Mentales y Adictos Severos “a la calle”

 

Varias ambulancias recorren centros con pacientes graves, suplican los padres y las autoridades serias de las Obras Sociales un lugar de asistencia.

Esto me ha tocado vivirlo. Nadie los quiere, son patologías severas y se las trata con desdén y abandono social y político. Tienen la suerte esos pacientes de tener una Obra Social que les proporciona una ambulancia con un enfermero especializado, un médico y un familiar que se preocupa.

La escasez de centros para patologías severas adictivas es notable. Además de no recibirlos, en muchos casos abandonarlos a su suerte, en otras circunstancias solo se hace una desintoxicación muy superficial y los problemas de fondo del paciente culminan en volver a consumir a las pocas horas. La Argentina en el tema de drogas está armando “lavaderos y tintorerías”. La calle es el destino. Son los nuevos “homeless” de nuestros centros urbanos siendo la cárcel, el cementerio o el deterioro progresivo (“demenciación”) el destino de no frenarse estas conductas. Pero los muertos y los presos no hablan. Son los nuevos “nadies”.

En el tema de drogas no andamos bien. Desde hace varios años se han abandonado políticas que todo país debe tener para enfrentar una oferta indiscriminada de sustancias (incluimos el alcohol). Paso a paso en estos últimos años se fue desarticulando todo un sistema preventivo y de atención precoz de las adicciones. Escuelas sin programas preventivos, familias sin orientación en temas que hacen a la salud de sus hijos, banalización de los daños del consumo y especialmente en la población adolescente, no apertura de centros de tratamiento, impedimentos legales para abrir nuevos institutos de recuperación desde el año 2010 hasta la actualidad. Todo esto lleva a que los más afectados queden realmente en LA CALLE.

Esta situación actual de la Argentina recuerda lo sucedido en Nueva York en la década del 90 en donde miles de pacientes vagaban como “homeless” en las calles y un gran Director de Salud Mental que hizo historia en la psiquiatría mundial como el Dr. Luis Rojas Marcos enfrentó una inadecuada aplicación de la política de “desmanicomialización” y creó el Proyecto Ayuda (Project HELP) que era un servicio médico móvil para atender y hospitalizar a enfermos mentales graves muchos de ellos desamparados y sin techo. Se encontró con patologías crónicas y con enfermedades médicas infectocontagiosas de todo tipo. Rescató a esta ciudad de una medida extrema cuando se cerraron centros de atención psiquiátrica de patologías severas. En 1955 los psiquiátricos de U.S.A. albergaban 550.000 pacientes y en los 80′ eran 150.000 y sin servicios de salud mental en las comunidades. Como consecuencia de esto, miles de enfermos mentales vivían en las calles, bajo los puentes y en los túneles de los subtes de las ciudades y sin recibir cuidados médicos necesarios.

 

Los “Nadies” en las calles

 

El Estudio de la Asociación de Homeless americanos mostró que un mal diseño de la llamada desmanicomialización como lo era confundir a toda institución con un manicomio y desterrando la idea de centros psiquiátricos especializados (como hay en todo el mundo y en todas las especialidades) llevó a que aumentarán la falta de atención psiquiátrica con pacientes vagando por las calles y aumentando al mismo tiempo los encarcelamientos y la muerte de los mismos. Las patologías severas quedaban así afuera. Se implementó el programa AOT (tratamiento ambulatorio asistido) para aquellos pacientes con riesgo para sí y terceros con participación de un Tribunal Civil que permite un seguimiento y la toma de decisiones médicas.

El punto crítico de un programa de Salud Mental es la población más vulnerable: los pacientes severos. En la Argentina esto parece difícil de entender y una gran parte de ellos no reciben tratamiento.

Aquellos que están en estado de intoxicación con patologías orgánicas propias de conductas adictivas (pérdida de reconocimiento de la realidad, falta de conciencia, perdida de la noción de consecuencias de sus acciones) tienen un doble riesgo ; por un lado la escasez de centros de atención de patologías severas y por otro una mala lectura de la Ley de Salud Mental que hace que al paciente que no tiene noción de realidad se le pregunte si quiere tratarse y este le dice que no y vuelve entonces   al ruedo de las adicciones. En otros casos en una guardia se le da algún tranquilizante, un suero y a los dos días vuelve nuevamente al circuito de narcosis. Triste situación la argentina.

La calle es el destino. Aumentan los homeless con “tetrabrik” o con paco o en departamentos tipo aguantadero VIP con consumo. Así vamos cosechando demenciados precoces. Se fue consolidando un verdadero circuito que alimentó la epidemia y la pandemia (epidemia ya descontrolada en algunos centros urbanos). Todo esto sucedió paralelamente a la introducción en todo el país de cadenas de venta, distribución y comercialización de estupefacientes que van desde los barrios marginales, los circuitos VIP y las zonas más ricas en soja y petróleo del país (basta ver el mapa de las riquezas argentinas para seguir las rutas de la venta de estupefacientes).

Hay intentos actualmente de revertir esta situación. El apagón estadístico que hemos tenido desde el 2010 hasta hace pocos meses fue grave. 7 años sin datos de la epidemia que nos asolaba deja ya un tendal de personas afectadas enorme. Los datos que hoy da a conocer la SEDRONAR son desoladores. La población más castigada ha sido la franja de 12-17 años de edad en donde aumentó el consumo de marihuana en un 150%, de cocaína el 200%, de éxtasis el 200%. Los porcentajes de aumento han sido notables y lo vemos diariamente en las calles y en las familias. La población afectada que no consulta llega a un 60% o sea que tenemos una franja de pacientes que ni siquiera sabe que necesita acudir a consulta. Esto significa un fracaso por ende de todo el mecanismo preventivo que en última instancia implica fomentar la detección precoz.

En todo país hay 4 franjas de afectados: A) Los que están en tratamiento por su adicción; B) los que no están en tratamiento a pesar de su adicción; C) los que tienen un uso problemático en donde es menester que el Estado y las organizaciones sociales fomenten intervenciones tempranas con campañas de información e intervenciones precoces; D) los que no tienen uso de sustancias o poco uso a los cuales se llega con programa de prevención.

Para optimizar estas actuaciones se necesita un programa basado en tres pilares: 1) educación para la salud centradas en una cultura preventiva desde las escuelas, familias, organizaciones culturales, medios de comunicación, etc.; 2) un sistema de salud que en todos los territorios tenga una red de cuidados de acuerdo a la gravedad de las patologías (centros de desintoxicación, comunidades terapéuticas, centros psiquiátricos, etc.); 3) un sistema judicial que acompañe los distintos eventos que tiene la epidemia en cada comunidad.

 

Hipotecando Jóvenes

 

Los más dañados han sido los jóvenes e incluso aparece otro fenómeno epidemiológico de alto alcance como lo es el consumo dentro de cada familia (hermanos, padres e hijos). Hoy se considera a la droga-dependencia como una enfermedad del desarrollo ya que afecta dos circuitos muy claros: a. el desarrollo psicológico en una edad critica como es la adolescencia en la consolidación de la identidad; b. el desarrollo del sistema nervioso que en estas edades es de una gran inmadurez.  No olvidemos que el desarrollo del cerebro recién culmina a los 25 años y que en la pubertad y adolescencia los sistemas de control cortical están inmaduros y solo los sistemas emocionales e instintivos están muy activos. Consumir drogas y alcohol en estas edades compromete el futuro de un joven y el riesgo de contraer una adicción es mucho mayor. Tanto es así que hoy se piensa que la adicción es una enfermedad tratable del cerebro y de la mente en la medida que se comprenda los mecanismos químicos, eléctricos e intersubjetivos que están implicados. Hablar de alteraciones cerebrales es también ver solo un aspecto del problema (aunque muy importante) ya que es necesariamente un joven abandonado por la propia sociedad que no lo protegió adecuadamente en la escuela y en todas las instituciones y súper-estimulado por un contexto perverso de oferta de sustancias que dañan la salud pública.

El joven va comprometiendo todo su sistema motivacional y la toma de decisiones ya que las áreas afectadas tocan zonas superiores de control y de las emociones embargando las motivaciones que tienen que ver con el sexo, el deporte y todas las actividades que tienen que ver con la vida misma para quedar solo aquellas que buscan el consumo y los grupos que están cerca de estas actividades. Algo cambia en la actividad del sistema cerebral ya que la persona va quedando vulnerable a personas, lugares , situaciones que remitan al consumo y a los ambientes adictivos con todas sus parafernalias típicas y fundamentalmente con un manejo del stress muy bajo lo cual lo hace muy susceptible a cualquier situación. Esto fomenta de continuar el consumo la liberación de los automatismos cerebrales(cerebro automático) y la detención de todas las estructuras responsables de los procesamientos mentales y de las consecuencias de las acciones. El cerebro automático no es verbal, no responde a la lógica y a la razón.

Así hoy se dice que el cerebro tiene un sistema1. que es automático, reflejo y rápido y un sistema2. que es consciente, reflexivo, requiere esfuerzo y está basado en reglas. La adicción lleva a una preminencia del sistema 1 sobre el sistema 2. y entonces así nos explicamos conductas autodestructivas y que no tienen en cuenta consecuencia de las acciones. En la evolución humana existe un equilibrio entre el sistema 1. Y el sistema 2. .El consumo de drogas altera este equilibrio. Se dice hoy en neurociencia que el cerebro es un sistema robusto pero frágil. Robusto para todo aquello que hace a la supervivencia de la especie y del individuo (formato natural de la vida) pero frágil para todas aquellas tareas para las cuales no fue preparado y el cerebro parece no estar preparado para metabolizar drogas y por eso se deteriora todo el funcionamiento de la conducta de las personas que consumen.

 

Enfrentar esta Tragedia Epidémica

 

Los datos que surgen de la clínica cotidiana en la atención así como las estadísticas de los últimos años abren un panorama de trabajo incesante con la movilización de todos los recursos de salud y de educación así como de los distintos sectores institucionales. Debemos y necesitamos desarticular esta idea de la banalización de los daños con recursos de detección precoz y con un trabajo preventivo escolar y familiar intenso. Implementar centros de atención en todas las provincias y permitir la habilitación de nuevos ya que la política de cierre de centros no condice con la realidad epidemiológica. Nuestro país ya asiste a una población endémicamente afectada con patologías secuelares al uso de drogas (psicosis, daños cerebrales, déficit para las habilidades para la vida, discapacidades varias, etc.). Siguiendo a Ortega y Gasset digamos…”argentinos, argentinos… a las cosas”.


Dr. Juan Alberto Yaria

Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR

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