Drogas y pérdidas

“Familiares caídos en Adicciones; solicitamos que las autoridades erradiquen de las calles los problemas de drogas“ Grupo de padres Uruguay.

Este Facebook desesperado que me mandó una madre uruguaya, que forma parte de una organización de pedido de ayuda, muestra el estado de crisis que vive el pueblo de ese país luego del “experimento social” de la legalización de marihuana aplaudido por la “progresía” vernácula. Hoy es el primer país en el consumo de esta droga y de la cocaína y hay dos comercios en desarrollo el legal (promovido por el propio Estado) y el ilegal en aumento. El consumidor para comprar debe inscribirse en un registro nacional. Pero muchos ciudadanos prefieren no dejar sus datos registrados ya que no confían en la utilización que podría darles el Gobierno en el futuro.

Un cuestionario propuesto por las autoridades para situar el contexto socio – profesional de la desconfianza ha quedado patente estos años entre los autocultivadores, ya que solo unos 6.600 están registrados y las asociaciones calculan que existen 50.000 en todo el país. Según un estudio académico, el 75% de los consumidores regulares de marihuana se abastecen en el mercado negro.

Donde hay drogas hay pérdidas. Lo supuestamente “valioso” se transforma en marca de muerte. Perdidas en un doble sentido; por un lado los muertos que surgen de la lucha por el control territorial de las plantaciones y la distribución y los que la que quieren combatir y por otro los que al consumir van muriendo, quedando con distintas discapacidades, hijos abandonados, abusos de todo tipo emocional y sexual por el consumo de estupefacientes.

Quiero mostrar la falacia de mostrar solo el lado paradisíaco del consumo de drogas escondiendo bajo la alfombra los “males sociales” que trae y viendo en la legalización una salida correctora al verdadero mal que es el considerado el de la “guerra a las drogas”.

Nunca vi tal “guerra a las drogas” o quizás el combate fue una parafernalia de dominio político de uno y otro lado pero no una verdadera lucha cultural preventiva y asistencial para la conciencia de la comunidad en la protección de la salud. O sea detrás de la falacia de la Guerra a las drogas se esconden las intenciones políticas de los dos bandos y se escamotea que nunca existió salvo en algunos países (Argentina) y por poco tiempo un verdadero combate cultural frente al avance del narcotráfico en la toma de los barrios con una estrategia de marketing y publicidad promoviendo la banalidad del daño de las drogas para así  tratar de captar amplios sectores de la población.

El control territorial de las plantaciones encubre la plusvalía para un dominio político .El dinero no va solo a cuentas suizas o a paraísos fiscales sino que es un alimento a movimientos territoriales de distintos países para determinados objetivos políticos.

Valga el ejemplo colombiano en donde una de las organizaciones de producción y distribución para el mundo reconoce 220.000 personas asesinadas, 25.007 desaparecidas, 5.712.506 desplazados, 16.340 asesinatos selectivos, 27.003 secuestrados, 1754 víctimas de violencia sexual y 6241 casos de reclutamiento forzado y miles de colombianos expuestos al pago de impuestos extorsivos a las organizaciones delictivas para conservar sus vidas (Centro Nacional de la Memoria Histórica Colombiana). Estas muertes y acciones delictivas son por el control del Estado o para transformarlo en Estado Fallido o sea inexistente y corrompible como una “mascarada” de lo que debería ser.

Las drogas encubren la dominación de los pueblos. Hoy sabemos por la experiencia latinoamericana que la producción de drogas significa dominio político. China con su Guerra del Opio fue un ejemplo de eso a través del comercio y los aventureros ingleses de la Corona Británica en ese momento. Millones de chinos cautivados por el opio y entonces el dominio territorial se hizo posible. Hoy los tiempos han cambiado pero el barniz ideológico no encubre la verdadera intención de dominación de los pueblos.

Las muertes negadas

 

Por otro lado, se niegan las muertes que ocasiona el consumo de drogas y las discapacidades que ocasiona. El deterioro social y cultural que promueven. Las vidas que se malogran y se deterioran. Nuestras cárceles están llenas de personas que tuvieron un consumo dependiente de sustancias y cometieron delitos. Estos son muertos en vida. Hay hospitales enteros llenos de consumidores que solo tienen el beneficio de una desintoxicación de como máximo 72 horas y no un tratamiento. Viejos ya a los 40 años y seniles cerebralmente que “lucen” cansados de la vida llevando una mochila de fracasos familiares y sociales luego de un consumo voraz de cocaína rondando de clínica en clínica. Accidentes cerebrovasculares en gente joven. Diabetes e infartos en adolescentes. Familias enteras de consumidores. Muerte pura.

La sociedad ofrece como tratamiento algo similar a una “tintorería” o “chapa y pintura pero no motor”; símbolos éstos del desprecio que tenemos para ofrecerle al ciudadano con una enfermedad una investigación de las causas que lo llevaron a esto y una posibilidad de rescate de una enfermedad.

El problema de las drogas se ha transformado en un problema jurídico y no humano. O en un problema militar y no humano. Entonces poco se hace para la creación de centenares de centros de recuperación o en un Plan Maestro de tipo preventivo para Padres y Familias en todo el país. Incluso en nuestro país todavía está prohibido habilitar nuevos centros por disposiciones de la anterior administración que la actual pospuso hasta el 2020. Absurdo lo que sucede: en plena epidemia no es posible abrir nuevos centros.

Historia de muerte y resurrección

La “resurrección” es un término que aplico para mostrar la verdadera “reanimación” que produce un tratamiento cuando se trata de revivir a alguien que busca su muerte.

Nosotros en Gradiva festejamos los años de no consumo de un paciente luego de su recuperación. Esta es la historia de un muchacho y su familia que conocí en 2008 y que nos reconcilia con la vida profesional y con nuestra misión humana y vocación. Me volví a conectar con él hace unos días y la alegría del re-encuentro con su familia la quiero transmitir. Historias de este tipo no salen a la consideración pública o sea el padecimiento de miles que anestesian sus dolores con drogas pero que pueden ser rescatados.

Sebastián pierde a un ser querido en circunstancias trágicas (se ahorcó). Típico joven del conurbano “domado “por el paco y los combos de sexo y delito que trae esta enfermedad. El hermano mayor, compañero de andanzas y afectos. Fue su modelo afectivo y humano y también, porque no decirlo, por la forma de ser. Fue todo muy súbito y esto le agrega a la pérdida un duelo mucho más difícil de asumir. El hermano consumía drogas con él. Sebastián llegó ser sentirse culpable y se decía a sí mismo: ¿Cómo no me di cuenta que estaba mal?.

Cuando lo conozco, la vida de Sebastián pendía de un hilo. Todo el día consumiendo drogas y su familia no podía parar esta verdadera carrera hacia la auto-destrucción. Ni siquiera podía usar zapatos con cordones porque quería colgarse como el hermano y ahorcarse. No solo Sebastián se estaba consumiendo; su madre vivía el dolor diariamente, su padre encontró en padres que habían tenido hijos prontamente desaparecidos un consuelo y una fortaleza. Al abuelo paterno se lo llevó la pena y falleció al poco tiempo.

El tratamiento lo diseñamos para ayudar a todos. Duro dos años porque la melancolía inundaba a la familia .Hoy están libres y producen vida en la sociedad. Por otra parte, el hermano de Sebastián había dejado a dos hijos y nuestro paciente tenía una hija. Los sobrinos y la hija se convirtieron en un motor de recuperación luego de la primera etapa de desintoxicación. La función de tío y padre sustituto le dió un vigor muy necesario para su recuperación .Los abuelos también tuvieron un “plus” de vida en la atención, orientación y educación de los nietos.

Un duelo como adaptación emocional a una pérdida significativa lleva mucho tiempo teniendo muchas etapas hasta su aceptación última. Si no hay aceptación el duelo se transforma en patológico y nos trastorna todos los días nuestra vida y compromete nuestro futuro. Nos quedamos sin porvenir.

Las drogas fueron en Sebastián una forma de huida del dolor y de narcotizar sus sufrimientos. Pero además toda su familia recuperó un proyecto de vida en donde el dolor pudo ser superado y la figura de los nietos fue una salida posible. Un muerto velado y llorado en un tratamiento quedó como testigo de lo que significó la entrada de las drogas en esta familia. De estos muertos no se habla. Legalizar las sustancias como salida no solucionan estos problemas .Las drogas dañan aunque generen en su plusvalía dominio político a costa de vidas humanas.

Dr. Juan Alberto Yaría

Director de GRADIVA y Miembro del OPRENAR.


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