Vivimos tiempos de censura

 

“…en Occidente estamos cada vez más presos de la desesperación de la falta de sentido, renegamos de una jerarquía de valores…”. Jordán Peterson –Filósofo canadiense y terror para la “nueva izquierda”.

 

Si censura… pero no de la censura que se imaginan. Vivimos los tiempos en que la censura impone lo “políticamente correcto” y donde se censura con ataques furiosos a lo llamado “políticamente in-correcto” y esto opera, también, como “autocensura” en muchos para no desafiar la opinión que se sostiene como dominante a pesar de la dosis de i-realidad que supone. Hoy parece haber “gendarmes” de la corrección política con ecosistemas mediáticos fragmentados en los que proliferan las noticias falsas y una catarata de “twitteros” que, por ejemplo, rápidamente mencionan lo posible o lo no posible en un discurso.

Parece haber un miedo a desafiar la corrección política y surge, entonces, un pánico a ser linchados por la “turba” que operan como verdaderos “barras brava” con un tropel de insultos y de “clichés” ideológicos. En el tema de las drogas esto es fundamental para el análisis de lo que está sucediendo. Es un movimiento mundial en donde es “políticamente correcto” promover la liberación del consumo de todo tipo de drogas comenzando por el vagón de entrada de todas ellas que es la marihuana. Las consecuencias visibles de esta política no son tenidos en cuenta (caso Uruguay ) como el aumento del consumo global, los daños en las generaciones más jóvenes, la caída de la calidad de vida global de miles, el aumento del narcotráfico por la unión de los mercados legales con el crecimiento de los ilegales, todo esto no existe.

Se unen en estos movimientos mundiales la llamada “nueva izquierda” que ha hecho de temas de la cultura (drogas, políticas sexuales, natalidad, etc.) una bandera de lucha luego de la caída del Muro de Berlín  y grandes fundaciones del corazón del capitalismo mundial que dependen de corporaciones económicas  solventan campañas de todo tipo ligados a estos temas. Se unen de esta forma los extremos en la meta de capturar la cultura. El narcotráfico celebra porque aumentará la cantidad global de consumidores porque los valores culturales parecen ser la única barrera para detener el avance de los “males” sociales (educación escolar, familiar, social, política). A mayor aceptación social mayor consumo y dobles estándares: los legales y los ilegales.

Vivimos una epidemia, las guardias están atestadas de pacientes críticos en donde la intoxicación esconde un gran malestar existencial pero, aún así, no reaccionamos. Se publicita el consumo controlado y se niega el descontrol al que estas sustancias llevan, por ejemplo.

Prevenir es de “derechas” en este pensamiento consolidado y se pregona que hay que ayudar a “controlar” el consumo en adolescentes, a pesar de la inmadurez de los centros de control cerebral en esta etapa de la vida y eso es “progresista”. Utilizar la escuela y la educación a padres para enfrentar esta epidemia que inunda la vida escolar es un símil de represión a los jóvenes. Se puede educar en todas las enfermedades desde las cardiovasculares hasta las urológicas, desde el cáncer de mama hasta otras más pero del consumo abusivo de drogas y de alcohol y sus consecuencias no es posible. Ayudar en la detección precoz de las adicciones ante los primeros contactos es imposible (no hay planes en las escuelas y para padres de tipo masivo). El “pensamiento consolidado” acepta la educación sexual pero no la prevención de drogas.

Mencionar que en la edad de comienzo (12 a 16 años) el riesgo es aún mayor por la vulnerabilidad biológica e inmadurez cerebral y de la personalidad no es escuchado. Este discurso “progre” desconoce la función del sistema nervioso. No existe el cerebro y todos los estudios actuales sobre los cambios metabólicos y estructurales en las neuronas que generan las drogas y máxime en edades precoces son sistemáticamente elididos y negados sin ninguna evidencia que los avale.

El panorama epidémico se completa con la imposibilidad fáctica de abrir centros legales de atención de pacientes por algunos escollos legales desde el 2010 hasta la fecha. O sea nuestro país se quedó sin prevención efectiva en franjas críticas de la población (niñez y adolescencia) y con centros súper-saturados de pacientes en estado severo de intoxicación. Las guardias solo tratan a intoxicados y no a personas que padecen una adicción cuyo drama previo a la tragedia está ahí frente a ellos en las salas de emergencias. Esto es lógico ya que la falta de una planificación preventiva escolar y familiar fomenta la aceptación social del consumo y la primera prueba de sustancias y alcohol en edades puberales e infantiles.

Se promueve irresponsablemente el consumo de marihuana y se generan campañas comunicacionales con confusión entre el cannabis medicinal (producto que debe ser realizado por un laboratorio y para tratar a enfermedades específicas y bajo control médico) y el “porro” de marihuana. Muchos padres en las primeras entrevistas con hijos con severos trastornos nos muestran lo “exitoso” de estas campañas ya que hubo un triunfo de la desinformación a través de la confusión entre lo medico cuando es pulcra y cuidadosamente administrado y el uso social del “porro” como algo ya normal y normalizado en la adolescencia.

La Junta Internacional de Fiscalización de estupefacientes (JIFE) dependiente de la ONU nos dice en estos días que este fenómeno de confundir el uso médico de algunos químicos del cannabis para el tratamiento paliativo de algunas enfermedades con el “porro” ha llevado a una baja de la percepción del riesgo y al aumento del consumo global de la marihuana y otras drogas. No se escuchan a los organismos científicos.

En Canadá el Primer Ministro Trudeau tiene en consideración para su aprobación la legalización de la marihuana con fines recreativos e incluso habilitar la compra para niños desde los 12 años hasta 5 grs. Los mayores de 17 años pueden comprar y poseer marihuana en cualquier cantidad y en uso público hasta los 30 grs. Cada canadiense podrá tener en su casa hasta 4 plantas de cannabis. Esto se denomina Ley Liberal C-45. Se han pronunciado en contra la Asociación Médica canadiense, la Asociación de psiquiatras de Quebec y la Alianza de pediatras de Ontario. No son escuchados. Alertan en su pedido de frenar esta locura social lo siguiente:”…el cerebro continua desarrollándose hasta los 25 años y el consumo de marihuana obstaculiza gravemente el desarrollo de los adolescentes”.

 

Las Muertes Negadas

 

Recibí este Facebook desesperado que me mandó una madre uruguaya de familiares caídos en Adicciones en Uruguay (grupo de padres):” solicitamos que las autoridades erradiquen de las calles los problemas de drogas…”.Es un pedido de ayuda que muestra el estado de crisis que vive el pueblo de ese país luego del “experimento social” de la legalización de marihuana aplaudido por la “progresía” vernácula. Hoy es el primer país en el consumo de esta droga y de la cocaína y hay dos comercios en desarrollo; uno es el legal promovido desde el propio Estado y el ilegal en aumento.

Donde hay drogas hay pérdidas. Lo supuestamente “valioso” se transforma en marca de muerte. Perdidas en un doble sentido; por un lado los muertos que surgen de la lucha por el control territorial de las plantaciones y la distribución y los que la que quieren combatir y por otro los que al consumir van muriendo, quedando con distintas discapacidades, hijos abandonados, abusos de todo tipo emocional y sexual por el consumo de estupefacientes.

Por otro lado se niegan las muertes que ocasiona el consumo de drogas y las discapacidades que ocasiona. El deterioro social y cultural que promueven. Las vidas que se malogran y se deterioran. Nuestras cárceles están llenas de personas que tuvieron un consumo dependiente de sustancias y cometieron delitos. Estos son muertos en vida. Hay hospitales enteros llenos de consumidores que solo tienen el beneficio de una desintoxicación de como máximo 72 horas y no un tratamiento. Viejos ya a los 40 años y seniles cerebralmente que “lucen” cansados de la vida llevando una mochila de fracasos familiares y sociales luego de un consumo voraz de cocaína rondando de clínica en clínica. Accidentes cerebrovasculares en gente joven. Diabetes e infartos en adolescentes. Familias enteras de consumidores. Muerte pura. La sociedad ofrece como tratamiento algo similar a una “tintorería” o “chapa y pintura pero no motor”; símbolos éstos del desprecio que tenemos para ofrecerle al ciudadano con una enfermedad una investigación de las causas que lo llevaron a esto y una posibilidad de rescate de una enfermedad.

El problema de las drogas se ha transformado en un problema jurídico y no humano. O en un problema militar y no humano.


 

Dr. Juan Alberto Yaria
Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR

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