Entrevista a Jorgelina Devoto, Coordinadora de la Comisión de Prevención Social, Tratamiento y Rehabilitación.

La Mag. Jorgelina Devoto, Coordinadora de la Comisión de Prevención Social, Tratamiento y Rehabilitación del OPRENAR, fue entrevistada por Paulino Rodrigues en el programa televisivo “La Lupa” , que se emite en Canal 26.

Hacer clic en la imagen para ver la entrevista completa.

Jorgelina en la Lupa

Fuente: http://paulinorodrigues.com.ar/

 

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DTP – Diplomatura en Transparencia Pública y Prevención de la Corrupción

 

La corrupción es reconocida mundialmente como uno de los grandes males sociales, que desapodera de recursos al país, debilita las instituciones del Estado, la democracia participativa y la justicia social. Además, con asiduidad, los actos de corrupción ocultan otros delitos graves como el tráfico de estupefacientes y la trata de personas, entre otras manifestaciones del crimen organizado. Cuando la sociedad percibe la presencia de funcionarios corruptos en la administración pública, la ciudadanía se ve defraudada, lo que genera desconfianza hacia las instituciones del Estado.

La Diplomatura aborda el fenómeno de la corrupción desde una perspectiva social, económica, política, empresarial y judicial. La capacitación es indispensable para lograr un cambio cultural que rehace todas sus manifestaciones, en el sector público como en el privado. Para lograrlo, se requieren principios de transparencia y prevención, fomentar una conducta ética y desarrollar un Poder Judicial y un Ministerio Público Fiscal fuertes, independientes, imparciales y libres.

 

Director: Diego Sebastián Luciani.

 

Detalles administrativos

  • Duración: 4 meses.
  • Cantidad de horas totales: 92 (60 presenciales – 32 no presencial).
  • Cantidad de horas semanales: 3 horas (en 1 día)
  • Día y hora: jueves de 18.00 a 21.00
  • Inicio: 16 de agosto 2018

 

Para mayor información y plan de estudios, aquí.


 

Los invitamos a leer la nota: “Preocupa la connivencia entre narcos y funcionarios políticos, jueces y policías”

 

Se solidifica como una certeza: para prácticamente todos los argentinos el narcotráfico es un problema grave, en un país, el nuestro, que ya es un lugar tanto de consumo como de contrabando y elaboración de drogas. Pero lo más novedoso es la creciente preocupación por la eventual connivencia entre los mercaderes de las sustancias ilegales con sectores de la policía, de la Justicia y de los distintos niveles de gobierno.

Esas son las principales conclusiones del más reciente informe sobre la temática realizado por el Centro de Investigaciones Sociales de la Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa) y la consultora Voices!, en el contexto del Día Internacional de Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que se celebra mañana.

El estudio, basado en entrevistas personales domiciliarias a 1001 ciudadanos mayores de 16 años de todo el país, se hizo en el marco de las acciones del Observatorio de Prevención del Narcotráfico (Oprenar), surgido de una iniciativa interinstitucional vinculada a entidades y actores del sistema educativo argentino, en especial, del ámbito universitario público y privado.

“Es un problema considerado grave y hasta muy grave por la población. Del relevamiento surge que se considera a la Argentina un país de consumo, pero también de tránsito y elaboración de drogas. Se destacan el pedido de mayor control de la oferta de estupefacientes y el reclamo recurrente de leyes más duras y de mayor control fronterizo. Este año, más de la mitad de los encuestados consideraron que el consumo de sustancias ilegales es un problema social de salud pública, más que uno familiar o individual. Y en determinado nivel socioeconómico -en especial, en el medio y medio bajo- preocupa el consumo de drogas en los barrios”, dijo a LA NACION Solange Finkelstein, profesora investigadora de la Fundación UADE.

Del informe surge que prácticamente todos los encuestados (96%) consideran que el narcotráfico es un problema “grave”. Seis de cada diez advierten que es, en realidad, “muy grave”. Esta percepción se mantiene estable en relación con el sondeo realizado el año pasado.

De manera casi unánime se manifestaron los entrevistados en cuanto a que la Argentina es un país de consumo de estupefacientes. Siete de cada diez personas opinaron que el país también está atravesado por el tráfico de drogas. Estos guarismos también se mantienen estables en relación con el informe de 2017.

En cambio, y como no había ocurrido en las mediciones anteriores, la posible “colaboración del narcotráfico con sectores del poder público, tales como la policía, funcionarios de gobierno o de la Justicia” apareció como la temática relativa a las drogas que genera mayor preocupación en la población: casi cuatro de cada diez encuestados (36%) opinaron en ese sentido.

El contexto noticioso agrega, en este punto, una posible explicación. Desde que el año pasado fue detenido el intendente de Itatí, Corrientes, como integrante de una organización criminal transnacional que traficaba inmensos volúmenes de marihuana desde Paraguay para abastecer a, por lo menos, siete provincias argentinas, el término “narcopolítica” se convirtió en una categoría más en la caracterización de la problemática.

A ese caso se sumaron el del exjuez federal de Orán, Raúl Reynoso, actualmente enjuiciado por beneficiar con sus resoluciones a narcotraficantes que operaban en la frontera con Bolivia y, aun más acá en el tiempo, el reciente procesamiento del intendente radical de Paraná, Sergio Varisco, por el presunto financiamiento de la distribución y el comercio de estupefacientes en la capital entrerriana. Efectivos de fuerzas de seguridad federales y provinciales aparecen casi cotidianamente implicados en el tema.

Detrás de la eventual connivencia entre dealers y funcionarios estatales que, a cambio de dinero, les facilitarían las operaciones por acción u omisión, aparecen preocupaciones históricas: la iniciación en el consumo de drogas a edades cada vez más tempranas, el aumento general en el uso de estupefacientes y el crecimiento de las grandes mafias o carteles del narcotráfico.

La eventual legalización del consumo de drogas llamadas “blandas”, como la marihuana, divide aguas, con un leve predominio de quienes están en contra de una iniciativa de ese tenor. Están mayormente de acuerdo con la descriminalización los más jóvenes, las personas de nivel socioeconómico más alto y los residentes en la Capital Federal.

A tono con la percepción de que el uso de drogas es un problema social de salud pública, las acciones tendientes a la reducción de la oferta (el combate del narcotráfico) obtienen mayor adhesión que las que tienen por objeto reducir la demanda (prevención de las adicciones).

Al respecto, la Oprenar fijó su postura: “Para erradicar el narcotráfico es imprescindible que la sociedad tome conciencia de las consecuencias del consumo de estupefacientes. Resulta fundamental actuar sobre la demanda, poner a la persona en el centro del problema y desarrollar acciones concretas para estimular en todos los ámbitos el deseo de que la sociedad toda pueda vivir una vida digna en libertad, lejos de la esclavitud de las drogas”.

26 de junio: Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas

 

En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el Observatorio de Prevención del Narcotráfico (OPRENAR) manifiesta que, para erradicar al narcotráfico, es imprescindible que la sociedad tome conciencia sobre las consecuencias del consumo de estupefacientes.

Consideramos que resulta fundamental actuar sobre la demanda. Es necesario poner a la persona en el centro del problema y desarrollar acciones concretas para estimular en todos los ámbitos el deseo de que la sociedad toda pueda vivir una vida digna en libertad, lejos de la esclavitud de las drogas.

El OPRENAR monitorea el avance de las políticas públicas integrales para prevenir el narcotráfico en el país, al tiempo que promueve acciones de toma de conciencia social en torno a la problemática de las drogas y la necesidad de su prevención, tanto desde la oferta como la demanda.


 

Jornada de Prevención y Seguridad: Se debatieron los avances en la prevención del narcotráfico y las adicciones en la Argentina

 

Expertos y autoridades gubernamentales debatieron sobre los avances en materia de prevención del narcotráfico y las adicciones en la Argentina. Fue en la “Jornada de Prevención y Seguridad” realizada en Lanús, y organizada por el Observatorio de Prevención del Narcotráfico – OPRENAR – y ese Municipio.

En la apertura del evento,  Néstor Grindetti, intendente de Lanús, expresó: “vemos en primera persona el flagelo de la droga. Entendemos que es una problemática muy difícil y prioritaria, y tenemos la convicción y el compromiso social para dar la lucha contra el narcotráfico a nivel nacional, provincial y local”. Por su parte, Diego Kravetz, Jefe de Gabinete de Lanús, detalló el trabajo que realiza el Municipio con el apoyo del gobierno provincial y nacional con el fin de eliminar la droga de los barrios y facilitar a la población herramientas de progreso. “Si no barremos con la droga, todo lo que hagamos en educación no nos servirá. Por eso, todo lo que hagamos y lo que hagan las instituciones educativas es fundamental”, indicó Kravetz al referirse al trabajo conjunto con OPRENAR.

Asimismo, el Lic. Horacio Reyser – Coordinador de la Comisión de Prevención Educativa – manifestó su preocupación por un aumento en el consumo de drogas en nuestro país y en el mundo. “La edad de inicio del consumo es cada vez más baja” señaló en relación a casos de niños que ya a los 8 años son víctimas de este flagelo. La Mg. Jorgelina Devoto, Coordinadora de la Comisión de Prevención Social, Tratamiento y Rehabilitación del Adicto del OPRENAR,  alertó que “hay una enorme tolerancia social a los consumos que lleva a que los chicos se vean permanentemente incitados a todo tipo de consumos”.

Guillermo Marcó, Titular de la Fundación Pastoral y Coordinador del OPRENAR, destacó su preocupación en relación al consumo de cannabis y alertó que hoy en día está modificado genéticamente con una mayor capacidad de adicción en el cerebro y de destruir neurotransmisores.

El Dr. Guillermo Marconi, Coordinador General del OPRENAR, destacó los avances en materia de decomiso de drogas y señaló como una deuda pendiente el tratamiento de las adicciones. En relación a la despenalización del consumo de cannabis en Uruguay, Marconi alertó que el costo en el mercado negro no había descendido, y señaló, en relación a ese país, un aumento del 100% en la cantidad de homicidios como consecuencia de delitos en el primer cuatrimestre de 2018.

En materia de seguridad, el Dr. Claudio Stampalija expresó que “se empezó a madurar y a dejar esa idea de que si nos capacitamos con fuerzas de seguridad del exterior estamos vendiendo el país” y remarcó la importancia de “continuar aprendiendo de otros países que han tenido éxito en la lucha contra el narcotráfico”. “Creemos que los resultados han sido bastante positivos. De los últimos estudios, se ha determinado que un 70% de las causas en donde hay detenidos miembros de organizaciones criminales importantes,  ha sido gracias a una inteligencia mucho más incisiva en distintas partes del territorio nacional” destacó Stampalija.


 

Policiólogos

 

Compartimos con ustedes una nota del Sr. Diego Corbalán en donde entrevista, entre otros, al Coordinador de la “Comisión de Políticas de Seguridad” del OPRENAR, el Dr. Claudio Stampalija.

Aquí, les dejamos la nota.

 


 

Probablemente suene raro que los policías hagan sociología. Así lo hicieron tanto el jefe de la policía Bonaerense como el de la Federal, a quienes también se sumó su par de la Policía Nacional de Uruguay.

Se aventuraron en una difícil tarea científica: explicar el delito a partir de cuestiones sociales. Y lo hicieron probablemente sin un gran dominio del asunto. Pero se animaron, como no siempre lo intenta la dirigencia política.

La primera reflexión sociológica del asunto fue del jefe de la Bonaerense, Fabián Perroni, quien vinculó el deterioro de las condiciones sociales con el delito. “Hay un problema social, que es obvio, que hace que la persona que tenga la necesidad de comer, por definirlo de alguna manera, (delinca), lo que hace que el delito más simple aumente”, argumentó. Su par de la Federal, Néstor Roncaglia salió en su apoyo, al menos parcialmente. “Coincido en parte (con Perroni), puede ser una de las causales”. Pero aclaró que “en alguna medida puede incidir la necesidad, pero el que tiene hambre a lo mejor roba un supermercado, no a una persona y le saca su dinero y ese dinero es invertido en disfrute personal de esos delincuentes”.

Cruzando el charco, en Uruguay, el tema no es ajeno. El director nacional de la Policía advirtió que si el Estado no logra frenar la espiral ascendente de violencia y la marginalidad puede terminar en un escenario como el que afrontan actualmente El Salvador o Guatemala. El temor es que el vecino país termine en un contexto de acecho de pandillas urbanas, delictivas, y brutales.

Para explicar este escenario, Mario Layera, al igual que sus colegas argentinos, puso énfasis en el aspecto social. Advirtió que las bandas, por ahora, no “no están muy organizadas u estructuradas”, pero aventuró: “El Estado se verá superado, la gente de poder económico creará su propia respuesta de seguridad privada, barrios enteros cerrados con ingreso controlado y el Estado disminuirá su poder ante organizaciones pandilleras que vivan de los demás, cobrando peaje para todo”.

El jefe de la policía uruguaya no hizo más que desplegar un futuro para su país que es bastante parecido al presente de nuestra Argentina. Pero el análisis del jefe policial vecino no quedó ahí: también opinó sobre las recetas para contener el flagelo social de la delincuencia pandillera. Dijo que se precisa más trabajo social para contener la marginalidad y evitar que ello derive en mayor delincuencia y agregó: “Se precisa, por ejemplo, un control estricto de la concurrencia a las escuelas y que se llegue al retiro de la patria potestad”.

En el “paisito” la cosa se está poniendo fea y el examen de este jefe policial apunta a contener socialmente a los sectores más vulnerables, especialmente los jóvenes a la deriva en los barrios populares.

Parece que de la sociología policial a los hechos hay solo un trecho que debe cubrir la política. Y francamente no sabemos si lo está haciendo. Y si lo está ejecutando, sospechamos sobre su eficacia. Volvamos a nuestra Argentina.

En tiempos de “Cambiemos” como gobierno, no hay dudas de que el Estado está destinando recursos de todo tipo para combatir al denominado gran delito. Se trata de una modalidad protagonizada por estructuradas bandas de delincuentes dedicadas, por ejemplo, al narcotráfico.

En ese sentido, el gobierno de la provincia de Buenos Aires cristalizó la cruzada bajo la definición de “lucha contra las mafias”. El golpe viene sacudiendo a grupos dedicados al contrabando, narcotráfico y juego clandestino. También llega a darle a las bandas enquistadas en el Estado, como las desbaratadas dentro de la policía bonaerense y en el servicio penitenciario provincial. Sin dudas, estas acciones contribuyen a reconstituir la sensación de seguridad.

Pero resulta insuficiente en el contexto de un tejido social que no logra fortalecerse desde hace décadas, apenas restablecido por la recuperación económica en tiempos del “kirchnerismo”. Sin embargo, durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, las bandas delictivas crecieron y se desplegaron no sin complicidad de la propia política. O por lo menos, lo hicieron ante la vista gorda de la dirigencia de turno.

Para el abogado penalista y especialista en Criminología, Claudio Stampalija, hasta ahora la política negó las razones sociales del delito, las que están cimentadas en la marginalidad que padecen millones de argentinos. Las grandes bandas pueden explicar parte del deterioro social de esas barriadas, pero más bien se valen de ese contexto de fragilidad.

En ese sentido, para Stampalija, asociar pobreza con delito es peligroso:”Se habla de pobreza en un concepto amplio, pero ella no es un disparador en sí misma. Lo que dispara al delito es la exclusión social, cuando la vida no es digna. Se da cuando no hay acceso a la salud, a la educación.Para el criminólogo, marginalidad es la palabra que mejor describe a la exclusión social (…) No hay provincia argentina que no esté plagada de barrios con gran vulnerabilidad social”.

En ese desamparo se cocinan entonces algunas de las explicaciones para entender al delito, en las cuales la delincuencia organizada suele meter su cucharón oportunista.

 

Policías molestos

 

Incomoda que los policías hablen y den explicaciones sociales sobre la delincuencia.

El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, se refirió al asunto no sin un dejo de fastidio, luego de las declaraciones del jefe de la Bonaerense, Fabián Perroni. “Su respuesta no fue clara al referirse a décadas de marginalidad y de falta de voluntad del estado para enfrentar a las mafias, lo que sí está claro es su gran compromiso con este Gobierno para producir un cambio profundo de esta situación”, argumentó Ritondo.

El funcionario antepuso la importancia de darle duro al delito de escala, pero sin dar explicaciones (como sí las intentó el jefe policial) sobre los motivos del delito cotidiano, el que arrebata celulares, carteras, entra en las casas y hasta mata por un auto.

Por su parte, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, fue menos diplomática y más filosa.”Los policías hablando de política son un poquito… digamos que su declaración no fue de lo más feliz”, ironizó la funcionaria. Y agregó: “Primero, porque la pobreza en la Argentina bajó; segundo porque estamos haciendo una intervención en los barrios más complicados y vulnerables del país”.

Retomando las palabras de Claudio Stampalija, “pobreza no es igual a marginalidad”.

Para el director de Centro de Estudios para la Prevención del Delito (CEPREDE), incluso “es saludable” que los jefes policiales den su mirada sobre el asunto. Sin embargo, “el país no está acostumbrado a que jefes policiales hagan declaraciones de este tipo. No hay experiencia. A los políticos argentinos no les gusta. A mí me parece sano, mientras no se metan en roles ajenos a los de la policía”.

 

Razones sociales del delito

 

Existen numerosos trabajos científicos que dejan en claro la relación entre deterioro social y delincuencia. Que la política lo tome como herramienta conceptual para trabajar en la cuestión es otro asunto.

En su libro “La globalización de la inseguridad”, Elmar Altvater y Birgit Mahnkopf trazan una vinculación compleja pero no menos existente entre deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores y la caída en formas ilegales de empleabilidad, como uno de los factores que dispara el delito cotidiano.

En ese sentido, describen tres tipos de pauperización laboral. En primero lugar, las denominadas “economías de autoabastecimiento” o comunitarias, relacionadas a tareas que cubren necesidades básicas de la comunidad mediante tareas informales. En segundo lugar, refieren al trabajo autónomo “por cuenta propia”; el cuentapropismo o el hoy denominado “emprendedurismo” que se nutre de prácticas, muchas veces reñidas de la ley, con mecanismos de evasión impositiva, venta por canales informales, sin registro, aunque generalmente producen bienes y servicios legales. En tercer lugar, los autores se refieren a los trabajos informales que claramente persiguen una empresa ilegal como el “tráfico de drogas, armas, residuos tóxicos y especie protegidas; el contrabando, el encubrimiento, el soborno, el tráfico de personas y (…) el lavado de dinero”.

La diferencia de las dos primeras situaciones con respecto a la tercera tiene que ver con la escala del negocio y no por su condición de legalidad o no: en la tercera se persigue un negocio regional y/o internacional a diferencia de las dos anteriores, orientadas al mercado local. Para Altvater y Mahnkopf, “existe una estrecha relación entre informalización del trabajo, dinero y la política”, especialmente cuando el delito necesita protección pública.

Que en la Argentina el empleo informal esté creciendo mientras se deteriora el trabajo regulado no debe dejar de ser un foco de preocupación para la política. Este contexto de pauperización del mundo del trabajo y su inmersión en la ilegalidad, cobra especial relevancia cuando sucede en los barrios más marginados.

En su trabajo “Los condenados de la ciudad” el prestigioso profesor en Sociología y colaborador de Pierre Bourdieu, Loïc Wacquant despliega una gran tarea de campo sobre fenómenos de marginación social como el del gueto en los Estados Unidos, banlieue en Francia y favelas en Brasil, “Zonas de no derecho”, “sectores en problemas”, barrios “prohibidos” o “salvajes”, las zonas de marginalidad van tomando formas varias, pero siempre bajo el estigma social de ser lugares de deterioro social.

La “desproletarización” para Wacquant empuja a los individuos a “privaciones materiales”, a “dificultades familiares” y a “consecuencias personales”. No es difícil inferir que de ese “caldo social” de marginalidad emerjan factores para el delito de proximidad.

Que la pobreza haya bajado en la Argentina no nos puede inferir que el delito esté en descenso. Porque pobreza no es igual a delito. En todo caso, tenemos que hablar de marginalidad, inequidad o desigualdad.

 

Urbanización anti-delito

 

Ante este panorama, resulta esperanzador el proyecto del gobierno de Mauricio Macri para urbanizar los barrios más postergados del país.

El proyecto presentado por la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, apunta a lograr ese objetivo, en base a un inédito relevamiento de villas y asentamientos, realizado gracias a la colaboración de organizaciones sociales y territoriales de todo el país.

Sin embargo, la tarea por delante es todavía más compleja. Para el criminólogo Claudio Stampalija, es fundamental trabajar en la prevención del delito, especialmente el derivado de la denominada violencia interpersonal. “En el delito en general y en las adicciones todavía el gobierno está en un debe, especialmente en el trabajo de la prevención. Falta trabajo para bajar el delito mediante la reducción de la deserción escolar, mejora del empleo y modificar la cultura de la violencia en general y en la violencia intrafamiliar, en particular”.

La tarea es mucho más sutil y probablemente menos visible para las cámaras de televisión, como sucede cuando se asesta un duro golpe a una gran banda delictiva. Tampoco “se está trabajando en la reinserción social del individuo que delinquió”, agrega el especialista, quien además es parte del Observatorio de Prevención del Narcotráfico (OPRENAR), organismo surgido a instancias del Papa Francisco para el monitoreo de las políticas públicas sobre el combate del tráfico de drogas.

“El gobierno está haciendo un muy buen trabajo contra el narcotráfico y otros delitos complejos. Se está trabajando bien. Desde el observatorio le respiramos en la nuca al gobierno y vemos que ha mejorado y mucho la lucha contra las grandes organizaciones nacionales del delito”. Sin embargo, la deuda pasa por reducir un delito mucho menos visible y televisable, como es el que se estructura en los barrios más marginados y que se disemina por la geografía de las ciudades más favorecidas, más integradas pero no menos permeables y vulnerables a la delincuencia.

Si ahora se comprende un poco mejor la relación entre delito y marginalidad, más que su supuesto vínculo con la pobreza, estas líneas valieron la pena ser escritas.


 

Diego Corbalán, especial para “Noticias Argentinas.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas

 

La Mg. Jorgelina Devoto​, Coordinadora de la “Comisión de Políticas de Prevención Social y Rehabilitación del Adicto de Oprenar“, brindó una entrevista a TKM​ sobre las consecuencias del consumo de sustancias en los más jóvenes.

Aquí, la nota entera.


 

Jorgelina Devoto, psicóloga y Directora del “Instituto de Prevención de Adicciones?” de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador, brindó una entrevista a TKM para hablar de una problemática que suele ser negada socialmente: que los más jóvenes consumen alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas.

Alcohol

 

El alcohol está en nuestra sociedad. En la mesa con nuestras familias, en los eventos con nuestros amigos, en la televisión, en las series. Y en esa presencia constante, se la suele naturalizar. No la pensamos como droga, no al menos en el sentido bajo el que “otras” drogas son vistas. Sin embargo, lo es: “El alcohol es una droga desde la perspectiva de la salud. Según la Organización Mundial de la Salud, reúne los requisitos que definen a una droga: afecta a las personas físicamente, en distintos aspectos, en su personalidad, en su conducta“, enumera la licenciada. Y parte de su banalización se debe a que desde la publicidad, el alcohol tiene buena prensa: “Está totalmente incorporado en nuestra cultura. Nosotros, los argentinos, tenemos una relación de identidad entre la argentinidad y el alcohol: está entre el imaginario de la gente como algo bueno”.

No por nada es la droga número 1 en prevalencia, es decir, la que más consume: “Desde muy chiquitos, los jóvenes ven que el alcohol está incorporado a la vida familiar, entre los amigos. En los viajes de egresados el que no toma es un ‘tonto’. Y cuando se hace una estadística, es lo que más se toma desde más chicos”, cuenta. “La edad de inicio en el alcohol va bajando de manera considerable: si en los años ’90 era a los 17 años, hoy en día es desde los últimos años de la primaria“.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen 1

 

Así es como el alcohol termina incidiendo en la vida de los más chicos: “No es lo mismo el efecto del alcohol en un cerebro maduro, que ha completado todo su desarrollo, que tiene una personalidad asentada a uno que no sabe bien qué hacer con su vida, para dónde va, que es capaz de poner límites. El adolescente va a estar influenciado por las modas de la época, por la publicidad. Si ves que todo el tiempo te muestran que te divertís tomando alcohol, ¿por qué un chico de 12 años va a pensar distinto?”. Y más allá del contexto, las consecuencias físicas en ese joven son determinantes: “El alcohol tiene consecuencias sobre el sistema nervioso central, afecta al cerebro, lo modifica químicamente. Y por supuesto, consecuencias sobre el hígado, derivando en una cirrosis. Antes esa enfermedad lo veíamos en adultos, hoy en día existe la cirrosis juvenil ya en los 25 años: el hígado estuvo sometido a una cantidad de alcohol que no está preparado para recibir en tan prolongado tiempo“, cuenta a TKM.

Parte de la naturalización de su consumo, está en la creencia sostenida de que todo hábito relacionado al alcohol “puede ser controlado”. Para la licenciada, no es así: “Nadie sabe hasta qué punto va a poder ponerse ese límite. Es engañoso, por la propia sustancia. El alcohol tiene la capacidad de generar la dependencia y la adicción. Es la sustancia en sí. No hay que negar que la sustancia tiene de por sí capacidad de generar la dependencia”, cuenta.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen 2

 

Pero, ¿cómo se da cuenta uno que ese hábito ha comenzado a ser incontrolable? Para Devoto, los jóvenes pueden dar cuenta de ello principalmente, a través de indicaciones de tercero: “Cuando alguien lo advierte desde afuera, sean los padres, los amigos o el entorno, es porque empiezan a notar cambios. La primera palabra viene de afuera, viene de alguien que te dice: “Me parece que estás tomando mucho”, “me parece que estás fumando”. A partir de ahí, crear la consciencia personal es más difícil. Lo primordial es reconocer el problema, para después pedir ayuda. Cuando uno está pensando mucho en tomar, en fumar y empezás a ver que las conversaciones rondan sobre ello todo el tiempo, es porque eso está ocupando un lugar importante en el día”, detalla. “Cuando los demás ven que se está complicando la vida, lo advierten: ahí ya no es tan divertido, ya no es tan amoroso, ya no es tan simpático”.

El lugar de los padres, para Devoto, es primordial: “En ese trayecto lo que están alrededor se van dando cuenta de ese pasaje. Esperar a que esté dependiente de la sustancia para actuar es un error, hay que empezar antes. Cuando ves que empieza a tomar en exceso, que los fines de semana sale y se emborracha, que está esperando la salida para poder tomar, todas esas conductas te va dando la pauta de que esa persona se está enganchando. La manera de intervenir es entender, acompañar y no culpabilizar”, define. “Tenés que acompañarlo, explicarle, estar atento, comunicado. Controlar o vigilar no sirve si no se lo contiene“.

¿Puede una persona que superó la adicción volver a recaer? Para la Lic. Devoto, sí: “El alcoholismo es una enfermedad progresiva, porque se va dando en etapas. También es crónica, una vez que la persona la padece en realidad no deja nunca de tener la posibilidad de una recaída. Lo importante es el cuidado y el control sobre las situaciones riesgosas que te puede llevar a una recaída: que no haya alcohol en las casas, no tiene que estar en lugares donde se consume mucho alcohol. Para protegerlo tenemos que tratar de que no esté donde se toma: que en una primera etapa, no es recomendable que salga y que esté en un lugar donde todos estén tomando“, describe. “Las condiciones que generaron que consuma, los riesgos que lo llevaron a que lo haga, todo eso hay que transformarlo en protección para que no tenga una recaída”.

 

Marihuana

 

Si bien la marihuana no tiene la “buena prensa” que recibe a diario el alcohol, está comenzando a naturalizarse. Para la Lic. Devoto, esto se percibe desde las novelas: “En este momento hay una evolución hacia la aceptación de la marihuana: hay mucha familiaridad con la marihuana en comparación con lo que había dos o tres generaciones atrás. Existía el consumo, pero no era público. Hoy en día los chicos desde los 15 años ya experimentan con marihuana“, cuenta. Tiene mala prensa, sí, pero entre los adultos: “Hay un cambio cultural que se va llevando a que la marihuana se tome como algo más. Está la creencia de que la marihuana no hace mal, o que no tan mal como el cigarrillo y eso es un error. Antes el tabaco era normal en las novelas, ahora lo es el alcohol o la marihuana“.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen 3

 

¿Cómo opera en el organismo esta sustancia? Generando, de a poco, un grado de dependencia: “Los que fuman suelen tener momentos llamados ‘bajón’, que es porque la persona sufrió una alteración de consciencia. Es decir, se siente mejor y desea volver a ese estado, porque se le pasó el efecto. Esto te lo pide el cerebro, químicamente estimula un mecanismo de recompensa, haciendo que desee volver a consumir. Como efecto colateral viene la depresión, después de que fumó vuelve a querer iniciar“, relata. Lo que termina sucediendo es que el organismo se acostumbra a esa dosis y, con la misma dosis, ya no obtiene el efecto deseado: “Necesita aumentar la frecuencia o la cantidad. Así va entrando en un estado en donde su cerebro es estimulado químicamente, le pide volver a tener esa experiencia placentera. Y eso es lo que llamamos dependencia: la necesidad de estar en contacto con la sustancia para poder lograr un estado de ánimo buscado. Pero eso dura poco”.

Tabaco

 

La consecuencia de tabaco en los más jóvenes lo afecta, como en otros consumos, física y psicológicamente: “Hace muchísimo daño al organismo en el sistema respiratorio, en los pulmones. El EPOC es la enfermedad que mejor explica esto: dificultad respiratoria, en personas fumadoras compulsivas, que a pesar del daño no pueden dejar de hacerlo“, cuenta. Y también tiene consecuencias en el sistema circulatorio: “Venas y arterias que se endurecen por el consumo del tabaco, en personas que presentan irritabilidad si no fuman”.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen 4

 

Para Devoto, sin embargo, el trasfondo del consumo de alcohol, marihuana y tabaco es más bien psicológico: “Todo consumo es una forma de llenar un vacío existencial. Mucha gente joven no sabe que va a hacer de su vida, no tiene proyectos, no sabe cómo va a salir adelante. Lo importante es tener una red familiar que lo proteja frente a ese estado”.

 

Fuente: Sitio web “TKM”