Fiestas y “Diluvios” Personales

 

“Debemos evaluar cada año de acuerdo a lo que hemos podido amar, aceptar y perdonar” Mamerto Menapace-Monje benedictino

 

El maestro espiritual Mamerto Menapace nos enseña también a los terapeutas. En la vida y en nuestros consultorios nuestros pacientes nos demandan por balances negativos o por balances que no pueden hacer pero que se muestran en síntomas habitualmente melancólicos. Si logramos una buena integración de la personalidad y tenemos un grupo que nos rodea y acompaña en el sendero de la vida el balance cuando no es tan positivo se puede trocar en una depresión que nos puede hacer crecer y que permitirá un aprendizaje porque para cambiar, en muchas circunstancias habrá que pasar por el desfiladero de la depresión. Si estamos solos y con una integración personal debilitada o con una cierta inmadurez emocional y sin un grupo que nos sostenga aparecen, habitualmente, conductas autodestructivas que se muestran con distintas facetas en los consultorios y son mucho más dañinas. La depresión puede ayudar a un desarrollo personal mientras que la melancolía ya nos distancia de la realidad y puede acercarnos a conductas claramente suicidas.

¿Qué nos pasa en los fines de año? ; Los teléfonos suenan, las consultas se agolpan. Nos llaman empresarios exitosos en lo económico y desbordados en lo espiritual, el agente de bolsa que a pesar de haber ganado un 50% este año los “polvos cocaínicos” con el “combo” del sexo lo fueron demoliendo, me llama el recolector callejero perdido entre vahos de alcohol, el que carga y descarga camiones y que necesita el estimulante para trabajar o manejar. El mozo de bar que no puede superar la compulsión de consumir los “taquitos de las botellas de alcohol” que dejan los clientes. Una madre sola que llora por un hijo que se pierde en las villas buscando drogas y que parece ser la historia de muchos deprivados de padre de hoy. La enfermera que no puede sostenerse sin auxilios químicos o el médico en las guardias o en las salas de cirugía. El policía que es traído por un buen compañero o el militar que sus superiores lo quieren cuidar. El militante que en su euforia y violencia reconoce su adicción. Todos…todos parecen estar cautivos de un vértigo que ha hecho que se abandonaran y estén, casi, en las puertas del suicidio.

La cocaína parece reinar o su sucedáneo el Paco en capas más periféricas. La excitación y una euforia artificial son lo buscado especialmente cuando estos “antidepresivos tóxicos” tratan de calmar dolores, depresiones, balances no realizados o en donde la culpa inunda la mente, el corazón y el espíritu. Dolores, urgencias psiquiátricas y tóxicas. El Tiempo parece acelerarse. El alcohol acompaña estos escenarios en donde el abuso está a flor de piel.

Parece llegar en estos momentos de “balances vitales” un “diluvio” universal como lo bíblico narra. Las personas también tienen sus diluvios en donde la angustia los devora. Cuando Dios nos dice la Tradición observa que el mal en las acciones humanas es grande decreta el diluvio con una “nave salvadora” en donde Noé como elegido con los suyos se salva. Los estudiosos de la Biblia nos dicen que el orden social y las figuras de la libertad y sus efectos nacen ahí en la historia del Hombre. La superación del caos es el Origen narrado al principio de los Tiempos en donde los días (7) marcan un inicio y Adán y Eva una historia del conocimiento y de la transgresión   pero la nave de Noé trata de explicar la salvación luego de los horrores del asesinato de Caín y los males que se habían desarrollado. Los fines de año parecen ser “épocas diluvianas” en donde los nombres ahora no son bíblicos pero sí parecen  abrevar en el drama de la libertad humana alienada en alcoholes, drogas, sexo promiscuo, juegos, abusos, violencia. Detrás de estos narcóticos y excesos parecen haber balances no realizados ni llantos expresados.

La Armadura Oxidada

Hace años un paciente se acerca a mí en un fin de año luego que hace una carta de despedida a un familiar. Despedida melancólica que anunciaba un suicidio. La carta era un pedido de ayuda. Entrevisto a todo el grupo familiar y convenzo a Oscar (así se llamaba) que tenía que hacer un tratamiento residencial en la comunidad terapéutica. En momentos de intoxicación alcohólica y de drogas se cortaba y temía tirarse de un piso alto en donde vivía. Siempre lo recuerdo y todos los fines de año me saluda. Es como el encuentro de dos amigos. Luchamos juntos. Siempre recuerda un libro que le regale para que lo lea en momentos de abstinencia y en donde todavía no había un compromiso con el tratamiento. Se llamaba “El caballero de la armadura oxidada” (Robert Fisher). En realidad este texto narraba la historia de él y quizás de muchos pacientes. Durante la vida el personaje de Fisher fue desarrollando una barrera en la comunicación que era una armadura. Es la historia de un caballero medioeval que lucha, lucha pero que no se conecta con los suyos. Queda solo. Su mujer e hijo lo abandonan. Oscar se había fabricado su propio diluvio y yo le ofrecí una simbólica un arca de Noé (la comunidad terapéutica) para salir de su situación riesgosa.

Es el tema del hombre de hoy “blindado” ya no en las armaduras medioevales sino en la técnica, los wapps, los Facebook, el trabajo adictivo, las drogas, el alcohol, el sexo compulsivo sin experiencia del amor leal y fiel, el juego compulsivo. Los japoneses hoy hablan del “hikikimori” que es el encierro de los adolescentes dentro de habitaciones hiperconectadas a través de la tecnología. Para existir hoy parecería que hay que estar conectado a una red de contactos virtuales. Estar desconectado es un índice de no existencia. Pero cuesta estar solo con nuestro sí mismo que es nuestro principal capital. Y Oscar así quedó solo, pero patológicamente, que es el drama de las patologías severas y ahí las psicosis y las adicciones se dan la mano. El autismo tóxico o delirante en la habitación o el “yirar” por la ciudad como un “nadie” son una Ley.

El personaje del libro es la historia de aquel que no podría superar las barreras de contacto con el otro y con su sí mismo (sin empatía y autoconocimiento) es difícil conseguir salud mental. El mago Merlin lleva al caballero de la armadura por varios estadios que llama el Sendero de la Verdad hasta que llega a sentir. Necesita llorar para lograr un cambio, pasar por el castillo de la Soledad para conocerse, luego por el Conocimiento y por fin llegar a la Osadía y a la Voluntad para seguir hasta alcanzar la cima de la Verdad.

Para llegar a que caigan las “armaduras “se necesita tiempo ya que le dicen “no se puede aprender y correr a la vez y cuando nos ponemos en situación de alumnos aparece el Maestro”.

El maestro espiritual Mamerto Menapace nos enseña que para aprender cosas nuevas debemos desafiar nuestros Egos y nuestros apegos y no debemos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso ya que son solo instancias del aprendizaje humano. Esta es una tarea de la comunidad terapéutica con nuestros pacientes.


 Dr. Juan Alberto Yaria

Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR

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