta de lo espiritual sobre el automatismo del trabajo y los negocios.  Momento –por ende– de contemplación y encuentro sobre todo mediado por alguna llamada bebida espirituosa (como en la antigüedad se llamaba al alcohol), pero solo como “mordiente” para la apertura de ese encuentro fundante, que tanto se privilegiaba como corte de una semana de trabajo.

En mi consultorio veo otra fiesta o los residuos de lo que en lo bíblico se describe en “Sodoma y Gomorra”, o que desde el psicoanálisis se describiría como el bacanal del Ello, donde se abole y niega toda Ley. Me encuentro así con José. Años de fiestas electrónicas, ahora en sus 25 años lo encuentro con daños en el cerebro que repercuten en su pensamiento y en su juicio de realidad. José pertenece a lo que hoy se denomina Generación “Q” (química), con las drogas “a la mano” para usar en cualquier situación. No son tiempos de charla (además, ¿con quién?), de terapia; son horas químicas en donde este recurso fue banalizado y despojado de todo daño por la cultura de la aceptación de las drogas.

GENERACIONES “Q-Y-X”

En la Generación “Q” estar en una fiesta es haber ya pasado por la prueba del alcohol y el cannabis  y haber “consumido” la propaganda del uso de “drogas recreativas” como el éxtasis, cocaína, GBH, Popper, etc.  ¿Cómo conciliar el sueño después?  Ahí aparecen las benzodiacepinas. ¿Cómo lograr la erección? Ahí aparece el Viagra. José se había transformado en una “bolsa química”.  Tiene 2 hijos de los cuales no puede hacerse cargo, fruto de noches que describía magistralmente Federico Fellini en “Las Noches de Cabiria” (1957).

Ante mí está con un cuadro neuro-psiquiatrico de anosognosia: “… no comprende, perdió la parte central de su ser pero él no lo sabe, desapareció sin saberlo,  no sufre ni lamenta su pérdida”; así nos dicen los manuales y es un ausente ante mí. Desapareció su lóbulo frontal y quedó así.

José parece ser el producto condensado dec62c2d0df28b9ac5ef1fa5b9fa6bece4 la Generación “Q”; así hoy hay miles. Nos preguntamos si hay reacción social ante esto; parecería que no. Somos productos de la Generación Y en donde lo tecnológico prima. Vivimos rodeados de celulares, IPhone, Instagram, Twitter, Facebook,  en donde el Otro y los otros son solo una sombra. Importa la comunicación en la “nube informativa”, en muchos casos en el anonimato. Lo importante es no estar solo y a la intemperie. El destinatario es indiferente… lo cierto es que alguien o alguno conteste.

Él nació entre los 80 y 90, donde la tecnología nos inundó pero con un gran debilitamiento afectivo y de sostenes para el crecimiento (familia, escuela, etc.). En la Generación que mencionamos como “Y” desprenderse de la casa familiar es difícil. Poco trabajo, precarización, contratos temporarios, tasas de desempleo altas.

grocery-900x450Nosotros como padres quedamos sujetos a ese boom de consumismo y nos  convertimos  en la Generación “X” (somos los padres nacidos entre los 60 y fines de los 70). El consumismo disolvió vínculos y fue un aliado de la tecnología en la caída de toda certidumbre de amparo. Ahí empieza la llamada “vida líquida” que magistralmente describió Z. Baumann. En la Generación “Q-Y-X” todo es más precario desde los sostenes afectivos hasta el trabajo.

Las viejas costumbres ya parecen  no funcionar, todo ha perdido continuidad; prevalece la incertidumbre que parece ser la única certeza que tenemos. Nada es sólido. La vida es un experimento constante y las drogas surgen ahí. Lamentablemente propagandeadas y alabadas cuando desde la educación social pueden brindarse herramientas que permiten antagonizar los conflictos de la vida  de otra manera y con menor daño y a pura ganancia.

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