La Argentina: “El Reino del Revés” (Parte 2)

JuanAlbertoYariaPor el Dr. Juan Alberto Yaría, miembro del OPRENAR y Director General de GRADIVA – Rehabilitación en Adicciones


La genial María Elena Walsh popularizó esa hermosa filosofía del desencanto y la irrealidad que colocó en las estrofas del “Reino del Revés”. En el tema de drogas y sus políticas para enfrentar la pandemia y epidemia todo parece recordar a la ilustre poeta.

Ahí todas las cosas están “dadas vueltas, nada el pájaro y vuela el pez,
nadie baila con los dos pies y dos y dos son tres, un año dura un mes y un señor que tiene mil quinientos chimpancés si miras no lo ves”. Resultado de imagen para el reino del revesEn la Argentina en el tema de drogas abandonamos la realidad, no solo la negamos sino que la abolimos lo que  parece peor porque entonces creamos un mundo ilusorio rayano ya  en lo delirante.

Aumentan todos los índices de consumo de drogas y recién ahora se empiezan a efectivizar políticas para enfrentarlas. Se realizaron en los últimos doce años campañas basadas en la “normalización” del consumo (banalización de los daños) y la aceptación social de las drogas. Pero, al mismo tiempo, se cerraron estructuras asistenciales y se desactivaron todos los planes asistenciales. Incluso el último gobierno, en una decisión del Ministerio de Salud hecha entre “gallos y media noches” y sin ningún tipo de consulta, impidió la apertura de nuevos centros asistenciales y cerraba a partir del septiembre del 2016  los que ya estaban habilitados (resolución 1484/2015 Minis Salud Nacional). Esto, afortunadamente, fue resuelto por las nuevas autoridades. Todas las instituciones psiquiátricas de Capital federal y las comunidades terapéuticas para atención de consumidores dependientes debían cerrar o adaptarse a una normativa en donde solo podía  mantenerse el 10 % de su capacidad (absurdo) e invertir millones de dólares para abrir otras especialidades (traumatología, pediatría, etc.). El absurdo también se daba  porque miles de profesionales formados, enfermeros, psicólogos, médicos, operadores y empleados se iban a quedar sin trabajo y miles de pacientes no tendrían donde atenderse. Muchos sanatorios generales no estaban en condiciones de hacerlo y los hospitales públicos nadan en la penuria y el tema droga-dependencia es un problema para el cual reconocen no estar capacitados para resolver. Esto es el propio “Reino del Revés”. A mayor epidemia se cierran centros asistenciales.

La Provincia de Buenos Aires hizo nadar en la penuria a los más de 180 centros públicos y gratuitos que se habían creado (centros preventivos asistenciales, comunidades terapéuticas, centros de día, etc.) en la década del 90 y en un verdadero “goteo” se fueron desfinanciando, fundamentalmente las redes de padres, docentes y de líderes sociales que propiciaban un cultura preventiva desde cada municipio, escuela y asociaciones culturales y deportivas. Se ejerció sobre la población una doble condena; por un lado la de la enfermedad y por otro la penuria de no tener lugares para su asistencia ni de alerta temprana sobre lo que es esta enfermedad y cómo se va desarrollando.

El “Reino del Revés” hace que, a medida que aumente el consumo de drogas y de alcohol favoreciendo la aceptación social del consumo y la “normalización” del mismo, se obstaculicen todos los movimientos preventivos y asistenciales. Ni hablar de la política preventiva; todo ahí fue liquidado. Los modelos de ciudades preventivas que merecieron el apoyo de la Unión Europea y que llevó a que se expandiera en todas las escuelas en convenio con el Ministerio de Educación un trabajo aula por aula con la Formación de los llamados 10.000 Lideres para el Cambio en donde alumnos guías, padres, maestros, profesores y líderes de la comunidad formaron un red de contención notable para enfrentar la planificación territorial del narco-comercio. Solo una “valla” cultural derivada de una cultura de la salud limitará las consecuencias sanitarias y sociales del consumo de drogas. Así triunfará una política de seguridad con el pueblo y sus organizaciones sociales al lado en una educación social programada desde el propio tejido social.

No solo seguridad y fronteras

Centrar todo en una política de seguridad es limitado y hará cierta la frase de Pablo Escobar: “plata o plomo”. La seguridad sin una sociedad movilizada es solo aumentar el precio del insumo para distribuir en la corrupción.

Resultado de imagen para plata o plomoEntre los bienios analizados (2013-14-Observatorio de la Deuda social UCA) tuvo lugar un incremento en la presencia policial en los distintos barrios, sin embargo, si bien el registro de venta de drogas tiende a ser más alto en los espacios con baja presencia policial, el incremento general en la percepción de venta de drogas en el barrio se incrementó al margen de la mayor presencia policial. En las regiones AMBA (tanto en CABA como en el Conurbano Bonaerense), NOA, Pampeana y Patagonia la presencia policial no parece evitar el incremento en el registro de venta de drogas, que se presenta al menos en la misma proporción en barrios con presencia policial y sin presencia policial. En los últimos años ha ido creciendo no solo el consumo de drogas sino las ‘cooperativas’ familiares que se dedican a la venta de las mismas. Los jóvenes prefieren vender drogas a trabajar. Los niños viven en la calle, fuera del control de sus padres, y son presa fácil para los intermediarios. 

Ahí el narcotráfico dobla la apuesta  pero con una sociedad educada en valores no puede hacer nada. Ahí retrocede. Cambia de escenario. Aquí –en nuestro país- tuvieron el campo abierto. Una sociedad desmovilizada, sin centros de asistencia, sin programas preventivos y con una cultura del consumir sin riesgos era un apostar a ganar y a la plusvalía sin riesgos.

A más prevención menos consumo y menos narcos

La marihuana está igualando al cigarrillo en el consumo juvenil en nuestro país (datos de la SEDRONAR en escuelas secundarias de CABA). Las plantaciones en casas y viveros especializados con mutaciones genéticas de alta concentración de cannabis es ya un dato cierto. Mientras tanto el abuso de alcohol llega al 33,5% de la población juvenil. Ni hablar de las sustancias sintéticas como éxtasis en donde hay redes preparadas para todos los centros de diversión nocturna juvenil. Creció el 1.200% y con gran impacto según la SEDRONAR en la Provincia de Buenos Aires. Aneurismas en gente joven, arritmias, infartos en intoxicaciones son atendidas en suelo bonaerenses anuncian médicos de los hospitales platenses. Además –y lo puedo testimoniar en mi tarea clínica – toman algunos tres o cuatro pastillas de éxtasis en una noche electrónica que comienza a las dos de la mañana hasta las 17 hs del día siguiente.

La estadística fría marca de 12 a 16 años el inicio del consumo. Mientras tanto hay decenas de laboratorios clandestinos que producen estas pastillas en nuestro país denuncian pacientes y fuentes periodísticas serias. La ketamina (“keta”) está haciendo estragos ya que es un disociador de la personalidad (con claros efectos psicóticos) creando una realidad paralela por los cambios perceptuales y sensoriales que provoca.

A su vez hay ciudades de la Argentina con tasas de homicidio paralelas a las de países con altos indicies delictivos como por ejemplo en Mar del Plata. En el Conurbano las autoridades judiciales y policiales decidieron conjuntamente con representantes municipales reforzar “25 zonas críticas “. Nombres que me resultan conocidos porque  me relataron peripecias de esos lugares (La rana, V.Korea, Sapito, etcétera).

Todos hablan de reforzar la seguridad pero no  será que debamos aumentar la conciencia comunitaria desde la escuela, la familia, los barrios, los clubes deportivos. Si no hay anticuerpos culturales basados en una cultura de la salud, el consumo aumenta. A mayor aceptación social del consumo más venta. A mayor tolerancia social mayor cantidad de puestos de venta. La anomia llama al narco. Ciudades, escuelas y familias preventivas es la consigna. Es como dicen en los países  que viven  este mal de la postmodernidad,  el mejor antídoto.

Si no protegemos la infancia y la juventud, ¿quién pagará esta “fiesta”? Más discapacitados, lesionados en el cuerpo y en la psiquis, las familias todavía más desmembradas y padecientes. La prevención integral desde la infancia, tomar a la escuela como un elemento de la cultura de la salud, la familia en todas sus versiones actuales como horizonte para la vida y todas las estructuras barriales y sociales son fundamentales para contener esta epidemia. Liberar todos los “cepos “que se han colocado a los centros de prevención y asistencia y apostar a la detección precoz de los problemas parece ser la tarea a desarrollar. El Estado tiene la palabra.

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