“Supuesto uso medicinal de cannabis: las razones por las que cada vez más científicos y médicos lo rechazan”

Les compartimos la siguiente publicación.

marihuana

En medio del debate para legalizar el cultivo de marihuana con fines medicinales, el autor de esta columna explica paso a paso cómo se valida científicamente el uso medicinal de una sustancia. Basado en la mayor recopilación de evidencia científica a nivel mundial –realizada por la Fundación Epistemonikos­– concluye que “no existe ninguna condición en la cual los beneficios del uso de cannabis o productos derivados sean superiores a sus efectos adversos y riesgos”. Y agrega: “Para hablar de ‘cannabis medicinal’ necesitamos producir un compuesto de contenido confiable, probar que existe algún beneficio sobre alguna enfermedad, demostrar que los beneficios son mayores que los riesgos y determinar que no existe una alternativa terapéutica mejor. Hoy, ninguno de estos requisitos se cumple”.

Hace meses un hombre sufre intensos dolores a pesar de los medicamentos que día a día consume. Ya lo ha probado todo. Lo que dicen los médicos, lo que recomiendan sus amigos, lo que encuentra en internet y la infinidad de nuevas “soluciones” que las redes sociales le ofrecen. El dolor se introduce en todos los detalles de su vida.

Si bien nunca ha sido bebedor, un día en que el dolor taladra sus sentidos busca alivio en un par de botellas. Al principio el alcohol no es más que una distracción, una manera de pasar el rato, algo tan necesario en su estado. El dolor, sin embargo, no da tregua y la distracción se empieza a transformar en necesidad. El dolor sigue ahí, pero el alcohol logra llevar su mente a otra parte.

Al cabo de unas semanas, el dolor empieza a ganarle al alcohol. En los días malos, necesita una mayor cantidad para sobrellevar la vida. Sin embargo, también empieza a notar que hay días buenos, algunos en los que incluso amanece sin dolor. ¿Será el alcohol el que ha ido venciendo poco a poco los síntomas de su enfermedad? Es difícil saberlo, pero ante la duda, el alcohol también se vuelve un compañero de los días buenos.

¿Es el alcohol una medicina? No.

¿Es la cannabis una medicina?

NO TODAS LAS SUSTANCIAS CON SUPUESTO USO MEDICINAL SON IGUALES

El alcohol y las drogas han sido parte de nuestra existencia desde hace miles de años. Su capacidad para alejarnos de la realidad ha sido reconocida por prácticamente todas las civilizaciones, que las han utilizado con fines medicinales, espirituales, religiosos y creativos.

Debido a sus potentes efectos sobre el cuerpo y la mente, el alcohol y las drogas han sido parte del arsenal terapéutico tanto de corrientes médicas ancestrales, como de las corrientes científicas premoderna y moderna. Esta última ha logrado un avance sin precedentes en la comprensión de las propiedades de estas sustancias y en lograr refinar sus componentes hasta transformarlos en medicinas.

Así, por ejemplo, los primeros registros de uso medicinal de la adormidera (papaver somniferum), la especie de amapola de la cual se extrae el opio, data de la época sumeria, 4.000 o 5.000 años atrás. Si bien el efecto analgésico del opio fumado es innegable, sus efectos adversos (incluyendo su potencial adictivo), sumado a la dificultad para lograr una sustancia estandarizada, ha determinado que la medicina contemporánea lo haya desechado por esta vía y que haya concentrado sus esfuerzos en el desarrollo de medicamentos derivados del opio, tales como la morfina, codeína o fentanilo, que hoy son parte fundamental del manejo de numerosas condiciones médicas.

El caso del tabaco también es ilustrativo. Ampliamente utilizado con fines medicinales en la América precolombina, al llegar a Europa fue rápidamente apreciado por su efecto sedante y estimulante a la vez. Las bondades de esta planta fueron celebradas por gobernantes y otras personas influyentes, con lo que su uso se masificó y globalizó. Hoy cuesta creer que en muchos lugares se comenzó a utilizar para el tratamiento de la migraña refractaria, la epilepsia, las alergias y hasta el asma.

Luego de años de uso, algunos científicos empezaron a reportar que los beneficios del tabaco no eran tales y que su consumo conllevaba riesgos. Si bien la investigación tardó años en ser escuchada, la comunidad científica terminó por aceptar que los efectos terapéuticos no eran reales. Los poderes económicos ligados a la distribución y comercialización obstruyeron activamente las investigaciones y trabajaron en una intensa campaña para convencer a la ciudadanía, a los legisladores y a los mismos profesionales de la salud, de que los riesgos del consumo del tabaco habían sido exagerados y que incluso existían algunos beneficios asociados a su uso.

Cuando la evidencia científica logró demostrar que no existía ninguna condición en la cual los beneficios derivados de su uso fueran superiores a sus efectos adversos y riesgos, aun así se permitió que su consumo continuara e incluso aumentara, en buena medida fomentado por un marketing agresivo y la complicidad, o al menos la pasividad, de los legisladores.

Hoy el consumo de tabaco ha alcanzado proporciones epidémicas y es catalogado a nivel global como uno de los grandes problemas de salud pública, tanto por sus consecuencias sobre la salud de las personas, como por el enorme gasto en que incurren los países para combatir su consumo y tratar sus consecuencias.

Entonces, ¿cómo podemos saber si los derivados de cannabis seguirán el camino de la adormidera (una sustancia de la cual se obtienen medicinas muy efectivas) o el del tabaco (una sustancia considerada como medicinal desde hace siglos, pero que la ciencia demostró que no tiene ningún efecto médico real)?

MEDICINAL = BENEFICIOS MAYORES QUE LOS RIESGOS
El primer paso para poder evaluar científicamente una sustancia o un medicamento es contar con un compuesto de contenido confiable, lo cual se logra siguiendo lo que se denomina Buenas Prácticas de Manufactura, es decir, una serie de procesos que garantizan su calidad. Otra opción, en caso de que esas prácticas no se hayan seguido, es analizar el producto final y determinar si contiene o no la sustancia potencialmente medicinal. Este tipo de evaluaciones se realizan en laboratorios especializados, tales como los del Instituto de Salud Pública (ISP) en nuestro país.

Desafortunadamente, la planta de cannabis contiene múltiples compuestos, cuyas concentraciones varían entre las distintas cepas. A esto se suma que el proceso de producción de aceites y otras preparaciones a partir de la planta de cannabis es extremadamente complejo, haciendo difícil obtener un producto que contenga los compuestos que supuestamente tienen un efecto medicinal. El Centro de Análisis de la Dirección de Control de Drogas de Carabineros estudió diferentes muestras recolectadas de tiendas grow shop en Chile, estableciendo que ninguna de las muestras analizadas presentaba compuestos derivados de cannabis. Si bien una primera lectura de este estudio podría sugerir la existencia de un engaño al consumidor, es probable que se trate simplemente de una consecuencia del difícil proceso que se requiere para obtener un compuesto terapéutico a partir de la planta de cannabis.

El laboratorio del ISP reporta conclusiones similares a partir de análisis de muestras de preparados de cannabis artesanales que realiza de forma rutinaria.

El segundo paso para poder evaluar científicamente una sustancia o un medicamento, una vez que se cuenta con un compuesto de contenido confiable, es la realización de estudios clínicos que prueben su seguridad, es decir, si produce daños a la salud o no. Que un medicamento “primero no haga daño” (primum non nocere), es uno de los principios fundamentales de la investigación en medicina.

En el caso específico de cannabis, la evidencia científica sobre los daños que produce es concluyente. Su uso se asocia a la aparición de trastornos mentales, daño cerebral, deterioro cognitivo, complicaciones del embarazo y un largo etcétera. Quien quiera profundizar, puede hacerlo leyendo la mayor recopilación de sus efectos adversos que se ha realizado hasta la fecha.

Tercer paso. Que un compuesto conlleve riesgos para la salud, no significa necesariamente que su uso con fines medicinales quede descartado. Más aún, muchísimos medicamentos tienen efectos adversos, y continuamos utilizándolos. Entonces, si un compuesto de contenido confiable tiene riesgos “aceptables” para la salud de las personas, el tercer paso es comprobar su real beneficio.

Determinar el efecto beneficioso de un compuesto es mucho más difícil de lo que parece. Esto ocurre por múltiples razones; el efecto placebo; la dificultad de separar los efectos a corto plazo de los de mediano y largo plazo; y el hecho de que en muchos casos las enfermedades mejoran de manera espontánea con el paso del tiempo, al menos de manera parcial o transitoria.

Desde hace al menos 70 años, y con especial fuerza en los últimos 20, la medicina ha establecido que existe cierto tipo de investigación que es más confiable que otra y, en particular, un tipo de estudio que se considera la máxima prueba de beneficio: el Ensayo Controlado Aleatorizado (ECA). Cada año se realizan cerca de 50 mil ensayos de este tipo, mientras que el número de estudios de otro tipo, y que ofrecen menos certezas, es 10 a 20 veces mayor.

El cuarto paso para poder evaluar científicamente una sustancia o un medicamento consiste en recopilar y sintetizar todos los ensayos controlados aleatorizados (ECA), y ocasionalmente otros estudios. Esta recopilación se denomina revisión sistemática y permite obtener conclusiones transparentes, reproducibles y confiables, en relación a si el compuesto (medicamento) en cuestión sirve, y si corresponde a la mejor alternativa terapéutica, considerando que hoy la medicina cuenta con muchísimas opciones de tratamiento para la mayoría de las enfermedades.

Sin este último paso es imposible obtener una conclusión confiable en relación a la efectividad de un compuesto o medicamento. La industria farmacéutica, al igual que otras entidades con intereses creados, difunden estudios aislados y muchas veces de discutible calidad que apoyan sus productos o ideas, ignorando –o muchas veces ocultando deliberadamente– aquellas investigaciones que no les favorecen. Las revisiones sistemáticas realizadas por organizaciones sin conflicto de intereses constituyen la fuente de información más confiable en la actualidad y por eso son utilizadas de manera rutinaria en todas las instancias de toma de decisiones sobre salud a nivel internacional y nacional (Ministerio de Salud, sociedades científicas, etc.).

La Fundación Epistemonikos llevó a cabo la mayor recopilación de evidencia científica a nivel mundial, concluyendo a partir de la investigación que no existe ninguna condición en la cual los beneficios del uso de cannabis o productos derivados sean superiores a sus efectos adversos y riesgos[4] (el autor de esta columna preside la Fundación Epistemonikos).

Para poder hablar de “cannabis medicinal” necesitamos producir un compuesto de contenido confiable, probar que existe algún beneficio sobre alguna enfermedad, demostrar que los beneficios son mayores que los riesgos que ya conocemos y, finalmente, determinar que no existe una alternativa terapéutica mejor. Hoy, ninguno de estos requisitos se cumple.

Lo anterior, de ninguna manera cierra la puerta a que en el futuro se desarrollen compuestos que cumplan con estas condiciones. El mundo médico y científico será el primero en recibir con alegría esta noticia.

Fuente: https://ciperchile.cl/2019/03/19/supuesto-uso-medicinal-de-cannabis-las-razones-por-las-que-cada-vez-mas-cientificos-y-medicos-lo-rechazan/

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