La educación como eje para la prevención de las adicciones

 

Nuestra sociedad, nuestras comunidades, están profundamente afectadas por el fenómeno de la droga y sus consecuencias.

Para muchos éste es hoy uno de esos problemas que resulta de difícil comprensión.

Nos preguntamos: ¿por qué se droga la gente? Está tan claro que drogarse tiene implicancias nefastas en la vida de las personas, que resulta realmente un verdadero desafío poder dar respuesta a esta pregunta.

El interrogante que sigue es ¿por qué son los jóvenes los más afectados por este mal? La juventud es la época de los proyectos, de construir el futuro, de soñar, de gozar de la libertad, de compartir.

Sin embargo, la droga. La droga que esclaviza, que hace a las personas dependientes de una sustancia que altera sus comportamientos y su libertad, y que muchas veces lleva a la marginalidad y al delito.

Los distintos ámbitos sociales manifiestan insistentemente su preocupación por esta cuestión y se estimula a las sociedades en el mundo entero a dar una respuesta fuerte y decidida para preservar la dignidad de la persona humana, alejándola de la degradación a la que lleva la drogadependencia.

La educación y la prevención son dos elementos centrales en toda iniciativa que tenga por objetivo desarrollar programas concretos y efectivos en la lucha contra la dependencia que genera la droga. Los jóvenes necesitan respuestas urgentes para enfrentar las dificultades que la vida les plantea.

Se debe apuntar a lograr un mejor conocimiento, más específico de las respectivas realidades y poder ayudar así a instrumentar políticas definidas para atender sus problemáticas. El problema de las drogas no es solo un tema sanitario. Es una enfermedad bio-psico-social-espiritual, como lo define la ley 26586, que crea un Programa Nacional de Educación y Prevención sobre las Adicciones y el Consumo Indebido de drogas.

Casi a diario recibimos noticias que nos muestran la magnitud del problema que plantea la drogadependencia.

En ese marco se podrían agregar numerosas estadísticas para dar una idea objetiva de las características alarmantes de la evolución del consumo. Pero a modo de síntesis podemos decir que en los últimos siete años creció un 150 % el consumo de marihuana, según datos recientes del Observatorio Argentino de Drogas, y que trabajos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA indican que tres de cada diez jóvenes probaron alguna vez droga “ilegal”. En el 60% de los casos, estas drogas son consumidas con alcohol al mismo  tiempo. Por otro lado, el consumo de alcohol entre jóvenes de 15 a 25 años supera el 80 %. A ello contribuye la creciente “tolerancia social” y el consecuente cambio en la percepción del riesgo, que llevan a una “naturalización” y “banalización” del consumo.

Estos datos nos presentan una situación verdaderamente preocupante: cada vez hay un mayor consumo de drogas y alcohol y se comienza a edades cada vez más tempranas. Estamos ante una verdadera emergencia social que afecta fundamentalmente a jóvenes y adolescentes.

Volvemos a la pregunta que nos hacíamos al comienzo: ¿Por qué la gente se droga? Para responderla se acude muchas veces a simplificaciones que de ninguna manera explican el fenómeno. Ni la disponibilidad de sustancias –que, obviamente, facilita el consumo– ni el “gran negocio de los mercaderes de la muerte”, como los calificara el papa Francisco, son capaces de dar una respuesta clara sobre el por qué una persona decide drogarse, porque siempre es el individuo, con su libertad, con su realidad, con su propia vida, el que decide  en última instancia “entrar” en esa cultura de la muerte a la que conduce la droga.

La primera causa que empuja a los jóvenes y adultos a la perniciosa experiencia de la droga es la falta de claras y convincentes motivaciones de vida. En los emprendimientos sociales de la Iglesia constatamos siempre que cuando a los chicos se les ofrecen espacios que ayuden a dar verdadero sentido a sus vidas, no se drogan, y son capaces de aceptar el esfuerzo y el sacrificio como parte de un proceso de crecimiento que los llevará a disfrutar de una vida digna en libertad.

Como se señalaba en el Congreso “Solidarios por la Vida”, realizado en 1997 en el Vaticano a instancias del hoy San Juan Pablo II, “la droga no es como un rayo que cae en una noche luminosa y estrellada. Quien recurre a la droga lo hace porque en su vida se fue formando una noche tormentosa”.

En este contexto y en el marco de una sociedad que promociona las recetas mágicas, el escapismo, las soluciones fáciles e inmediatas, la droga es un rayo que cae en una noche tormentosa y seguramente causará daño, a menos que se esté adecuadamente preparado para no caer bajo su trágica influencia.

La educación adquiere así un carácter relevante. La mencionada ley 26586 expresa: “Toda persona tiene derecho a formarse para tener una vida digna vivida en libertad y es en la familia y en el ámbito educativo donde se deben promover los valores, actitudes y  hábitos de vida que permitan desarrollar una verdadera educación para la salud y la vida”.

En el mismo sentido, en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en  2013, el papa Francisco expresó: “Es preciso afrontar los problemas que están en la base del uso de drogas promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida en común, acompañando a los necesitados y dando esperanza en el futuro”.

Es evidente que el actual contexto social y la naturalización y banalización del consumo nos han llevado a una situación que debe ser enfrentada con el compromiso de toda la sociedad y que son la familia y el ámbito educativo los espacios privilegiados para desarrollar una fuerte y efectiva acción para actuar sobre la demanda de drogas y crear en nuestros chicos la seguridad de que es posible vivir una vida digna en libertad, lejos de la esclavitud de las drogas.

 


Lic. Horacio Reyser – Coordinador de la Comisión de Prevención Educativa

Un pensamiento en “La educación como eje para la prevención de las adicciones

  1. No todo el mundo tiene la capacidad de afrontar las dificultades de la vida, algunas personas carecen de la fortaleza necesaria y frente a momentos de dolor o adversidad, no encuentran otro medio que las adicciones de algún tipo, las drogas, el alcohol, o muchas otras, son utilizadas como un vehículo para escapar de la realidad, creyendo erróneamente que esa es una manera eficaz de conseguirlo, causando en realidad un problema mayor para si mismas y para su entorno.

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