Sampó: “El narcotráfico en Argentina está vinculado a clanes familiares”

Les compartimos la siguiente publicación de Infobae.

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Preocupada por el avance de una importante organización narcocriminal brasileña y alto nivel del consumo de drogas en el país, la investigadora de la Universidad de La Plata analiza los principales factores de riesgo en materia de seguridad pública

“La estructura de la criminalidad organizada en la Argentina, y del narcotráfico en particular, está muy vinculada a clanes familiares, conformados por redes muy pequeñas”, asegura Carolina Sampó, coordinadora del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado (Cecot) del prestigioso Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). La especialista aclara: “La particularidad de estos grupos es que no existe una división de tareas entre los distintos clanes, sino que todos ellos están en los distintos eslabones de la cadena del narcotráfico y se vinculan a través de familiares que están asentados en Paraguay, en Bolivia o en las fronteras”.

“Argentina es un mercado consumidor de cocaína muy importante”, puntualiza Sampó, quien recuerda que “de acuerdo con las estadísticas, el 1,9 por ciento de la población de entre 15 y 65 años consumió cocaína en el último año, una tasa equiparable con la de países como España, Gran Bretaña o Brasil”. Siguiendo las estadísticas de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación (Sedronar), otro dato preocupante es que el consumo de cocaína alguna vez en la vida se triplicó en los niños y adolescentes de 12 a 17 años entre 2010 y 2017. Al respecto, citando las palabras del subsecretario de Lucha contra el Narcotráfico del Ministerio de Seguridad, Martín Verrier, la coordinadora del Cecot añade: “La demanda se genera también a partir de la oferta; es decir, si se sobreoferta cocaína y se presiona sobre el mercado, probablemente se logre una expansión del mercado y, en consecuencia, se incremente el consumo, lo cual tiene que preocuparnos como Estado, porque se trata de un problema de salud pública”.

-¿Se observa algún tipo de penetración extranjera en el negocio del narcotráfico local? ¿Hay algún peligro de que esto suceda?

-El peligro existe siempre, pero no hay evidencia reciente del desembarco de grandes carteles internacionales. La amenaza más cercana está representada por el Primeiro Comando da Capital (PCC), que es, hoy por hoy, una organización criminal muy poderosa en Brasil e hizo un desembarco muy fuerte en Paraguay, país al que utiliza como base logística. El PCC también desembarcó en Bolivia desde la frontera, utilizando una estrategia muy parecida. Hay evidencia empírica de que intentó penetrar en Misiones, pero esos intentos de desembarco han sido hasta ahora infructuosos.

-¿Cómo opera el PCC en el negocio del narcotráfico?

-El PCC maneja la ruta de salida de la cocaína peruana y boliviana por el puerto de Santos. La situación podría complicarse si ellos ven restringida esa salida por el puerto y empiezan a buscar rutas alternativas. Hoy están protagonizando una guerra interna dentro de Brasil y, si bien no han conseguido una hegemonía sobre todo el territorio del país, están presentes en los 27 estados y pelean por el control de la ruta norte de la cocaína, que va desde la frontera con Colombia y Perú y atraviesa el río Solimoes hasta salir por el norte y nordeste de Brasil. Las disputas que se observan en Brasil responden a la lógica de la lucha por esta nueva ruta de la cocaína. Si esa ruta se trunca y la salida a través de Santos se torna más vigilada, Montevideo y Buenos Aires se convertirán en puertos estratégicos, a través de la Hidrovía. Entonces, en términos internacionales, considero que la amenaza latente es la posible expansión del PCC hacia nuestro territorio.

-¿Hay evidencias de producción local de droga en la Argentina o seguimos siendo un país de tránsito? ¿Podríamos pasar a ser un país productor?

-En la Argentina, de acuerdo con la información oficial, existen laboratorios para “estirar” la cocaína. En términos prácticos, por ejemplo, sería impensable y absurdo intentar cruzar la frontera con una tonelada de hojas de coca para procesarlas del lado argentino. Es mucho más fácil procesarlas en Bolivia, en Perú o en Colombia y después trasladar el clorhidrato de cocaína. Las cocinas de “estiramiento” tienen que ver con cuál es el mercado hacia el que va dirigida esa cocaína. Otra pregunta que uno se hace es por qué en la provincia de Jujuy, donde se consume la hoja de coca ancestralmente, no hay producción de cocaína. La respuesta de los expertos es que la alcalinidad de la hoja de coca propia de la zona no permite que se genere cocaína a partir de ella. Entonces, nosotros no podríamos ser productores nunca. En definitiva, a menos que exista algún avance tecnológico que logre modificar la alcalinidad de la hoja de coca, siempre seguiremos siendo un país de tránsito.

La penetración del PCC brasileño en nuestro territorio es la principal amenaza latente en cuanto al ingreso del crimen organizado internacional en el país.

-¿Cree que hoy la seguridad se percibe como una cuestión importante por parte de la sociedad argentina?

-En la campaña presidencial de 2015, el tema de la seguridad era central. Hoy por hoy, la situación mejoró y eso se refleja en las estadísticas: desde 2015, nuestro país salió prácticamente de la lista de puertos de egreso de la droga y recién en el último año apareció algún dato muy minoritario. Nuestra situación de seguridad quizás esté hoy más vinculada con los niveles de desigualdad y de pobreza, y eso hace que no sea un tema de agenda. Hoy los temas de agenda son la desigualdad, la pobreza y la falta de trabajo. La seguridad se corrió del debate y, en la actualidad, las dificultades económicas están mucho más presentes en la agenda que los temas de seguridad.

-Y con respecto a las preocupaciones de la dirigencia política, ¿se están abordando adecuadamente?

-En el caso del Gobierno de Mauricio Macri, yo creo que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, está muy atenta y ha tenido una buena gestión, sobre todo en términos disuasivos, con un Estado activo, incautaciones de droga y presencia en lugares recónditos del territorio. Ese es un claro mensaje de respaldo a las fuerzas de seguridad. En líneas generales, por lo menos en lo que tiene que ver con el narcotráfico, se ha logrado un avance. Falta un largo camino por recorrer, pero es innegable que ha habido un avance.

-¿Y qué ocurre en materia de inteligencia financiera en las investigaciones sobre el crimen organizado?

-La Unidad de Investigación Financiera (UIF) ha funcionado relativamente bien. También valoro el decreto de extinción de dominio como una medida muy importante. En países como Colombia, se han hecho grandes obras con los bienes recuperados de los narcotraficantes. Para la población, es muy importante ver cómo el Estado logra devolverle algo de lo que los narcos le quitaron. Se dice muchas veces que, salvo en el caso de la trata o en el tráfico de personas, el crimen organizado no se denuncia porque es muy difícil figurarse el daño que genera el tráfico de drogas y el crimen organizado. Entonces, si el Estado logra recuperar bienes que, en definitiva, han sido comprados con dinero mal habido, le demuestra a la sociedad los costos del combate al crimen organizado. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo señala que alrededor del tres por ciento del PBI de América Latina se destina a combatir el crimen organizado o a reinsertar a los delincuentes. Es dinero que podría utilizarse en desarrollo, educación o seguridad social.

Alrededor del tres por ciento del PBI de América Latina se destina a combatir el crimen organizado. Ese dinero podría utilizarse en desarrollo, educación o seguridad social.

-¿En qué punto se encuentra nuestro país en cuanto a la cooperación internacional en la lucha contra el crimen organizado?

-Hoy tenemos una mejor coordinación en materia de lucha contra el crimen organizado. Si no nos ponemos de acuerdo con nuestros vecinos y blindamos las fronteras frente al crimen organizado, los grupos delictivos se trasladarán del otro lado de la frontera y, desde allí, seguirán interfiriendo. A fin de evitar ese “efecto globo” o “efecto cucaracha”, todos los países de la región debemos ponernos de acuerdo para combatirlos de la misma manera y con el mismo énfasis. En este último período, en particular con Brasil y también con Paraguay en el último año, se firmaron acuerdos importantes que han tenido una concreción empírica, y eso ya se ve en las incautaciones de droga.

-¿Cómo observa la agenda antiterrorista en la región? ¿Existe una amenaza real en la Triple Frontera, como suelen sostener desde EE. UU.?

-Al haber sufrido dos atentados terroristas en el pasado, la Argentina está obligada a formar parte de una red de cooperación internacional contra el terrorismo. Es cierto que EE. UU. fogonea esa hipótesis de la Triple Frontera, pero eso no implica que no debamos prestar atención a la cuestión. No queremos un tercer atentado y, en ese sentido, debemos adoptar una posición fuerte, que no implica que tengamos que “comprar” la agenda de seguridad norteamericana. Me refiero a la convergencia entre el crimen organizado y el terrorismo. Mientras uno tenga clara la situación, no está mal sentarse, escuchar y conversar en torno a esa agenda.

Fuente: https://www.infobae.com/def/defensa-y-seguridad/2019/11/02/sampo-el-narcotrafico-en-argentina-esta-vinculado-a-clanes-familiares/

“Sexto Simposio ¿Cómo prevenir el avance del narcotráfico?”

Tenemos el agrado de invitarlos a participar del  6.to Simposio “¿Cómo Prevenir el Avance del Narcotráfico?” que organiza anualmente el Observatorio de Prevención del Narcotráfico (OPRENAR), el día jueves 28 de Noviembre, de 09:00 a 14:00, en la ciudad de Rosario.

Para más información ingrese aquí.

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“Una política de Estado ante el narcotráfico “

Les compartimos la columna de OPRENAR publicado en El Cronista.

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La política contra el narcotráfico ha sido una de las acciones públicas más relevantes de estos últimos años. Visto no solo como una problemática de consumo de drogas, sino también como una causa de violencia urbana y exclusión social, la demanda de una respuesta por parte del Estado estaba al tope de la agenda pública al inicio de la actual gestión. Y la pregunta es cómo continuará a partir de fin de año esta historia.

Sin duda, las políticas públicas relacionadas al narcotráfico requieren una continuidad en el tiempo y por lo tanto de consensos básicos que le otorguen la categoría de política de Estado, por cierto un bien escaso en la Argentina. Por lo pronto, lo realizado hasta el momento tiene un resultado medible para considerar.

En los que respecta al consumo de estupefacientes, el problema es grave a nivel global. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, un 5,6% de la población mundial entre los 15 y los 64 años consumió drogas en al menos una ocasión en 2016.

“Las organizaciones delictivas trabajan asociando otros delitos graves como la trata de personas”

Desde fines de 2015, el actual Gobierno a través del ministerio de Seguridad- implementó su plan de “Argentina sin narcotráfico”, vinculando también la disminución del tráfico de drogas con el aumento de la seguridad ciudadana. Se diagnosticó que el país había dejado de ser una plaza de tránsito de estupefacientes para convertirse en un mercado de producción, con aumento de precursores como la efedrina y con la amenaza de grupos delictivos trasnacionales.

El acento de la política de Seguridad estuvo puesto en un duro accionar de incautaciones y detenciones en base a operaciones conjuntas de fuerzas federales y locales, en formato multiagencia, y un reforzamiento de los controles en las Zonas de Seguridad de Frontera, dirigidos también al combate contra el contrabando.

Los resultados fueron visibles. De acuerdo con datos oficiales actualizados a septiembre de 2019, se realizaron en total 97.490 operativos desde diciembre de 2015, que tuvieron como resultado 102.233 personas detenidas y la incautación de 799.868 kilos de marihuana, 32.704 kilos de cocaína y 625.099 unidades de drogas sintéticas. Se estima que se logró una disminución en el tráfico ilegal, así como un aumento del precio de acceso a esas drogas y una degradación de la pureza en el caso de la cocaína.

Ciertamente, el problema del narcotráfico no debe verse circunscripto al tráfico o consumo de drogas. Como en una actividad integrada, las organizaciones delictivas trabajan asociando otros delitos graves como la trata de personas, el lavado de dinero, el contrabando y la financiación del terrorismo.

Especialistas coinciden en que el narcotráfico representa un desafío para la institucionalidad y la soberanía de los Estados, frente a la corrupción, la seguridad y el control de los territorios.

No obstante, la política contra la oferta necesita también de una política sobre la demanda, en base al trabajo de otras áreas gubernamentales, organizaciones civiles y educativas. Más allá del creciente debate sobre la conveniencia de legalizar o no ciertos consumos, especialistas promueven también un abordaje integrador de la problemática de las drogas, más alejada de la política de solo “combate” sino también de prevención.

“El acento de la política de Seguridad estuvo en un duro accionar de incautaciones y detenciones”

Es decir, desde el punto de vista social, además de la cuestión del acceso se pone el acento en el tratamiento del tema como una cuestión relacionada a las vulnerabilidades personales. Desde el Observatorio de Prevención del Narcotráfico se hace hincapié en rol de la escuela como articuladora de la prevención de adicciones.

Seguridad, institucionalidad, salud y proyectos de vida, son materias demasiado importantes como para dejarlas a un lado.

Fuente: https://www.cronista.com/columnistas/Una-politica-de-Estado-ante-el-narcotrafico-20191107-0065.html

 

“Tres de cada 10 jóvenes tomaron alucinógenos alguna vez”

Les compartimos la siguiente publicación.

El 29% de los universitarios de entre 18 y 30 años probaron este tipo de drogas. Y el 22% consumió éxtasis. Entre los varones, el 27%. Según una investigación de la UNC, los policonsumidores asisten con mayor frecuencia a festivales de música.

El 28,5 por ciento de los universitarios argentinos de entre 18 y 30 años, consultados para una investigación realizada en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), tomaron alucinógenos (éxtasis, LSD u hongos) al menos una vez en la vida. El 40 por ciento de los varones probaron la dietilamida de ácido lisérgico (LSD). Y un 22 por ciento, éxtasis, con un fuerte desequilibrio de género: 28 por ciento de los varones y nueve por ciento de las chicas tuvieron al menos una experiencia con estas pastillas.

En tanto, el 19,9 por ciento de los encuestados admitieron haber consumido estimulantes (cocaína, pasta base o anfetaminas) alguna vez.

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Los datos surgen del estudio “Perfiles de consumo de sustancias y contextos recreativos en estudiantes universitarios argentinos”, realizado por los investigadores y los psicólogos cordobeses Angelina Pilatti, Gabriela Rivarola Montejano, Yanina Michelini y Ricardo Marcos Pautassi, y por el español Fermín Fernández Calderón. Fue publicado en la revista científica especializada Health and Addictions.

El trabajo revela que los policonsumidores (alcohol, marihuana y alucinógenos, y también pueden consumir tabaco o estimulantes) asistieron con mayor frecuencia a festivales de música (raves, electrónica o rock) que los jóvenes que consumen tabaco, alcohol y marihuana (clasificados en la investigación como TAM). Los TAM, a su vez, concurrieron significativamente más veces a ese tipo de eventos recreativos que aquellos que sólo beben alcohol.

Es decir que los estudiantes clasificados como TAM y policonsumidores asistieron a muchos más conciertos, fiestas de cuarteto-peña y a previas o a fiestas domiciliarias que los bebedores.

Esto no quiere decir que quienes concurren a este tipo de eventos sean consumidores, sino que los policonsumidores prefieren esta clase de fiestas.

El estudio caracterizó el consumo de sustancias de una muestra de 382 universitarios argentinos, que respondieron una encuesta a través de redes sociales y de correos electrónicos, con foco en la detección de perfiles con patrones de policonsumo, y su relación con la frecuencia de participación en diferentes contextos recreativos.

El análisis identificó perfiles de consumidores, en función de cinco indicadores de prevalencia de consumo de sustancias, ya sea legales (alcohol, tabaco) o ilegales (marihuana, estimulantes, alucinógenos). La selección de sustancias se realizó teniendo en cuenta las categorías de mayor consumo, para el rango etario estudiado, reportadas en estudios nacionales previos, como los de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar).

Además, se observó si exhibían diferencias notables en la participación en cinco contextos recreativos típicos de Argentina: festivales de música (raves, electrónica o rock), festivales de música regional o local (peñas y cuarteto), fiestas en casa y en previas, boliches o discotecas, y recitales.

Como resultado, se observa que casi todos consumieron alcohol alguna vez (99 por ciento), el 76,7 por ciento fumó tabaco y el 71,1 por ciento, marihuana. El 40 por ciento consumió tabaco o marihuana el mes previo a la consulta.

Respecto del resto de las sustancias, los alucinógenos –principalmente LSD– son los más utilizados, seguido por el consumo de estimulantes –en especial, cocaína– y por los depresores (tranquilizantes sin receta médica, principalmente).

Más del 40 por ciento de los hombres encuestados reportaron haber consumido LSD alguna vez. El consumo de pasta base y de heroína fue muy bajo (menor al uno por ciento) y el de hongos alcanzó cinco por ciento alguna vez en la vida, pero fue muy bajo y nulo para el último año y el último mes antes de la encuesta.

Por otra parte, mientras el consumo de alcohol y de tabaco es similar en hombres y en mujeres, los varones utilizan más el resto de las sustancias, a excepción del uso de tranquilizantes. En definitiva, los hombres consumieron más marihuana, cocaína, anfetaminas y éxtasis que las mujeres.

En el estudio, el 42,7 por ciento de los participantes eran consumidores de tabaco, de alcohol y de marihuana (TAM).

El 33 por ciento de la muestra se ubicó en la clase bebedores y el 24 por ciento de los encuestados eran policonsumidores.

Fiestas electrónicas

Según el estudio, los policonsumidores asistieron con mayor frecuencia a festivales de música (raves, electrónica o rock) que los de la clase TAM, que –a su vez– concurrieron más veces que los de la clase bebedores.

“Estos resultados describen (…) una asociación entre frecuencia de asistencia a contextos recreativos y consumo de sustancias, y la asistencia a mayor cantidad de tipo de contextos está asociada a perfiles de consumo de mayor riesgo”, indica el estudio.

Agrega: “Si bien sólo podemos especular, es probable que exista una relación entre la asistencia a contextos recreativos específicos, como los festivales de música, que funcionan como un factor permisivo para el consumo de alucinógenos o estimulantes”.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/sucesos/tres-de-cada-10-jovenes-tomaron-alucinogenos-alguna-vez

“Los esclavos del narcotráfico”

Les compartimos la siguiente publicación.

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Durante muchos años en México se justifica la actividad del narcotráfico, “si no te metes con ellos, no se meten contigo” era la frase favorita para eludir una realidad que tarde o temprano nos iba a estallar en las manos. La figura del narco bueno, el que invierte en los pobres, una especie de Robin Hood, dio paso al criminal que agrede a quien sea, que arrasa con los más débiles.

Cuatro años después de la muerte de Pablo Escobar, en 1997, las Naciones Unidas se detuvieron un momento a contemplar el peso económico del narcotráfico en el mundo: 400 mil millones de dólares. O, dicho de otro modo, el 8% del comercio mundial. Los narcotraficantes de cada continente habían conseguido convertir una industria ilegal en uno de los sectores más dinámicos del planeta. En parte, gracias a las enseñanzas de los cárteles colombianos.

El narcotráfico, incluso sin eliminar la violencia de la ecuación, es uno de los pocos ejemplos de cómo funciona el libre mercado en estado casi puro. Como cuenta el periodista Tom Wainwright en ‘Narconomics’, estas organizaciones criminales funcionan de forma similar a las multinacionales modernas.

Detrás de los sicarios, y la narcocultura, Wainwright se encontró con que los cárteles trabajaban conceptos como la imagen de marca, la responsabilidad social corporativa y el monopolio: los cárteles son los únicos compradores de la materia prima, con lo que pueden fijar precios. Es una política que practican con parte de sus proveedores desde Wal-Mart hasta Volkswagen, y que tiene su máxima expresión en el narcotráfico.

Es un corporativo capitalista y, como tal, fomenta la precariedad salarial, quita derechos laborales, y genera su propia esclavitud. Esto lo vemos sobretodo en la región de la montaña de Guerrero, la región más pobre del Estado con mayores índices de violencia en el país. En esa zona reina el caos y la violencia pura; ahí no hay presencia del Estado, ni carreteras ni hospitales.

Un territorio marcado por la impunidad, donde asesinar es cotidiano y el miedo, una constante. Se dice que, en esta región de Guerrero, donde existe una enorme población indígena, lo único que se produce son peones. Peones para ir a buscar la vida al norte o para el narco.

Aquí el narco no ha dejado casas bien construidas y lujosas, tampoco flamantes camionetas y automóviles, sólo armas. Año con año el número de asesinatos aumenta. Los enganchadores (contratistas) recorren los pueblos de las montañas, dicen que les van a pagar bien y muchos aceptan, los llevan a lugares que no son los que les habían dicho, lugares donde hay problemas legales. La gente es amenazada, algunos agredidos o privados de su libertad.

Las cosas son sencillas en las montañas de Guerrero, solo hay una ley: la del opio. Este agujero negro se ha convertido en el mayor productor de opio de América. De sus profundidades parten los inacabables cargamentos que nutren, por delante del triángulo de oro de Sinaloa-Durango-Chihuahua, al gran devorador mundial, Estados Unidos.

De cada hectárea, se obtienen 11 kilos de goma de opio que más adelante se produce en un kilo de heroína, el cual tiene un valor de 700 mil pesos. De él, se extraen hasta 6 mil 666 dosis, lo que genera para los cárteles, ganancias de hasta un millón 999 mil 800 pesos.

Los campesinos forman la base de una salvaje cadena trófica. Sobre ellos depreda el crimen organizado. Primero las bandas locales, luego los intermediarios y, al final, los grandes cárteles. Cuanto más opio, más dinero y más muerte.

Desde hace años existe una persecución muy fuerte contra los campesinos que simplemente son empleados, con un salario ínfimo para cosechar esta planta, sobre todo mujeres y niños. Por la imposibilidad de encontrar otra fuente de sostén se van a ese tipo de trabajos, los cuales los pone bajo la lupa del Ejército Mexicano, los encarcela, los persigue o los mata; mientras, el narcotráfico se refuerza.

La Última

Durante muchos años se ha denunciado que miles de desaparecidos, en realidad están esclavizados. Han desaparecido albañiles, campesinos, ingenieros civiles y comunicadores, arquitectos, químicos, agrónomos, contadores públicos, administradores de empresas, comerciantes, abogados y empresarios. «Esclavos Especializados«.

Fuente: http://radiocentro977.com/blog/los-esclavos-del-narcotrafico.html