La era del vacío y el “Lejano oeste”

Yaria Juan 3

Dr. Juan Alberto Yaria – Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR.

“..Buscado: se pagan 700 mil pesos por quien de datos del comisario fugado de Pergamino “(Diario La Opinión 6 de abril 2017)

Por un momento volví a recordar a recordar las películas de mi infancia sobre las andanzas de Alan Ladd o Gary Cooper que como justicieros buscaban al delincuente más peligroso y en donde su foto se mostraba en los negocios con su recompensa. Es que esta vez el buscado es el comisario del pueblo. Fruto todo esto de una comisaria incendiada en donde precisamente mueren en su mayoría adictos en contacto con el narco-menudeo pero que poseían mucha información. Default humanístico en acto. El que debería ser un modelo social es la cara del anti- modelo. Al mismo tiempo en Villa Urquiza se descubre en una escuela en refacción como una pintura social “discepoliana” ya que como escuela abandonada y en refacción próxima es sede un “bunker” de venta de drogas; ahí justo donde la Biblia se une al calefón. Caminar por Pergamino me retrotrae nostálgicamente a los mejores momentos de mi infancia y al mismo tiempo al sabor acido de la actualidad.

Si cae la noción de autoridad todo cae. El sistema social se basa en jerarquías en donde la noción de Ley se encarna en ciertos representantes (maestros, policías, jueces, padres, etc.). Si los adultos desertamos de la transmisión de valores el vacío se enseñorea.

En este contexto, mientras tanto la epidemia de consumo de sustancias crece ya que si fracasan los modelos todo está permitido; la noción acerca de aquello que hace bien o hace mal se desdibuja.

¿Cómo tratar el dolor humano?

Ahí en el centro de la provincia interior de Buenos Aires me llaman a una supervisión veinte profesionales jóvenes que comienzan a atender adictos en centros públicos y privados. Mañana intensa. Se empiezan a dar cuenta que los consumidores son distintos a “nosotros” que cómo neuróticos tocamos el timbre de un consultorio para que alguien contenga nuestros malestares .Los dependientes a sustancias, mientras tanto aman lo que los destruye. Sufren por sus dolencias pero, paradójicamente, la protegen.  La droga llena cualquier vacío y al mismo tiempo ese vacío es un “agujero” sin fondo sintiéndose ellos en realidad una “nada”. Además son la caricatura de un contexto “discepoliano social”; son su misma caricatura.

Tratar implica para estos jóvenes terapeutas una tarea enorme de ejercicio de la empatía y de paciencia. No son delincuentes pero ya venden para la saciar abstinencia de sustancias. Les explico con afecto que son distintos a los que tienen otros padecimientos. Están en la calle llevando a cuestas su riesgo para sí y para terceros. Motorizados, dormidos, excitados, desconfiados y paranoicos. Están ahí ante nosotros quizás buscando un cierto tipo de ayuda que nunca debe ser complicidad en el consumo y si acompañamiento lento o rápido para dejar de consumir para recién ahí empezar a ver qué les pasa además de drogarse.

Lloran su vacío pero no pueden dejar de hacerlo. Se sienten parte de un negocio. Son los nuevos esclavos. Les digo a los terapeutas que la tarea nuestra es lograr que puedan escapar de lo que para ellos es una fuga imposible. Es la epidemia voraz de consumo en donde la fuga les parece imposible.

Ahí me relatan  al que van a un boliche , encuentran drogas y toman , el que está en la Bolsa también lo hace creyendo estar más lúcido para la compra-venta, el taxista  o remisero que la  “necesita”, el cirujano o el anestesista experimentando para rendir supuestamente más, el joven en la esquina esperando la moto del delivery de sustancias , el cocinero en el restaurante que la comparte con los mozos, el recolector también, el empleado de electrodomésticos buscando ese “plus” que lo haga vender más para así ganar más, el repartidor también bajando y bajando cajones para resistir el cansancio , en el casino para supuestamente estar más lúcido , el penalista en su  profesión de abogado recibiendo como pago drogas; alegrarse, divertirse, trabajar, vivir el ocio no significa nada sin ese polvo blanco que circula en todos los ámbitos. No hay comida para muchos gerentes que no termine con el “plus”. Un recuperado me decía que prefería las comidas de negocios al mediodía para evadir esa tentación.

Mientras tanto se van dejando personas, hijos, mujeres fieles por relaciones frágiles, caen las finanzas, en muchos casos empresas; todo cae. Es una enfermedad de pérdidas le transmito a mis alumnos del interior provincial. El vacío del cual se intenta huir anuncia la nada que se avecina como me decía esa paciente;…”somos un pedazo de nada”.

La recuperación del sentido de la vida

Hoy es más difícil recuperarse porque el vacío llena los consultorios y las comunidades terapéuticas junto a la nada y el nihilismo como actitud vital como compañía inseparable. Desde el adulto que trata de completar sus “grietas” con juegos y drogas o el joven que desde su intemperie de contactos y contención también se “llena” con alcohol y pastillas o estimulantes de todo tipo. Todo sirve para huir de ese vacío que llama desde la angustia y la nada de sentido contorneada por una soledad de vínculos. Sedantes, narcóticos todos, energizantes pero fundamentalmente “quitapenas” que además en su propio uso y abuso imponen sus leyes dentro del cerebro en ese maravilloso universo químico y eléctrico que somos.

 A mayor uso, mientras tanto, habrá mayor dependencia y luego ya doblegada nuestra voluntad (situación clave en la adicción) las drogas químicas o de conducta como el juego, el sexo y las compras actúan dirigiendo nuestras acciones. Se acabó la” luna de miel” que nos permitía decir “las uso cuando quiero” y, entonces, así liquidados en nuestro libre albedrio comienzo a ser un esclavo del consumo.

El vacío de ser (la nada misma)   parecería convertirse, desde mi punto de vista,   en uno de los orígenes centrales del consumismo de drogas, alcohol, sexo, juego, compras, etc.

Ya una vez esclavizados y dependientes ese vacío retorna desde la abstinencia. La falta de sustancias y / o de objetos inauguran un apetito voraz por poseerlos a lo que llamamos “craving” (anhelo ansioso) .Ahí el paciente es capaz de entrar a una Villa de emergencia para tener su sedación o estimulación poniendo en riesgo su vida o va a un casino con una escritura o con el documento de propiedad de su coche para hacerlo dinero. La tarjeta de crédito, también, puede ser la compañera silenciosa de la avidez en un shopping.

El abandono de sí que inaugura toda dependencia va unido a un abandono de todos los que nos rodean (hijos, mujer, etc.). El objeto adictivo siempre es imperial en su dominio.

El vacío, entonces, retorna desde la abstinencia y, de no haber terapia, esto puede culminar en su verdadera cara que es la nada o sea la muerte misma   .

Encontrarle un sentido a la vida es la forma de transformar la nada en proyecto y de esta manera poder ser persona libre. El dicho popular lo recuerda cuando nos dice que la tarea es   “un hijo, un libro, un árbol plantado”.

El sentido de la vida y el nihilismo

El filósofo Mandrioni en su libro sobre el Amor y el Poder reflexiona sobre esto y nos dice; “…el grado de “poder ser “produce la mayor o menor victoria lograda sobre la nada”; “todo ser tiene el poder de obrar y causar por el hecho de ser”.

En la medida que somos hay una victoria sobre la nada y la nada en Mandrioni es “el posible vacío o ausencia que implicaría la no parición del ser”; “…el “poder de ser” expresa el primer salto cualitativo por el que se cancela definitivamente la esencial debilidad de la nada”.

Junto con el “poder de ser “es también preciso nombrar el poder que tiene todo ser” de poder”…o sea de obrar y causar por el hecho de ser “.

Ortega y Gasset nos enseñaba cuando nos decía que era pleno aquel que en la vida encontraba proyecto, misión y vocación. Somos eso y por eso Ortega nos definía como futuro o sea como lanzados hacia una meta, un horizonte.  Quien encuentra una misión en la vida y una vocación está como llamado a ser o sea a desarrollarse como persona y ciudadano.

Solo el hombre tiene ese poder de ser; en el dominio de lo infrahumano solo hay energías. Pero este “poder de ser”, obrar y causar y hacerse cargo de aquello que se hace desde un hijo hasta cualquier empresa humana solo es posible desde que el hombre puede acceder a ser si-mismo. Entramos ya en el territorio de la libertad que se une con la asunción hospitalaria de los otros en mí. Gabriel Marcel diría que somos en la medida estamos disponibles .Abiertos.

El verdadero poder estaría en acceder a nuestro sí-mismo cayendo, entonces, todos los velos del Ego y los fetiches e idolatrías.

Elogio de la nada

Estos conceptos que parecen antiguos los rescato porque la post-modernidad inaugura el elogio del vacío como forma de existir y así Alan Touraine en su libro  cuyo  título ya es toda una tesis “Podremos vivir juntos?” nos  dice :” …el elogio del vacío y el debilitamiento de las normas nos deja a la intemperie en el mundo actual”. Así surge la llamada era del vacío que va unida a la devaluación de la transmisión de la palabra, la caída de la letra como lectura y reflexión y a la entronización de la imagen como ejes de la vida. La apariencia aparece como lo central.

Recuerdo la anécdota que contaba Facundo Cabral a José Luis Borges sobre el cambio que había tenido en su adolescencia en el encuentro con el sacerdote jesuita Simón .Estando en una comisaria Simón lo empieza a ver ya que Cabral iba derecho hacia la autodestrucción a través de incipientes trastornos de conducta y lo primero que hace es traerle en letras de madera un alfabeto y se lo tira sobre la mesa y le dice que ahí está la salvación. Desde ahí le lee autores universales y el vacío se llena con letras, palabras, leyes de la existencia. Cabral cambia y se transforma en uno de los poetas populares más significativos hasta su muerte.

El vacío de ser lo llena Moisés bajando las tablas de la Ley desde el Sinaí cuando todo su pueblo adoraba los distintos becerros de oro, símil hoy de las distintas adicciones. El vacío está representado en la sinagoga pero con el libro de la Ley como plenitud frente a la falta y la ausencia.

Touraine nos dice que si seguimos elogiando el vacío quedamos a la “intemperie”. Estos, así, los encontraremos en los “nadies” ricos o pobres que vagan por las ciudades buscando su dosis de sustancias o de objetos .Los que apuestan a la magia de la apuesta o tratan de comprar una alucinación con un “dealers” o “transa” que le venda algo que “pegue bien”.

Esta devaluación y también la denigración de la letra y la palabra van unido a una idolatría de la libertad que en realidad es solo libertad de maniobra.

Nietzsche nos enseñaba cuando nos decía: “…No te pregunto de que eres libre, te pregunto para que eres libre”.  El “para que”, en muchos de nosotros, parece haberse perdido. No hay pregunta, tema fundamental en nuestras vidas, ya que si no nos interrogamos no pensamos. La pregunta por la libertad que nos plantea Nietzsche es interrogarnos por el motivo por el cual hacemos lo que hacemos. Parece suceder que cuando no hacemos una pausa todo sucede muy rápido. No hay pensamiento. Perdemos entonces nuestra subjetividad y también la libertad.

De esta forma la velocidad que suplanta al pensamiento nos torna más manipulable. Somos dirigidos y no podemos, ya dirigir nuestras vidas.

En Nietzche la Voluntad de Poder parece ser el fundamento último de la realidad, y todo lo demás se subordina a ella. En F.Dostoievski (Leyenda del Gran Inquisidor) el Amor es contrario al Poder.

Hoy podemos decir, siguiendo a Mandrioni, que a través del predominio casi exclusivo del Hombre Técnico el Poder está contra el Amor. Los “fetiches imaginarios” toman el lugar prevalente en las relaciones humanas (drogas, relaciones furtivas y poco comprometidas, juego, ascenso social a cualquier costa, el delito como forma de adquirir más fetiches, los hijos como objeto o vividos con indiferencia, etc.).

Así va muriendo el Amor y con ello toda corriente de hospitalidad y de acogida del Otro. El narcisismo se enseñorea al lado de la Voluntad de poder que queda centrada en el espíritu tecnológico y comunicacional.

El Espíritu técnico culmina en una hegemonía de las tecnocracias, de los tecnócratas y del marketing con sus escaparates publicitarios y góndolas de las buenas noticias y entonces, éste, se transforma en modelos de vida y de usos.

El tiempo del “Hombre técnico”

El filósofo argentino Mandrioni menciona al hombre actual como un símbolo paradigmático del mundo tecnológico o sea la   vida centrada en la técnica; así surgía, el llamado por él, y por otros filósofos que siguen la corriente existencial, el “hombre técnico”. El vacío bordeando la nada signado todo esto por la angustia es una nota característica de este modelo social de hoy.

Este hombre de hoy, según Mandrioni, vive en un triple olvido: a) del misterio, b) de la culpa, c) de la muerte.

El olvido del misterio lo lleva a identificar el todo de la realidad con el trozo visible, calculable y manejable de la realidad. A su vez el olvido de la muerte le permite arrojarse al torbellino de los negocios y concebir y vivir lo “perecedero como lo más serio de la existencia”. El olvido de la culpa “le vela la razón última de la condición humana”; ahí aparece el tema de la responsabilidad, la Ley y la falta.

El desconocimiento de la palabra como mensajera de los otros en nuestras vidas es fundamental en este tipo de hombre centrada en la técnica; el ídolo y los fetiches son los que transforman el vacío-agujero con muletas imaginarias necesarias frente a la zozobra del vivir (drogas, juego, pornografía, etc.). El narcisismo con sus emblemas es su refugio.

A través de las drogas interrumpe el contacto con otros y el Otro (lugar del Lenguaje). Ya éste deja de ser la referencia y lo empieza a ser el Ego excluyendo todo lo otro .Es el Todo del lenguaje. Es el Único. Las drogas nos hacen creer que es posible vivir sin testigos; acá tendríamos que recordar a J.P.Sartre cuando dice: “…sin testigos nos evaporamos”.

Las drogas se colocan en el lugar de la inmediatez; cuando la vida en realidad es mediación a través de los otros y el Lenguaje.

Así se queda sin descubrir la realidad. El descubrimiento de la realidad implica la caída del Ego que es la salida hacia lo que Ortega llama el proyecto, la misión y la vocación en lo humano. Esta confrontación con el sí-mismo, según Mandrioni, necesita para efectivizarse (siguiendo a los griegos) una Metanoia o Conversión que siguiendo el pensamiento de este filósofo sería un cambio en la mente y en el corazón.

Manipulados

La caída de la palabra en nuestro escenario social y la entronización de la imagen con las distintas manipulaciones del marketing comercial, político, de la opinión pública van generando un conjunto grande de seres humanos atados al presente .Miramos más hacia afuera como estuviéramos en   una especie de shopping con diversas góndolas que atraen nuestros sentidos. Nos quedamos sin poder mirar para adentro. Lo que miramos ya nos dirige. Pasamos, entonces, a no tener convicciones firmes y de esto a la maleabilidad y la manipulación de los otros hacia mí y de mi a los otros hay un paso.

Hay distintos escenarios que se dan junto a esta devaluación de los valores y de las palabras como es la vigencia de la cultura dineraria en donde la moneda ocupa un lugar central desplazando otros vínculos. De la misma manera el culto al presente y el olvido del futuro tiene mucho que ver con los vínculos afectivos que son frágiles, etéreos con un gran miedo al compromiso y que lleva a multitud de hijos solos, madres solas y hombres solos y apenados así como resentidos.

Las variadas depresiones con las huidas al alcohol, los trastornos de conducta con la búsqueda de estimulantes variados, las distintas “aceleraciones” de la vida que llevan al “stress” necesitan el encuentro con la palabra o sea con una pausa que nos ayude a pensar. Puede ser un terapeuta, una comunidad terapéutica, un religioso como en el caso de Cabral, un amor que nos convoque a algo diferente, una causa humana que nos alimente; pero siempre otro y otros a quienes podamos escuchar y del cual podamos aprender. Se inaugurará, así, un tiempo que destierre al del solo presente y que prometa un futuro.


 

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