¿Se perdieron los CEO´s?

 

“En el cerebro el gran “CEO” es el lóbulo frontal y la última adquisición de la civilización” (K.Goldberg-Eminente neurocientífico)

 

El CEO en las grandes organizaciones es el líder que enlaza, crea, organiza, negocia, concensua, confronta. Como Gerente General o Director Ejecutivo su mente preclara ejecuta líneas en el presente y diseña estrategias para el futuro de la organización y tiene una gran capacidad de asociatividad con el resto de la organización empresarial que dirige.

K.Goldberg llama al lóbulo frontal el CEO de nuestra organización mental y psicológica y si algo sabemos hoy es que las drogas lesionan todo el cerebro y fundamentalmente nos dejan sin nuestro CEO. Lo llama el “Director de orquesta”. Si el Director dirige de cualquier manera nos volvemos “locos” y todo desafina;  Así nos transformamos en “nadies” que vagan por el mundo.

Un joven llega a terapia no precisamente tocando el timbre (señal de que su conducta ha perdido la capacidad de liderar los impulsos más primitivos); una ambulancia presta trae con orden de Juez a alguien que luego de varios días de consumo se me presenta de la siguiente manera: “no comprende, ha perdido la parte central de su ser pero él no lo sabe, desapareció sin saberlo, no sufre ni lamenta su pérdida, es un ausente ante mí”. Así los describió Goldberg y el primer contacto ante mí me recuerda estas citas del gran psiquiatra .Tiene una enfermedad neurológica relacionada con el consumo inveterado de sustancias y que se llama anosognosia. Hay centenares así en las guardias de los hospitales todos los días en nuestro país que demandan ayuda pero no por si mismos sin que son traídos (jueces, policías, padres, amigos, delegados gremiales, etc.). Para llegar a esto se necesitan habitualmente varios años de consumo o un consumo intenso en poco tiempo.

Los padres se acercan a mí. No entienden tanta “locura” y me mencionan la disociación entre un joven treintañero, estudiante universitario y empresario que con la sobreexposición a las drogas en pocos años terminó vendiendo sustancias y al final robando gomas de auto. Lo que él no entendía a mí me parecía una consecuencia clara de haberse usurpado funciones cerebrales y psíquicas necesarias para la supervivencia y de una fragilidad absoluta cuando se la ataca como es la función cerebral.

Las familias de estos pacientes pasan por distintas instancias que van desde sentimientos de culpa , permisividad ligada a una “billetera fácil “, negligencias , faltas de orientación sobre el problema de las drogas, abandonos tempranos , padres ausentes , etc. En suma las dificultades de las vida que no se pudieron manejar de otra manera. La familia ha perdido peso en la post-modernidad y los límites y la cercanía afectiva fallan y máxime en la Generación Q (química) que nos rodea y la Generación Y (tecnológica) que nos invade. Mucha química y aparatos y poca palabra y eso con cocaína y Paco con marihuana más alcohol generan estos cuadros tan actuales de tantos pacientes en crisis.

 

El lóbulo frontal

 

El cerebro es dependiente del ambiente o sea somos cerebro-dependiente ambiental. El ambiente son los afectos, la cultura que nos rodea , la escuela y la educación que nos protege o nos condena , el amor familiar que es la gran vacuna , la oferta inveterada de sustancias sin políticas preventivas (tan actual esto hoy). El frontal se hace con palabras porque es el último logro de la civilización pero al mismo tiempo la civilización hace al lóbulo frontal con todas sus estructuras de transmisión cultural.

El lóbulo frontal es la evolución superior de la escala filogenética (de la especie) y de nuestro desarrollo individual y ocupa el tercio del cerebro (29%) superando a nuestro antecesor chimpancé que tiene el 17%. Ahí se concentra lo superior del pensamiento abstracto, el control de impulsos y la conducta, la memoria de trabajo, la capacidad de planificación y enlaza todas las funciones del cerebro, ideación a largo plazo y por último la cognición social (la empatía que nos lleva a comprender al otro y a leernos a nosotros mismos).

Todo se conjuga con la conducta moral y es por eso que muchas conductas de nuestros pacientes culminan en actividades delictivas. No son psicópatas antisociales sino defrontalizados con conductas antisociales. Un ser humano sin estas funciones superiores se convierte en un “nadie” y por ello nuestros pacientes pueden culminar en una vida promiscua, con atentados contra sí u otros. Las drogas vienen hoy en un “combo”.

Los conocimientos de las funciones del Lóbulo Frontal se deben al gran científico ruso Alexander Luria (1902-1977) ya que hasta él se consideraba que no tenía ninguna función específica. Goldberg fue discípulo de él en Rusia pero como no aceptó inscribirse en el Partido Comunista escapó hasta U.S.A y hoy es uno de los grandes de la neuropsiquiatría.

Desde los 90, en el campo de las adicciones, se observa el daño cerebral de las drogas cuando las neuro-imágenes permiten comprender las alteraciones que se dan produciéndose cambios estructurales de largo plazo. La recuperación cerebral lleva mucho tiempo por eso decimos en Gradiva: “con tiempo y drogas todo llega y con tiempo, sin drogas y terapia todo llega”.

Así como Luria reflota la función frontal, en U.S.A, en la década del 90´, se visualiza la relación entre trastornos de comportamiento por uso de drogas y alteraciones cerebrales. En la historia se rescata el caso Phineas Gage, un trabajador ferroviario que luego de que una barra de metal le atravesó el cráneo (zona frontal) al recuperarse se observó que entre sus patologías secuelares su personalidad había cambiado; era irascible, agresivo, concupiscente  y en general, con conductas perversas. Ahí se observó el papel del frontal en la conducta incluso moral. Hoy sabemos que las drogas atacan estas estructuras tan finas evolutivamente estructuradas.

 

Nuestra sociedad y las drogas

 

Estamos transcurriendo una epidemia en donde en cada grupo familiar amplio hay un consumidor en grado de riesgo alto. No observo reacciones para enfrentar tamaña dimensión del problema. Romper grupos de venta y organizaciones de lavado es muy bueno pero si no hay una tarea cultural preventiva de toda la sociedad esto crecerá. Esto es lo que nos muestra la experiencia internacional. De lo contrario, seguirán creciendo jóvenes con el síndrome de las cuatro A: apatía, abulia, anhedonia (falta de placer) y amimia (sin mímica) con desinhibición impulsiva como secuelas después de años de consumos.

El síndrome de las cuatro A: es precisamente la consecuencia de las alteraciones permanentes de la función frontal del cerebro por el uso de drogas. Quedarán miles de discapacitados ligados al consumo de drogas. De nosotros depende.


Dr. Juan Alberto Yaria

Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR

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