Emergencia Nacional en Adicciones

JuanAlbertoYariaPor el Dr. Juan Alberto Yaría, miembro del OPRENAR y Director General de GRADIVA – Rehabilitación en Adicciones

“…El niño es el padre del hombre; lo que le suceda a él nos sucederá a todos”, (T.Benedeck)


Muy buena la idea de generar una EMERGENCIA NACIONAL EN ADICCIONES del gobierno nacional y separarla de las acciones contra el narcotráfico y que la SEDRONAR vaya adquiriendo mayor protagonismo. Esto exigirá un plan MAESTRO nacional territorio por territorio con base municipal y la formación de miles de líderes en el campo comunitario, medico, vecinal, religioso, escolar, etcétera. O sea, una verdadera acción social preventiva y asistencial para enfrentar la epidemia que en algunos lugares es pandemia con promoción de las comunidades terapéuticas, los centros para la atención para pacientes con doble diagnóstico (o sea con alteraciones psiquiátricas) y casas de medio camino, entre otras.

Como siempre a mí me asombran las historias de mis pacientes que son un trazo de la realidad de nuestros barrios. Juan en sus 27 años llega con sus familiares y me dice casi llorando “mi sueldo me duraba entre 3 0 4 días “. La droga en él es el signo de la explotación de hoy; un cerebro domado desde los 14 años es la garantía. Jorge es un empresario exitoso pero sus dolencias emocionales lo llevaron a consumir y hoy arrastra un accidente cerebro vascular fruto del consumo voraz de cocaína. Y así podemos seguir. Desde las metrópolis populosas hasta pequeños pueblos de la riqueza sojera hasta las poblaciones más humildes.

Los narcos tienen planificados los distintos territorios para la venta y la distribución de drogas. Ahí la entrada de los jóvenes en el primer consumo es clave para asegurar un futuro cliente. Además, la población juvenil permite un contagio por imitación dada la fuerza de los grupos de pares en la consolidación de pautas para cualquier consumo. Hoy la drogadependencia es considerada como una enfermedad del desarrollo. Entre los 14 y los 20 años se da el mayor contacto con las drogas.

 El inicio comienza, precisamente, en momentos de máxima vulnerabilidad cerebral y de la identidad psicológica. La captura del sistema de placer, las motivaciones y los deseos ahí están casi asegurados y por otra parte cuando los sistemas de control superiores del cerebro aún están inmaduros. Ahí ya la vorágine pulsional queda vigorizada por el uso de drogas y alcohol pero ya sin frenos inhibitorios de los sistemas cerebrales más evolucionados. El cerebro termina de madurar a los 25 años aproximadamente.

Resultado de imagen para consumo de drogasEl tiempo, la paciencia, la educación, la orientación de los adultos, los amigos y pares en edad, etcétera.; parecen ser los verdaderos antídotos a la crisis de este “segundo nacimiento “, como muchos llamaron a esta etapa de la vida; pero nunca las drogas y el alcohol así como el tabaquismo pueden ser salida a esta crisis. A la vez, mientras tanto, los datos sociales nos indican un aumento de alrededor de un 62 % en alumnos secundarios del consumo de drogas (1999 -2009). Pasamos del 9% al 15 % la cantidad de adolescentes que reconocen usar estupefacientes. El 77% de la totalidad de los estudiantes encuestados reconocen consumir alcohol. El 88% de los alumnos que usan sustancias reconocen hacerlo en forma grupal con otros compañeros o amigos del barrio (Instituto Superior de Ciencias de Salud-Bs.As.). Por supuesto estos datos son más críticos en los que no tienen estudios secundarios.

Es una realidad que el consumo de drogas se potencia y avanza en la adolescencia. Se ha “naturalizado” este consumo y precisamente, también por esto, hoy se considera a la adicción como una enfermedad del desarrollo. En esta etapa clave de la vida el cerebro tiene un cambio fundamental. Fenecen viejas estructuras nerviosas infantiles y se estructura el crecimiento definitivo del sistema nervioso. Época de extrema vulnerabilidad por este fenómeno biológico preciso y por la estructura identificatoria juvenil en donde estos necesitan estructurar una identidad que les permita enfrentar la tarea de diferenciarse sexualmente, separarse de los padres y establecer un proyecto de vida en donde el estudio o el trabajo sean nortes de una vida.

Ambiente y Cerebro

El ambiente que rodea a los adolescentes es muy estimulante en relación al consumo de drogas y alcohol. Boliches, esquinas, gran tolerancia social al consumo de todo tipo de sustancias; forman parte de este ”cocktail” en un momento de gran vulnerabilidad. Ahí es donde debe actuar una verdadera prevención social.

Precisamente, en este momento crítico del desarrollo de una de las áreas claves en el organismo como es la llamada corteza prefrontal está, precisamente, madurando. Esta es central en la toma de decisiones, la evaluación de situaciones y en el mantenimiento de nuestras emociones y deseos bajo control; así el cerebro en esta etapa es una “obra” sin completar aumentando entonces el riesgo de tomar malas decisiones y de conductas impulsivas cuando recibe la inundación de distintas sustancias. Se activan áreas del sistema nervioso más ligadas a reacciones automáticas y sin sustento de postergación. La descarga y la recompensa inmediata no tienen el límite de otras estructuras biológicas. El freno y el alerta ante los peligros se encuentran suspendidos y máxime en momentos de un gran erotismo por el crecimiento hormonal-sexual. Se ha estudiado que el impulso sexual y la erección de los adolescentes de alrededor de 15 años de edad tienen la mayor potencia de toda la historia evolutiva futura.

Las drogas y el alcohol activan las zonas de placer (sistema de recompensa) y de motivación. Por eso el consumo de drogas va acompañado de un descenso del rendimiento académico y de un retardo del crecimiento afectivo e intelectual de los adolescentes. Entre los repetidores y/o los que abandonan la escuela hay muchos que consumen drogas y alcohol.

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Captura del sistema del placer

Aunque el consumo de drogas a cualquier edad puede llevar a la adicción, las investigaciones muestran que cuanto más temprano se comienza a consumir drogas mayores son las probabilidades de progresar al abuso más serio. Acá, como vimos, la vulnerabilidad es mayor. Además, el fumar una droga o inyectarla en una vena aumenta su potencial adictivo. Las drogas que se fuman o se inyectan penetran al cerebro en segundos, produciendo una sensación inicial intensa de placer. Este “high” o euforia intensa puede desaparecer en minutos llevando al abusador a niveles más bajos, más normales. Esto es un elemento que “tienta” al adolescente a repetir el placer intenso que ya está grabado de una manera permanente en la llamada “memoria del placer”. Este resto mnémico opera como una verdadera tracción para el futuro adicto movilizando impulsos y actos para conseguir la droga. Así se interrumpe la función cerebral en áreas críticas de la motivación, la memoria, el aprendizaje y el control del comportamiento.

Todo esto trae un costo social enorme: multitud de desvalidos, aumenta la población psiquiátrica, cae el rendimiento académico y el abandono escolar, se deteriora la fuerza laboral, aumenta la criminalidad ¿Quién va a apagar este costo social? Por eso la seriedad de una EMERGENCIA NACIONAL EN ADICCIONES se hace necesaria.

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