Seminario sobre el Derecho de Acceso a la Información Pública

 

En el marco de la Diplomatura en Transparencia Pública y Corrupción, que se dicta en la USI, se desarrollará el Seminario sobre el Derecho de Acceso a la Información Pública.

Disertantes:

Dr. Juan Pablo Olmedo, ex titular del Consejo para la Transparencia de Chile

Dr. Santiago Otamendi, Secretario de Justicia de la Nación

Dr. Hugo Wortman JofréPresidente de la Fundación Poder Ciudadano y Representante de Transparency Internacional

Dra. Patricia Llerena, Juez de Cámara del Tribunal Oral en lo Criminal N° 26 de la Ciudad de Buenos Aires

Dr. Nicolás Ceballos, Juez de Garantías y Presidente del Colegio de Magistrados y Funcionarios de San Isidro​

Moderador:

Dr. Diego Sebastián Luciani –  Fiscal General y Director de la Diplomatura en Transparencia Pública y Corrupción (USI)​

  • Fecha y horario: viernes 29 de setiembre a las 18 horas. 
  • Lugar: USI (Av. Libertador 17.115, Beccar).

 

La actividad es gratuita con inscripción previa completando el formulario del siguiente link: https://goo.gl/forms/FUrER2s2jzAmN6Ps2. Cupos limitados.


 

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Los Nuevos Desaparecidos 2

Las historias de desaparecidos que voy a contar son un elemento fundamental en la epidemia de consumo de drogas instalada en nuestro país desde hace varios años. De ellos se habla poco o casi nada. Forman el “mundo de los nadies” o de los desaparecidos sin nombre que quedan mutilados en una villa cuando fueron a comprar, se “pierden “en el vértigo de las reyertas”, las secuestradas por grupos de venta; en fin seres sin nombre ni destino que ni siquiera tienen la dignidad de un cementerio.  Tres historias que son un resumen de un “mal” transversal de tipo sanitario y social que atraviesa a la sociedad argentina.

La familia de Oscar me consulta ya que su hijo desde hace 8 meses se encuentra en una comunidad terapéutica y su conducta se ha tornado apática, abúlica y solo contesta con monosílabos. Es lógico, pienso, ya que desde los 12 años hasta la actualidad de sus 20 años su sistema nervioso y su personalidad estuvieron confiscados por drogas estimulantes de todo tipo y pastillas tranquilizantes al lado de alcohol y además viviendo en un contexto marginal y también altamente estimulante (choques, asaltos, aprietes a cierta gente, robos). Típico joven de un barrio del conurbano más marginal en donde la droga se regala como “caramelos” y se hace sentir con la entrega de su persona a “barras bravas y /o grupos de presión”. El regalo se “paga” con vida en acciones arriesgadas siempre con un “Patrón del Mal” (símil barrios de Medellín de los 80 con los Pablos Escobar reinando) a cargo de las operaciones. Las instituciones no existen o están debilitadas. Pregunto por la escuela y la sonrisa de los padres se acompaña de “ahí hay más drogas” mientras los docentes mirando atónitos o desviando la mirada. Las fuerzas de seguridad “pasan la gorra” pero no actúan más que para un “circo” cada tanto aunque también están superadas por las fuerzas locales en anomia y crisis; las familias están en la llamada categoría de Multiproblemáticas. Perdieron función de guía .No hay ni un solo garante. Todos están con problemas. Alguno preso. Un padre biológico inexistente. Una madre trabajadora y que debe atender hijos de diferentes parejas. Se unen los “astros” para generar un caos normativo. La anomia reina y donde ésta existe sabemos desde E.Durkheim que hay muerte o sea suicidio, muertes súbitas, homicidios. La Ley es pacificante. El drama es que la Ley está pero los referentes cumplidores de la Ley están ausentes o escondidos. Padres, maestros, policías, fiscales, jueces, fuerzas del barrio, iglesias, centros culturales, etc.; parecen ser solo monumentos vacíos. Solo el club de barrio de fútbol de la Primera C los vincula aunque éste parece estar tomado por marginales y por negocios turbios. La bandera del club y “sus trapos” son el emblema de Identidad pero también de guerra. O sea lo que humaniza al hombre parece estar ausente. Acá aumentan los desaparecidos y cuando le pregunto al paciente en su barrio cuantos amigos vivían me comenta que muchos estaban presos, otros murieron y otros estaban en fuga.

Jorgelina vive en un barrio de clase media la ciudad de Buenos Aires. Dejó ya la escuela. La marihuana precozmente consumida y altamente propagandeada en medios juveniles afectos a una cierta progresía “ligth” se enseñoreó en su vida junto con la cervecita y los fines de semana pastillas y/ o cocaína. A sus 16 años abandona la escuela y es disputada en parte por su belleza y en parte porque en los grupos de “dealers” la mujer es un valor de intercambio fundamental ya que el sexo es una variable como así también la función de transportadora o “delivery” aprovechando el síndrome de Estocolmo que se da en estas relaciones.(la consumidora empieza a depender del proveedor que además apela a estrategias de extorsión sado-masoquistas). La veo en riesgo. Los padres fracturados en sus vínculos no viven juntos desde hace años y están desesperados tratando de ejercitar el amor que los unió. Ella los junta con su turbulencia y sus conductas de riesgo. Se “pegan” a mí .Solo una entrevista bastó y les dije que ante otra situación explosiva llamaran a la guardia médica de la prepaga y que la internaran bajo su responsabilidad apartándola de todo el circuito adictivo y homicida. El domingo a la madrugada me llaman que estaba en su casa con un vidrio queriendo cortarse. Les recomiendo a los padres que llamen a la ambulancia. Hoy ella está en un centro psiquiátrico y luego ingresará en una comunidad terapéutica luego de pasar por una clínica médica en donde se curó de varias infecciones venéreas, urinarias, bronquitis por marihuana, etc. Jorgelina me llama antes de entrar al centro psiquiátrico y me agradece mi actuación.

Jorge vivió entre “dealers” y “punteros” de la droga que habían tomado barriadas, clubes, centros de diversión. Luego de instalada de la dependencia Jorge, ya, buscaba afanosamente los “dealers”. Extorsiones varias como haber entregado un celular de precio en dólares por dos dosis de cocaína. Incluso entre amenazas en el mismo momento de extorsión y salvajismo. Verdadero “síndrome de Estocolmo” se da entre el que necesita la droga y el torturador; siguiendo, quizás, la simbólica que se narra desde los campos de concentración en donde el cautivo queda a expensas del gendarme y se ofrece a él como un esclavo. En realidad Jorge estaba en un campo de concentración y como tal era un “nadie” (el dependiente a sustancias); llega al estatuto de nadie en esta sociedad quedando a expensas de cualquiera. Llega a nosotros luego de una larga cadena de instancias en donde él para liberarse de su tierra se asila como un “extranjero sin valijas” en un territorio –dentro de la Argentina – en el sur en donde la marihuana forma parte del estilo de vida. Equivocación supina… cuando el sistema nervioso y la personalidad se han subsumido en el consumo la voracidad por todas las drogas lo domina. Está un tiempo y vuelve; dominado ya por su enfermedad. Ahí la familia solo apela a llamar a una ambulancia que lo lleva sin destino a distintos centros que lo rechazan.

La ambulancia recorre distintos lugares de la Argentina con un “furioso” en abstinencia en donde el médico, los enfermeros y los familiares no sabían que hacer y en donde nadie quería y podía hacerse cargo del él. Hospitales, clínicas, centros de adicciones; él era un “resto” indeseable de una sociedad que le daba la espalda. Apelaban a una cierta voluntariedad para tratarse cuando precisamente estaba alienado. Un juez serio pone fin a esta situación de muerte lenta y comenzó un tratamiento que ya ha finalizado luego de dos años de intensa lucha con el apoyo de los familiares y de él mismo.

Tres historias; una del interior profundo del conurbano, otra de plena Caba y por último de Rosario (emblemática del consumo y del tráfico en el imaginario social argentino). Clases medias y clase baja con trabajo formal (pensemos lo que puede pasar si fuera sin trabajo formal). Los pacientes parecen ser un “símbolo” de la realidad.

Los padecimientos individuales cuando tienden a ser masivos delatan un modo de vivir. Se agolpan ante mi memoria decena de pacientes en donde el consumo precoz de drogas en medios familiares vulnerables genera desastres médicos, neurológicos, psiquiátricos y existenciales después. Las estadísticas de la realidad del consumo después lo mostrará, pero estos son números demasiado fríos que delatan la crisis de sentido y de orientación vital de miles.

Todos los días y desde diferentes lugares del país recibimos –como centro especializado en patologías complejas ligadas a la adicción concurrentes con fenómenos psiquiátricos – menores y mayores complicados con lo que hoy se denomina múltiple diagnóstico (concurrencia en la misma persona de varios padecimientos) y con familias Multiproblemáticas. Múltiple diagnóstico en donde el descontrol adictivo se une con la baja de las funciones de control de los impulsos y del pensamiento por déficits cerebrales causados por el consumo continuado de sustancias. Todo esto va acompañado con daños renales , diabetes, síndromes metabólicos, distintas variedades de hepatitis e incluso ACV.

Parecería que todo –mayormente –comenzaría en la pubertad. Ahí múltiples bocas de expendio cautivan a vulnerables por edad y en muchos casos por severos problemas de contención familiar. La experiencia médica nos enseña que las alteraciones cerebrales y sus equivalentes en la conducta se empiezan a consolidar al primer año de consumo. Luego de no haber intervenciones terapéuticas sigue el tropel de ansiedad comandado por las compulsiones a consumir, la necesidad de consumir más dosis por efecto biológico de la llamada tolerancia y la imperiosidad de buscar la sustancia de cualquier manera. Parecen ser Leyes del consumo puberal cuando no hay intervenciones rápidas de la familia y de la sociedad para iniciar un tratamiento. A menor edad más posibilidad de consumo problemático y de dependencia. A menor edad más posibilidad de daño ya que el cerebro está en evolución y no ha terminado su fase madurativa y esto implica menor capacidad de “freno” de los impulsos y mayor fuerza de la motivación y el deseo de repetir el consumo. A esto se agrega la fuerza de los grupos de pares que rodean al joven que empieza a consumir – esto le pasó a Jorge- ; a medida que avanza la dependencia los vínculos sociales se estrechan hacia personas que consumen y se van disociando del medio gratificante de estímulos culturales y de salud. El barrio es otra variable fundamental. Jorge -rosarino- vivió entre “dealers” y “punteros” de la droga que habían tomado barriadas, clubes, centros de diversión.

 

Datos de la Realidad

 

La marihuana está igualando al cigarrillo en el consumo juvenil en nuestro país (datos de Sedronar en escuelas secundarias de CABA). Las plantaciones en casas y viveros especializados con mutaciones genéticas de alta concentración de cannabis es ya un dato cierto. Mientras tanto el abuso de alcohol llega al 33,5% de la población juvenil. Ni hablar de las sustancias sintéticas como éxtasis en donde hay redes preparadas para todos los centros de diversión nocturna juvenil. Creció el 1.200% y con gran impacto según la Sedronar en la Provincia de Buenos Aires. Aneurismas en gente joven, arritmias, infartos en intoxicaciones son atendidas en suelo bonaerenses anuncian médicos de los hospitales platenses. Además –y lo puedo testimoniar en mi tarea clínica – toman algunos 3 o 4 pastillas de éxtasis en una noche electrónica que comienza a las 2 de la mañana hasta las 17 hs. del día siguiente.

La estadística marca de 12 a 16 años el inicio del consumo. Mientras tanto hay decenas de laboratorios clandestinos que producen estas pastillas en nuestro país denuncian pacientes y fuentes periodísticas serias. La ketamina (“keta”) está haciendo estragos ya que es un disociador de la personalidad (con claros efectos psicóticos) creando una realidad paralela por los cambios perceptuales y sensoriales que provoca.

A la vez hay ciudades de la Argentina con tasas de homicidio paralelas a las de países con altos índices delictivos como por ejemplo Mar del Plata. En el conurbano las autoridades judiciales y policiales decidieron conjuntamente con representantes municipales reforzar “25 zonas críticas”. Nombres que me resultan conocidos porque los pacientes me relataron peripecias con esos lugares (La rana, V.Korea, sapito, etc.).

 

¿Quién pagara la fiesta?

 

No será que debamos aumentar la conciencia comunitaria desde la escuela, la familia, los barrios, clubes deportivos. Si no hay anticuerpos culturales basados en una cultura de la salud el consumo aumenta. A mayor aceptación social del consumo más venta. A mayor tolerancia social mayor cantidad de puestos de venta. La anomia llama al narco. Ciudades, escuelas y familias Preventivas es la consigna. Es –dicen los países que viven este mal de la postmodernidad- el mejor antídoto. Si no protegemos la infancia y la juventud; ¿quién pagará esta “fiesta”? ; Más discapacitados, lesionados en el cuerpo y en la psiquis, familias todavía más desmembradas y padecientes.


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA y Miembro del OPRENAR

 

 

 

 

 

Los Nuevos Desaparecidos

 

consumo de drogas

 

“…hombre, hombre, no se puede vivir enteramente sin piedad” F.Dostoyevski.

 

Más de 6.500 padres, profesionales y operadores terapéuticos se reunieron el jueves y viernes pasado en San Juan. Quedé sorprendido. Vi muchas madres con hijos muertos por la multitud de sucesos de sus carreras adictivas; otras mencionaban hijas desaparecidas cuando se conectaron con redes de tráfico. Es un fenómeno social subyacente que no sale en los diarios.

Un pequeño municipio de Rawson (San Juan) se atrevió a generar una convocatoria demandando una cultura preventiva. Argentinos de todas las provincias concurrieron, también chilenos e incluso peruanos. Una madre se me acercó diciéndome que su hijo había muerto y otra que su hija había desaparecido. Forman Asociaciones de Padres en la lucha contra las adicciones. Las felicité porque habían transformado el dolor, el duelo y el trauma en reparación y trabajo social. Le estaban dando un sentido al sufrimiento. Quedé sorprendido por la movilización sanadora de la sociedad. El remisero que me llevaba de regreso me decía que estaba contento porque su hijo estaba “cuidado” en una escuela privada. Me comentaba que la escuela pública está tomada por el tráfico, estaba impotente, me pidió consejos. Le dije que se acerque a grupos de recuperación y de prevención social por más que su hijo esté protegido.

Muchas familias no saben qué hacer ante el drama que viven. Hijos “perdidos” en el mundo de las drogas e inhabilitados para actuar. Necesitan mucha ayuda. Mientras el Estado desarma redes de venta, del otro lado del mostrador deambulan miles de padres que conforman lo que llamo un “mundo de nadies”. Ellos también están perdidos en la noche del “trauma puro” – llamo así al trauma que no se puede elaborar, digerir, relatar, simbolizar -.

Lucia se acercó a mí a principios del año anterior junto a padres llorosos. Es traída por ellos. Su aspecto denota un abandono de sí. Está a punto de desaparecer. Los padres ya habían perdido toda autoridad. Es disputada por distintos grupos en donde se consume vorazmente drogas. El “dealer” ya la quiere para sí. Una mujer para un dealer hoy es un valor de cambio importante ya que es “multiuso” (lo sexual, vías de tráfico, etc.). Luego el Síndrome de Estocolmo hará el resto ya que el distribuidor tiene el “alimento” necesitado (las drogas). El Estocolmo implica una dependencia no solo a las drogas sino al esclavizador (una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo) remendando lo que sucedía en los campos de concentración y en los campos de tortura.

Esta es una novela repetida y escuchada por nosotros multitud de veces. La mujer ingresa a un grupo de nuevos desaparecidos. De ellas pocos se ocupan. La captura del otro sigue por distintas etapas: A) cierta negligencia familiar en la educación de los límites junto fracturas en la pareja de padres (incomunicación, separaciones cruentas); B) fracasos académicos evidentes luego de los primeros consumos que se dan alrededor de los 12 años; C) se va generando un ciclo entre consumo de drogas (habitualmente marihuana- alcohol) y depresiones o fenómenos de distanciamiento emocional de la realidad ; D) la abulia acompaña al paciente junto a crisis de excitación mientras la voluntad se va doblegando recordando uno de los principios claves de la entrada en la dependencia como lo es la aparición de la noluntad (Nolición, acto de no querer); E) la carrera de la consumidora va llegando así al ultraje (violaciones, participación en “combos” sexuales, delivery de drogas).

En muchos casos desaparece vinculada a algún grupo de “trata” (siempre asociados a organizaciones multi-delictivas) y trabaja servilmente en otras provincias, en el extranjero o muere sin que nadie pregunte por ella. Con suerte algún familiar la rescata y la pone en contacto con un centro de recuperación luego de algún pasaje judicial.

 

Ayudar a estas familias

 

El monto de stress que viven estas familias es alto. La vida parece ser “trauma puro”. La sobrecarga traumática no puede ser elaborada: noches sin dormir, aparición de personajes extraños en la casa, sobredosis, delirios frutos de intoxicaciones, reproches entre los padres, fenómenos psicosomáticos (crisis hipertensivas, picos de glucemia).

El trabajo de reconstrucción de estos sistemas familiares tan dañados implica acoger el padecimiento, darle palabra a esta sobre-carga traumática. Apostar pacientemente a que todo el grupo se abra a una ayuda eliminando reproches y acusaciones y que las palabras, los llantos y los reconocimientos empiezen a aparecer.

Además la necesidad de consumir (no olvidemos que estas jóvenes no tienen más de 18 años) es imperativa por la inmadurez del sistema nervioso (estructuras frontales superiores del cerebro poco desarrolladas). La adolescencia así se transforma en una edad de alto riesgo hoy con una plena red delictiva en todos los barrios.

Las temeridades que mayor peligro entrañan para la vida, como la conducción bajo los efectos del alcohol, las borracheras de larga duración, solitarias o en grupo, y las relaciones sexuales sin protección constituyen fenómenos habituales en esta etapa. Más del 30 por ciento de los jóvenes conductores fallecidos en el año 2003 al estrellar sus vehículos habían estado bebiendo. Más de la mitad de todos los nuevos casos de VIH se dan en personas de menos de 25 años, lo que hace del SIDA la séptima causa de mortalidad en el grupo de edad de 13 a 24 años. Por término medio (USA), dos jóvenes estadounidenses quedan infectados con VIH cada hora.

 

Ser tutores de resiliencia

 

Cuando hay tanto dolor y adversidad debemos como terapeutas ser “tutores” que ayuden a superar estos dolores. En ellos está también la posibilidad de superación porque si están con nosotros es porque quieren cambiar. Unirnos a ellos (acá nuestra personalidad con su empatía es fundamental) e instalar una esperanza más allá de que piensen que todo está perdido entre largas noches y días de ausencias. Operar sobre estos sistemas familiares se hace totalmente necesario hoy.


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR.

Rifando Adolescentes

 

“La educación transforma la inteligencia biológica en talento humano. El talento no está al principio, sino al final” (Universidad para Padres-España-Marina 2010).

 

Jorge a sus 16 años es traído por sus padres a la comunidad terapéutica luego de un raid delictivo. Él también lo pide. El consumo de marihuana con pastillas desde los 12 años le impide estudiar y su desarrollo adolescente se detiene. La “barra” de un club de fútbol del conurbano lo acerca a las drogas y a la vida masificada. Ya no es él me confiesa. Es llevado casi hipnóticamente por grupos e incluso maneja coches llevando a adultos de la barra que salen a robar. Los padres trabajan y viven cada uno por su lado luego de una quebrantada relación. Lloran y lloran al enterarse de todo. Hay miles así hoy en nuestros centros urbanos. Familias pobremente estructuradas y una adolescencia vulnerable, sin escuela ni oficios. La calle es un escenario en donde desde distintas góndolas se ofrecen sustancias.

Oscar es un joven apuesto que en sus 18 años tiene un buen trabajo en un hotel céntrico. Tiene doble vida. Durante el día trabaja y al salir consume y ahí surge el Otro. Roba en compañía de otros. Los padres también lloran y lloran cuando se enteran de estos dos mundos. Oscar parece un personaje digno de Dr.Jekill y Mr. Hide en la célebre novela de R.L.Stevenson (1886). Jekyll es un científico que crea una poción o bebida que tiene la capacidad de separar la parte más humana del lado más maléfico de una persona. Cuando Jekyll bebe una mezcla se convierte en Edward Hyde y es un típico antisocial. Según se cuenta en la novela, en nosotros siempre están el bien y el mal juntos. Las drogas y especialmente en algunos jóvenes son un factor de disociación de la personalidad y liberan como en ambos pacientes tendencias antisociales.

Describimos, de esta forma, las paradojas del crecimiento adolescente y máxime del desarrollo cerebral en esta época. Edad de máxima vulnerabilidad ya que hay un desbalance entre áreas claves para el futuro de la conducta. Los sistemas emocionales (sistema límbico) se hallan en plena ebullición (inundados por hormonas y mediadores químicos) y los sistemas de inteligencia superior y control de conductas recién terminan de evolucionar a los 25 años (estructuras frontales que nos diferencian de los primates). La adolescencia es una edad peligrosa. Las temeridades que mayor peligro entrañan para la vida, como la conducción bajo los efectos del alcohol, las borracheras de larga duración, solitarias o en grupo, y las relaciones sexuales sin protección constituyen fenómenos habituales en esta etapa.

Los jóvenes de ambos sexos, de edades comprendidas entre 16 y 20 años, tienen una probabilidad cuando menos doble de sufrir un accidente en automóvil que los conductores que cuentan entre 20 y 50 años. Los accidentes de circulación son la principal causa de deceso entre los 16 y los 20 años. Más del 30 por ciento de los jóvenes conductores fallecidos en el año 2003 al estrellar sus vehículos habían estado bebiendo. Más de la mitad de todos los nuevos casos de VIH se dan en personas de menos de 25 años, lo que hace del sida la séptima causa de mortalidad en el grupo de edad de 13 a 24 años. Por término medio (USA), dos jóvenes estadounidenses quedan infectados con VIH cada hora. El 40 por ciento de los alcohólicos informa que empezó a tener problemas con la bebida entre los 15 y los 19 años de edad. Se observan pruebas de afición excesiva al juego y a las apuestas, e incluso casos de ludopatía, entre un 10 y un 14 por ciento de los adolescentes. Típicamente, se comienza a apostar hacia los 12 años. Internet y los sitios de apuesta es un aliado y máxime cuando esta civilización de aparatos no está balanceada por afectos, ternura y cercanía parental.

Cerebro y cultura

 

Este desbalance evolutivo entre los sistemas límbicos (emocionales) y los frontales que culminan a los 25 años de edad (estructuras superiores de control y planificación) no es solo un tema biológico. Es fundamentalmente un tema educativo, cultural en donde intervienen las familias, la mesa familiar, la escuela. Nuestro cerebro se hace con palabras, escuchas, orientaciones.

Por ejemplo, es bien sabido que la maduración de los lóbulos frontales es muy tardía, lo que suele usarse para justificar las conductas irresponsables de los adolescentes. Pero también puede ocurrir que una educación que mantiene a los adolescentes en un estado de irresponsabilidad, como es la nuestra, retrase la maduración de los lóbulos frontales (Goldberg, 2002). Si no ayudamos a pensar a nuestros adolescentes en todas las matrices culturales, en especial la escuela y la casa, vamos condenando al joven a quedar a expensas de sus pulsiones anárquicas.

Como nos enseña Eric Jensen (neurocientífico): “…el aprendizaje cambia la estructura del cerebro porque altera la expresión genética. Los genes juegan su papel a lo largo de toda nuestra vida, no por lo que heredamos, sino a través de lo que aprendemos”. La vida se hace con la cultura, la educación, la ética de los modelos que nos transmiten valores y sobre esto Jean-Pierre Changeux, un gran neurólogo nos dice: “El cerebro es un sistema neuronal motivado”.

La motivación surge desde el Amor del Otro (padres, profesores, maestros, etc.). Cuando esto falla surgen otros Poderes motivadores y precisamente las drogas “copan” los sistemas motivacionales (sistema límbico) y nos condenan a la peor de las pobrezas que es el no poder crecer hacia la libertad. La neurociencia nos enseña que la libertad no está al principio sino al fin de la educación; la libertad es una conquista y para ello debemos aprender y nos tienen que transmitir y también necesitamos renunciar a ciertos “cánticos de sirena” (canto que hacía enloquecer a quien las escuchara) como Ulises le enseñaba a los marineros cuando pasaban por ciertos lugares ya que de lo contrario se perdían como seres libres (La Odisea). Hoy los “canticos de sirena” de la Odisea serían las drogas por ejemplo así como todos los “combos” de la tecnología ligada a las perversiones sexuales, la violación , la pederastia, el juego, etc.

Vulnerabilidad Adolescente

 

El cerebro adolescente es un cerebro en construcción. Esta construcción requiere cuidados de la cultura que está representado por el capital humano y social de una comunidad (familias, escuelas y redes institucionales). El cerebro se construye con palabras. Las neuronas “aman” las palabras. De lo contrario aparecerán las 10 plagas de Egipto (metáfora en los estudios bíblicos de las diversas calamidades que azotan a las comunidades si no aceptamos una cierta Ley). La adolescencia representa una edad crítica para la aparición de distintas enfermedades mentales, trastornos de ansiedad, bipolar, depresión, anorexia, bulimia, adicciones, psicosis. El 50 % de las enfermedades mentales que sufren las personas ya las han adquirido a los 14 años, una cifra que se eleva al 75% a los 25 años.

Al mismo tiempo la adolescencia representa el periodo de vida en el que se goza de mayor salud: el sistema inmunitario, la resistencia al cáncer, la tolerancia al calor o al frio y otros indicies alcanzan valores máximos. Mas a pesar de esta robustez física las enfermedades y los fallecimientos resultan en esa edad dos o tres veces más frecuentes que en la infancia (accidentes, homicidios, suicidios) así como embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y conductas punibles en prisión.

En nuestro país se ha descuidado la educación preventiva al uso de drogas, alcohol y conductas de riesgo. Hoy la epidemia habla y en algunos lugares ya es pandemia (fenómeno sanitario descontrolado).


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR

Dolores sociales y drogas

 

“…o dejas las drogas o no me ves más” (dichos de una hija de 16 años a su madre de 39)

 

Las escenas se repiten en donde la pandemia, en ciertos sectores sociales, habla. Una adolescente se transforma en Ley para su madre, una mujer de más de 20 años de consumo y que al fin decide un camino de recuperación. Otro me dice soy de la década del 90 y me quedo sorprendido con su mención; me narra que comenzó a consumir entre boliches y VIP o desde Villas con riesgo de daño a sí mismo. Diez internaciones transforman a este hombre maduro en un ser vencido y con hijos abandonados. Le hablo apelando a elevar una autoestima caída con una depresión que delata a un ser ya sin fe digno de un tango de la década del 30 “en tu total fracaso de vivir ni el tiro del final te va a salir…estás desorientado y no sabes que trole hay que tomar para seguir” (tango “Desencuentro” del poeta Catulo Castillo). “Vivís en un corso a contramano y querés cruzar el mar y no podes, ya sin fe…si hasta Dios está lejano…sangras por dentro” sigue diciendo el poeta. Decide tratarse, dice esta vez en serio, hablándome de todas las trampas en que su enfermedad y él mismo lo hacen caer.

Oscar me habla en sus 16 años que desde los 11 consume. Vive en una zona de frontera con Paraguay y su madre le debe dar 600 pesos para satisfacer su dependencia ya que de lo contrario vendrá el ataque explosivo. Se “hermana” con su “farmacéutico perverso del alma” (el dealer”) y éste lo manipula para que guarde drogas en su casa. Así lo va comprometiendo delictivamente. Varios intentos de suicidio ligados a sus desbordes hacen que necesite una internación en una comunidad terapéutica.

Son las épocas de la epidemia que en algunos lugares es pandemia (fenómeno sanitario descontrolado) y que ya es un fenómeno endémico en una gran población que quedó cautiva (reservorio de pacientes con grandes déficits y deterioros). Unos representan el alucinante momento de los 90 con la droga como circuito nocturno fundamentalmente, pero todavía con una sociedad no perforada por la oferta y con un nivel de rechazo al consumo de tipo cultural importante. El chico de 16 representa ya una sociedad que desde los 2000 queda perforada en lo social y con un amplio avance de la oferta y con una cultura de aceptación social de las drogas.

Prefiero narrar historias porque Ud. las vive en su barrio o en su familia. Podemos dar número pero estos son en su abstracción un relato pobre de la realidad aunque sirven para cuantificar el problema. Según el Observatorio de la SEDRONAR, entre 2010 y 2017, aumentó el consumo de marihuana entre jóvenes un 200% y de cocaína un 300%. En el 2010 uno de cada 100 adolescentes consumía marihuana, en el 2017 3 de cada 100. Con relación a la cocaína los que consumieron en el último año alrededor del 30% ya es dependiente (necesita un consumo voraz diario). Uno de cada 2 jóvenes entre 12 y 17 años usó en forma abusiva alcohol. La tolerancia social al consumo es enorme y se cree que no es dañina en un porcentaje que se duplicó en esos 7 años.

Al mismo tiempo los niños y adolescentes comprueban que es fácil conseguir drogas (50% la tienen a “la mano”).

 

¿Cómo llegamos a esto?

 

Los primeros signos de la epidemia surgen a fines de los 80. Desde ahí surgen estructuras públicas unidas a organizaciones de la comunidad que formulan planes provinciales y con una matriz nacional fuerte con formación de recursos humanos (líderes comunitarios) y redes de asistencia (centros de escucha, admisión, desintoxicación, comunidades terapéuticas , hogares de día). Se genera un  marco normativo en el Ministerio de Salud Pública que permite la habilitación de centros y la Provincia de Buenos Aires habilita más de 150 centros públicos y gratuitos de asistencia con un trabajo muy fuerte en la sociedad para generar una cultura preventiva. A fines de los 90´ se empieza a ver una reducción de la prevalencia de la epidemia debido a un énfasis en la detección precoz a los cuidados que los adultos debían proporcionar a los jóvenes y niños desde la familia, las escuelas, clubes barriales ,etc.

A partir del 2000 cambia la historia del problema y la práctica en la sociedad. Si antes se proponía cuidados frente al consumo de drogas (por los daños y máxime en edades de alta vulnerabilidad) ahora se va promocionando un consumo cuidado y responsable sin tener en cuenta edades ni momentos de la vida. Triunfa la tolerancia y la aceptación social e incluso en las escuelas se va transmitiendo este mensaje. La “marihuana no daña” se transforma en un slogan. Ninguna mención a las vulnerabilidades y a la función de este alucinógeno en la híper-producción de dopamina (mediador químico) y la apertura al consumo de otras drogas.

Al mismo tiempo desde el 2010 se suspende la habilitación de nuevos centros de tratamiento (normativa todavía existente) y su cierre en el 2020. Absurdo que lleva a confundir a los centros de tratamiento con los manicomios que son los que deberían cerrarse o transformarse. En plena pandemia no se pueden habilitar centros y van surgiendo centros ilegales de atención con personal no adiestrado ni habilitado profesionalmente porque la epidemia habla y las familias no saben dónde atender a sus hijos

Así pasamos del intento de reducir la prevalencia de la epidemia (logrado esto a fines de los 90) a la explosión pandémica de la actualidad.

 

Implantación del Mercado de las Drogas

 

Así con una población cautiva sin cultura preventiva y escoriada en lo social por distintos fenómenos y soportando los embates de la cultura tecnológica y de la post-modernidad (vínculos familiares frágiles, abandonos, desapego, inatención, etc.) comienza la tragedia argentina con la implantación del comercio y venta de drogas desde los 2000.  Esto tiene 3 etapas:

  1. Comenzando el siglo se irradian las células delictivas y la infiltración en circuitos de miseria y marginación y en circuitos VIP.
  2. Entre 2007/10 marca la introducción de los carteles caribeños, mexicanos y otros países vecinos con narco-crímenes por la disputa de territorios de venta y distribución.
  3. Desde el 2010 surgen los brazos armados, distribución de territorios , militarización crecientes con acantonamiento en ciertos lugares aprovechando todas las fronteras aéreas, fluviales y terrestres junto a cocinas de producción con alta rentabilidad mientras el tejido social se seguía escoriando y ya sin cultura preventiva y déficit de redes asistenciales. Negocio redondo con redes de distribución y comercialización que llegan a todas las localidades con infiltración e incluso dominio de áreas judiciales y de seguridad.

Los  últimos estudios muestran que los países que no generan una cultura preventiva van camino a la pandemia frente a la sobre-oferta de sustancias (tercer negocio mundial en expansión después del petróleo y las armas). Los aliados de la epidemia son: la alta disponibilidad “a la mano” de las drogas, la promoción de la banalización de los daños de las drogas, ignorar las vulnerabilidades, un marketing publicitario proclive al consumo y las falta de recursos familiares (grupos destruidos, fragmentados, etc.).

En esto estamos y ahora con la entrada al consumo de varios miembros de la familia todo tiende a agravarse. Es un grupo en donde varios consumen configurándose así lo que hoy se denominan las familias Multiproblemáticas (múltiples patologías en su seno, falta de cuidados parentales, consumo entre hermanos, padres e hijos, etc.). Tenemos que remontar años de decadencia .La cultura preventiva debe ser reflotada.


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA y Miembro del OPRENAR

Hacia una sociedad sin sujetos

 

“El tabaco es de derecha y la marihuana, de izquierda…” Julio Sanguinetti-ex presidente Uruguay

 

Dr. yaria

Dr. Juan Alberto Yaria – Director General GRADIVA y Miembro del OPRENAR

Las drogas son la forma moderna de la “doma” social, por eso los grandes líderes del mundo, desde Kennedy hasta los del viejo orden comunista, hacían de la lucha preventiva una bandera (no olvidarnos la epopeya de las dos Guerras del Opio por los chinos). Ahora parece no ser así. Las guerras se ganaban con drogas, ahora desde la paz se ganan voluntades con las drogas.

La disociación es una manera de desconocernos y de no conocer la realidad. Lo que duele o no nos gusta no forma parte de nuestro campo “visual” psicológico e intelectual. Nuestra comprensión de lo que es desde el otro hasta la realidad se estrecha. La disociación es un rasgo que puede ser nuestra “sombra”, obnubilando el conocimiento de nuestra realidad. No reconocemos una parte de la vida. La escisión y la negación nos persiguen y así nos transformamos en “enanos” en el conocimiento de la realidad. En la vida y en las sociedades a veces funcionamos disociadamente. Vemos una parte de la realidad y no vemos otras. Miopías en la cultura y en la vida cotidiana.

La marihuana es un triunfo por su consumo masivo del marketing político unido a una red de comercialización enorme negando evidencias científicas. Es una forma post-moderna de colonización social con un discurso tentador que parece encubrir el vacío en nuestras sociedades.

 

La invasión de espacios sociales

 

Dos familiares muy directos me cuentan que la marihuana presidía encuentros sociales. En la cancha de River con sus hijos en una platea tuvo que apartarlos por la masividad del consumo de marihuana desde jóvenes a adultos. El otro me relata que en una fiesta de jóvenes maduros, la mayoría ya casados, el dueño de casa obligaba a los que fumaban cigarrillos con nicotina a ir al balcón y los que fumaban marihuana podían estar en la habitación cerrada. Esto no solo ocurre en espacios sociales sino también en espacios profesionales y científicos. Muchos profesionales defienden el uso de marihuana desde el fanatismo desatendiendo los datos cada vez más claros de investigaciones sobre los efectos no solo tóxicos, sino también adictivos de este estupefaciente.

Pero se ha impuesto como una señal de progresismo. Por eso, el ex Presidente uruguayo indica que es la señal de la Nueva Izquierda que a su vez ataca a la nicotina con énfasis aún cuando el “porro” es mucho más cancerígeno que el tabaco.  Por ello, me voy a referir a tres temas:

A. La población que consume marihuana tiene más posibilidades de consumir otras drogas; en este caso Uruguay es un experimento social interesante ya que no solo aumentó el consumo de marihuana sino el consumo de cocaína. El cerebro no puede resistir pruebas tóxicas y hay una neuro-adaptación al uso de drogas facilitado por el consumir marihuana. Es un “abre puertas” en los receptores cerebrales a todo tipo de sustancias por la manipulación de la dopamina que es el efecto del consumo de THC (tetra-hidro-canabinol).

B. Olvidamos que no solo es tóxica y modifica alucinatoriamente el espacio perceptivo sino que es adictiva y máxime, hoy, con los índices genéticamente manejados de mayores dosis de alucinógenos en las plantas. Los que están en mayor riesgo son los que tienen un historial familiar de enfermedad mental y los que han sufrido abuso físico o sexual. Algunos legisladores olvidan que el 9 % de los consumidores va a desarrollar una adicción (informe del NIDA-Instituto de drogas de USA).  Además este organismo señero en el tema de drogas nos enseña que el riesgo sube al 17% (uno de cada 6 personas) entre aquellos que comenzaron a consumir marihuana en la adolescencia y la pubertad, como hoy claramente sucede en nuestro país, y aumenta del 25 al 50% en los que la consumen a diario.

C. Los varones adolescentes que utilizan regularmente marihuana tienen un mayor riesgo de experimentar síntomas psicóticos subclínicos, persistentes, en particular paranoia y alucinaciones, incluso después de dejar de usar la droga, sugiere un estudio reciente. En la población adolescente la esquizofrenia tiene una incidencia del 1% en la población general; en estudios multicéntricos dirigidos por el Dr. Negrete.R (psiquiatra argentino) de la Univ. McGill de Canadá en los fumadores de marihuana asciende al 8%.

 

Estilos de vida negados

 

La ideología de la Nueva izquierda que pregona el consumo de marihuana niega la existencia del cerebro y sus daños. Desde la década del 90, los estudios de los daños funcionales y estructurales de la marihuana y de otras drogas es relevante. La alteración del sistema de motivaciones y del placer ha sido descripta por los científicos como de un verdadero “secuestro”. De ahí la hipo-motivación que surge del consumo crónico.

Estamos en la generación Y (fruto de la tecnología) en donde no se concibe un mundo sin Internet y un déficit de encuentros e intimidades como así también de funciones parentales. Pero también estamos medio de la generación Q (química), que creció en el vacío de la soledad y la permisividad y dentro de un marketing político y cultural grande. No se conciben hoy salidas de fin de semana sin consumo de sustancias y así se termina con: a) alteraciones psiquiátricas (ataques de pánico, excitaciones); b) psicosis tóxicas (delirios tóxicos, alucinaciones); c.) traumas (accidentes); d) trastornos cardíacos, renales, respiratorios, etc.

Progresivamente vamos quemando nuestro sistema nervioso ya que el cerebro se altera en forma circunstancial y permanente por la invasión de tóxicos. Recordemos que hay estilos de vida que retrasan el envejecimiento de las neuronas y de todo el tejido nervioso y así, olvidamos disociadamente promover no drogarnos, actividad física, comidas basadas en frutas y verduras, buscar relaciones sólidas y sanas, manejo del stress, respetar nuestros ciclos circadianos (dormir de noche y vivir de día). En fin, olvidamos la vida en su profundidad.

La “sociedad sin sujetos” nos puede devorar bajo la tentación del espectáculo y el vértigo. Nos transformamos en una sociedad de “jóvenes viejos” y envejecidos cerebralmente en forma precoz.


 

 

 

Las locuras y el desamor

 

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Dr. Juan Alberto Yaria Director General de GRADIVA y Miembro de OPRENAR

 

“…solo lo que ha sido raíz, tendrá mañana…” Poeta Luis Rosales (España). Premio Cervantes 1982.

 

 

 

 

Jorge es traído luego de varios intentos de suicidio. Anoréxico y bulímico en sus 16 años consume drogas desde los 12 años. La diabetes y la hipertensión también lo acompañan. El relato de esta historia no tiene nada que ver con lo que me dice o más bien me clama. Es un joven inteligente, deseoso de reconocimiento y de escucha. La disonancia entre su historia y su demanda asaltan mi curiosidad. Es un conjunto de preguntas sin respuestas. ¿Dónde está mi padre? ; ¿Quién me cuida?; ¿Dónde encontrar a mi madre?. Nacido sin el reconocimiento del padre lo aborrece y sabiendo donde está no lo quiere ver. El que lo reconoció y con quien tiene una deuda de gratitud tampoco está en la vida de la madre. Su infancia transcurre entre abandonos y desapegos.

No pudo echar raíces en ningún lado. Las raíces dan un lugar y precisamente la locura es el no-lugar (locus=lugar). La enfermedad (in-firmus) es la respuesta a la falta de firmeza del suelo nutricio emocional. Son tiempos de falta de raíces y por ende de incertidumbres y de discontinuidades. La cultura actual en su post-modernidad olvidó el suelo nutricio emocional que necesitamos para crecer. Las drogas y las enfermedades más crudas de la adolescencia abrevan en estos “agujeros” de esta post-modernidad. Vacío frente a suelo firme.

Quien habla de raíces desde la poesía como Luis Rosales nos quiere mencionar a la identidad que es la base y sostén de nuestras vidas y “pasaporte” para tener un proyecto y porvenir aunque esto hoy suena a antiguo especialmente cuando vivimos en tiempos tan “deshilachados”. Para el poeta desde las raíces se funda la identidad como base misma de nuestro ser y por ende el futuro.  Z. Bauman nos alerta sobre esto cuando dice que ya no es tiempo de raíces sino de anclas. Ya no es el árbol y dentro de estos el roble la metáfora de un crecimiento sino el barco que va de puerto en puerto levando anclas. Nada permanece, todo muta. No hay figuras estables, el drama es cómo podemos crecer así .Todo el psicoanálisis y la psicología evolutiva del niño y adolescente escribió y enseñó sobre los vínculos estables de los padres con los hijos en la primera infancia. Otros hablaban del apego y de las patologías del desapego. Así innumerables autores y clínicos excelentes de la infancia han mencionado el papel excelso del cuidado. ¿Quién habla de vínculo familiar hoy?.

Tiempos de abandono

 

Los niños suelen ser los abandonados en esta sociedad así como los viejos y los migrantes. Tiempo de desplazados. Miles de no reconocidos como Jorge nos circundan. Victimas que luego se transformarán casi con seguridad en victimarios que en algún momento como Edipo maldicen el momento de haber nacido y ejecutan sobre sí o sobre otros una venganza.

De 770.000 nacimientos en el 2015, 108.000 son de menores de 19 años y 2.787 de niñas entre 10 y 15 años. El 15 % de los nacimientos en menores, es por violencia y abuso sexual.

En Misiones , Chaco y Formosa las madres menores de 15 años representan el 25% del total. Abandonan la escuela desde esa edad y cuanto menor es la edad, mayor es la incidencia del abuso sexual. El abandono es también abandono de sí ya que el 60% de las chicas no aceptan ningún método anticonceptivo gratuito. En la Argentina hay casi 6 millones de niños-adolescentes de 10 a 18 años y ésta es una población en riesgo muy alta ya que a la crisis del mundo adulto en cuanto a vínculos estables se le agrega la oferta de la huida de un mundo sin suelo firme a través de las drogas como lubricante alucinatorio fugaz pero efectivo.

Parecería que en este mundo sobran los niños. Están fuera del libreto social. En un mundo de mercado porque no cambiar de pareja cuando ésta no funciona más como hacemos con un celular que ya está pasado de moda. El niño parece ser la colisión inconsecuente de un azar biológico. Lo excepcional acerca de los niños es que las parejas no pueden cancelar este contrato mutuo como si el hijo fuera un canje .

Amor y reconocimiento

Los griegos hablaban de dos Dioses Eros y Thymos. Eros es posesión, frenesí y Thymos es reconocimiento. Lo mejor para todos es que funcionen juntos. No hay Amor sin reconocimiento del otro y sin un acogimiento hospitalario. En términos del gran filósofo E.Levinas amar es “vivir con y vivir para”.

Pero nuestros jóvenes no pueden vivir sin familia y se juntan los débiles (de afectos e inermes de identidad) en clanes y Tribus. Surgen las tribus urbanas que colectan sus miembros de familias dislocadas (disgregadas), tóxicas (varios en carrera de consumo), traumáticas (lacerados por diversos stress) y nominales (solo existen como presencia vacía sin transmisión de contenidos valorativos). El psiquiatra español Enrique Rojas nos enseña en sus últimas conferencias que la verdadera  epidemia de hoy son las parejas rotas.