Entre tranquilizantes y estimulantes

 

“Se venden 49 millones de unidades de medicamentos y casi 44 millones de tranquilizantes (benzodiacepinas) por año”. Dr. R.Baistrocchi, Director Científico Gradiva. Fuente: IQVIA-Bs. As Laboratorios (2017).

 

La búsqueda de estimulantes y tranquilizantes en que se ha transformado la vida humana cotiza en alto dentro de el mercado. Excitarse para huir de sí mismo o calmar ansiedades son actitudes valoradas en la civilización, donde el valor tiene precio pero no de esfuerzo sino en metálico. Recibimos en masa pacientes luego de noches de éxtasis o al mismo tiempo, “enamorados” de los tranquilizantes.

Fiestas con éxtasis en quintas por doquier, en donde nos aseguramos una destrucción alegre y sana (cristal, mariposa, estrella de David, esperma, bicicleta, GHB, Popper, ketamina, lanza perfumes, etc.). Nos aseguramos excitación fuerte, automatismos e indiferencia a todo. Triunfa el cerebro automático, cae el cerebro racional. La deshinbición de impulsos cede ante el pensamiento. Mano de obra involuntaria conseguida. Miles que parecen estar en “manada” trotan horas y horas. El agua que es clave para el funcionamiento del sistema nervioso y de todo el organismo se acaba. El maestro en Medicina Prof. O. Panza Doliani lo retrata con claridad.

La cantidad de canillas y agua que los circundan no alcanza y entonces, aparece la consecuencia de la deshidratación: depresión, insomnio, ansiedad, paranoia, desinhibición sexual, euforia, deformación de los sonidos, cefaleas, depresión del sistema nervioso, dilatación de esfínteres, distorsión visual, contractura mandibular, escalofríos, marcha tambaleante, visión borrosa, inseguridad, hipertermia, dependencia, crisis de pánico, convulsiones, aumento de frecuencia cardíaca, hipertensión arterial, arritmias, paro cardio-respiratorio.

Llegan a las guardias de Gradiva confusos. Tardan mucho tiempo en coordinar ideas, el curso del pensamiento toma siempre varias direcciones. Su sistema senso-perceptivo quedó alterado por estímulos visuales, auditivos y motrices en donde los altos decibeles y la intensidad de las luces que se apagan y prenden impiden retener toda imagen. Se alteran todos los biorritmos, se anula temporariamente el cansancio  generándose un estado alucinatorio de empatía con la piel del otro.

Lleva meses volver a reestablecer un sistema estable y un metabolismo cerebral compensado. El desastre electromagnético que se ha generado en ese sistema biológico que es el cerebro tiene como consecuencia que el agua y la producción de iones (energía electroquímica que es el factor energético necesario) queden alterados.

Se ha alterado también la sincronización general de todo el cerebro. Se dañan los soportes naturales de la existencia que son la hidratación y la ionización y así, quedamos cerca de la muerte.

Cuando se logra frenar esta carrera hacia la muerte aparece un ser agotado, porque precisamente  se ha agotado el cerebro y el sistema del placer que es la base de la vida y la sobrevivencia desde los albores de la humanidad. La producción de la  dopamina, las endorfinas, la noradrenalina y la serotonina sufren en este “tsunami” y nos ofrecen a un humano devastado, un “viejo joven” por varios meses con una terapia que debe ser intensiva: sin drogas, descanso, terapias psicológicas y grupales, actividad física muy planificada y mucho apoyo familiar. Necesitamos revivir esa “voluntad “perdida. Como nos enseñó P. Pinel, (uno de los fundadores de la Psiquiatría científica): “la voluntad es lo primero que se derriba en las adicciones”.

 

El estrellato de los tranquilizantes

 

El maestro Roberto Baistrocchi (neurofarmacólogo especializado en adicciones) relata que hoy se vende la misma cantidad de aspirina y de ibuprofeno que de benzodiacepinas (tranquilizantes). Las benzodiacepinas solo por receta archivada. Sabemos que hay un mercado negro de tranquilizantes muy alto y que por debajo del mostrador se la distribuye en distintos lugares con lo cual el consumo de tranquilizantes es mucho mayor.

La venta de aspirinas y de ibuprofeno llegó a 49 millones de unidades y la de benzodiacepinas a casi 44 millones, en esto no está incluido el mercado negro antes citado    (-fuente: IQVIA-Bs. As- organismo de estadísticas de los laboratorios). Las benzodiacepinas parecen haberse convertido en las “aspirinas de la vida” y así nos encontramos con pacientes obnubilados, confusos, apartados de la vida, indiferentes; en fin alejados de la existencia. Los efectos adversos se notan rápido: sin memoria, con alteraciones en el rendimiento, depresivos, relajados excesivamente muscularmente pero por distancia con la realidad, atontados y deprimidos.

Estas “aspirinas de la vida” en realidad solo pueden usarse solo de 4 a 12 semanas según fuentes médicas pero en realidad se han transformado en un “acompañante” de un adormecimiento colectivo.

Estimo que hacia eso vamos con el cannabis por los fuertes intereses comerciales en juego (se cotiza ya en Wall Street), los deseos desenfrenados del narcotráfico como ya suceden en Holanda y Uruguay  y también, en los Estados americanos que permiten su venta en tiendas recreativas  porque aumenta también la venta ilegal y por otra parte, los grupos políticos que proponen desde un “progresismo-conservadurista” el “cuanto peor mejor”. El cannabis medicinal, con grandes conglomerados farmacéuticos por detrás, parece ser el “caballo de Troya” de la marihuana y es promocionada hoy como un “curalotodo”. ¿Serán las nuevas benzodiacepinas o ya lo son?.


Dr. Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA y miembro del OPRENAR

 

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