Los Adolescentes como Nuestros Grandes Olvidados

 

“…los adolescentes necesitan la “roca” de los adultos para crecer” (F.Dolto-La causa de los adolescentes)

 

Desde el 2010 hasta principios de este año hubo un bloqueo estadístico (“apagón” epidemiológico) de los consumos de la Argentina. Recién este año el Observatorio Nacional de Drogas de la SEDRONAR da datos de este olvido que es fundamentalmente de los adolescentes ya que la población “escoriada” y dañada  fue precisamente ésta. La marihuana entre 2010 hasta la actualidad aumento un 150% desde los 12 años a los 17 años. La cocaína el 200% y de la misma manera el éxtasis . Los datos siguen así con esta brutalidad que emerge de números siniestros. Mientras se instalaban las bandas de venta y la aceptación social del consumo con un eficaz marketing de banalización de daños se asistía a un apagón de los datos de la epidemia, se desmanteló toda política preventiva y se asistió al absurdo de bloquear la apertura de nuevos centros asistenciales.

Surgen entonces historias todos los días de adolescentes confundidos. Un adolescente me dice que en el medio de su crisis adolescente se pone en contacto con las drogas y marcha hacia las calles a escribir con otros grupos de desamparados grafitis con los lemas de “Caos” y “Abandonarse”. En las paredes de sus barrios surgen estos lemas que desde la voz de los adolescentes me conmueven y a la vez me indignan por el abandono que hemos hechos los adultos de los más jóvenes.

La instalación de la pandemia y epidemia de consumo de jóvenes nos tiene a los adultos como grandes ausentes o por lo menos asistimos al desconcierto de todos nosotros ante este nuevo mundo. Nuevo mundo con drogas como objetos inertes pero vividos y actuantes; mundo nuevo con la tecnología como actor clave en nuestras vidas; mundo nuevo con la licuación de límites, estructuras de contención y de valores sobre los que el gran filósofo y sociólogo  Z.Baumann resalta de cómo se “debe vivir la vida” (anemia vivida por los adolescentes en relación a la falta de proyectos transmitidos). Crisis de deberes . Crisis de transmisiones.

 

Segundo Nacimiento Abortado

 

Adolescencia implica un “segundo nacimiento” y lo dijo un filósofo como Jean-Jacques Rousseau que desde los albores de su siglo XVIII la mencionó así. No conocía de neurociencia Rousseau pero si de lo que significa vivir. Así nos dice “no conoce ya guía y no quiere ser gobernado”. Pero al mismo tiempo otra grande del estudio de esta edad F.Dolto (psicoanalista francesa) nos dice que es la vida del adolescente un “purgatorio” en donde se asiste a la “muerte de la infancia”. Y la peor tragedia es cuando el adolescente percibe que sus padres son adolescentes, son pares de ellos y quieren competir con ellos. Quedan presos de las identificaciones con sus hijos. No hay adolescentes si no hay adultos. Sin confrontación con el mundo adulto no hay crecimiento de la adolescencia a la juventud.

Mientras tanto la adolescencia asiste a dos tareas claves en el desarrollo; A) La Identidad que es la prueba de la mismidad alcanzada y la posibilidad de trascender al “ombligo” infantil de las demandas inmediatas y encontrarse con otro de quien aprender y a la vez amar; B) la construcción de un cerebro adulto tanto es así que se llama al cerebro adolescente un “cerebro en construcción”. En esta obra en construcción que culmina en parte a los 25 años la ingesta de drogas es una alteración de la estructura química y eléctrica de consecuencias imprevisibles. Por eso hoy, se dice que la adicción es una enfermedad del desarrollo cuando entramos en contacto con las sustancias (alcohol y drogas en general)  en esta edad.

El comienzo temprano entonces asegura un mayor riesgo de adicción debido a la falta de controles inhibitorios y del pensamiento (estructuras superiores corticales) y la prevalencia de sectores cerebrales más emocionales e impulsivos. El cerebro es una obra maestra de sistemas de placer-recompensa, articulados a la memoria, motivación y de control. Las drogas “hipotecan” al cerebro en sus áreas de control de impulsos y nos dejan a expensas de una memoria adictiva. Así el cerebro, que es un hermoso equilibrio entre el llamado sistema1 (rápido, automático, reflejo , sin esfuerzo abstracto) y el sistema2 ( lento, consciente y reflexivo y que requiere esfuerzo y reglas), queda absolutamente des-balanceado y los jóvenes quedan sujetos a conductas violentas que surgen automáticamente.

Por eso sucede que cuando hay consumo en los jóvenes de ambos sexos, de edades comprendidas entre 16 y 20, años éstos tienen una probabilidad cuando menos del doble de sufrir un accidente en automóvil que los conductores que cuentan entre 20 y 50 años. Los accidentes de circulación son la principal causa de deceso entre los 16 y los 20 años. Más del 30 por ciento de los jóvenes conductores fallecidos en el año 2003 al estrellar sus vehículos habían estado bebiendo. El 40 por ciento de los alcohólicos informa que empezó a tener problemas con la bebida entre los 15 y los 19 años de edad.

 

La Muerte de la Adolescencia

 

El alto stress, las drogas y el alcohol, vivir en medios violentos, la deserción escolar, la sexualidad sin un marco de amor responsable, entre otros hechos negativos, son las heridas en esa “carne viva” que es la adolescencia y así van a aparecer depresión, conductas suicidas, auto-mutilaciones; enfermedades físicas, accidentes; fracaso y abandono escolar; desmotivación; problemas legales y conflictos con la ley en general; embarazos precoces entre otros hechos clínicos en la adolescencia.

La falta de políticas del Estado y de la sociedad civil tiene mucho que ver con los que nos pasa. Hoy los estudios nos muestran que hay varios fenómenos unidos: A. Pobreza y riquezas críticas que son germen de familias Multiproblemáticas y disgregadas; B. crisis de los padres y /o adicción de los mismos; C. presión de los pares (grupos de amigos en carrera de consumo, ambientes adolescentes con sustancias); D. creciente acceso a las drogas (tema clave en nuestro país); E. falta de políticas de salud pública de detección precoz.

En la adolescencia hay una llamada “programación” del cerebro en donde existen podas de neuronas para hacerlas aptas para un nuevo ciclo de la evolución, un nuevo trazado de autopistas de información eléctrica y química del billón de neuronas que tenemos y al mismo tiempo se realiza una sincronización oscilatoria de  todas las estructuras. Las drogas descompensan todo estas autopistas de información y la sincronización  de todos los sistemas y responsable todo esto de los más severos trastornos de conducta y de los síntomas psicóticos. El 70% de las enfermedades psiquiátricas graves comienza en la adolescencia y de no ser bien prevenidas o tratadas tienden a perpetuarse. Esta parece ser la cosecha de estos últimos años.


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA y Miembro del OPRENAR

 

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4to Simposio del Oprenar ¿Cómo prevenir el avance del narcotráfico?

 

Los invitamos al “4to Simposio del Oprenar ¿Cómo prevenir el avance del narcotráfico?”, el día viernes 3 de noviembre, de 09:00 a 17:00 hs, en el Teatro Ciudad de las Artes, Córdoba.

La entrada es libre y gratuita con inscripción previa.

Aerolíneas Argentinas, transportadora oficial del 4to Simposio, ofrecerá un 10% de descuento sobre la tarifa vigente en el momento de la compra de los pasajes aéreos!

¡Los esperamos!


 

Indigentes Mentales en la calle

 

“el primer objetivo que intentamos siempre trabajar es que salgan de la calle porque, en sí “es anti-terapéutica y muchas veces es “difícil” porque presentan ideas delirantes”(Equipos de calle de Madrid)

 

El panorama urbano y del conurbano se viste progresivamente de toda una población de “nadies” (así los llamo) que viven en la calle. Colchones, utensilios de cocina, almohadas y frazadas son un panorama que quiebran nuestra mirada y nos muestran la cara de la desesperanza y la marginación. Al lado del típico “tetra-brick” y los olores de marihuana se unen olores pestilentes que desafían nuestros sentidos y nos hacen eludir las miradas y apenan nuestro espíritu.

Los llamo “name-less” (nadies) de nuestras ciudades. Sus identidades están vaciadas y son los nuevos “home-less”. Son de alguien, a veces, ya sea una tribu, una banda o de ciertos poderes sociales. ¿Serán “alguien” alguna vez?. Lo que sí me parece seguro es que serán “alguien” siempre y cuando “algunos” (o sea nosotros como sociedad) hagamos algo para que esto sea así. De no actuar con presteza como sociedad este ciclo se incrementará ya que los factores de riesgo y de deprivación social aumentarán este fenómeno. El alcohol, las drogas y los circuitos del deterioro harán su tarea destructiva.

Quiero adelantarles que no es solo un fenómeno de pobreza y pauperización se ha comprobado por estudios en otros países que el 30 % pertenecen a patologías mentales y adictivas que no tienen lugares de residencia y tratamiento.

 

Los paraísos de los “Nadies”

 

El lunes pasado se celebró el Día Mundial de la Salud Mental y en todo el mundo se mostró la penuria de miles que viven en las calles afectados de patologías llamadas duales (enfermedad mental junto con acción a drogas), población ésta que en nuestra sociedad se encuentra en estado de desprotección. Concurren a las guardias de hospitales se los trata de la intoxicación al alcohol, a las drogas y el alcohol, se los desintoxica presuntamente en una noche y vuelven a la calle. En un reciente estudio del “Programa Sumar” del Ministerio de Salud de la Nación se mostraba que el 90 % de ellos no volvía al servicio para un seguimiento. La intervención médica los sacaba del episodio agudo pero volvían a las calles a vagar su adicción y deterioro mental. La adicción renovada después de la desintoxicación seguía haciendo su tarea y el ciclo de marginación y desesperanza actuaba con la justeza homicida –suicida de las patologías letales.

Una madre me decía sobre esto: “cuando mi hijo sufre una crisis lo ingresan en la unidad de agudos, enseguida le dan el alta  y vuelve a lo mismo, nunca vemos el “final del túnel”; no hay lugares para su asistencia, nos sentimos desvalidos , es un sufrimiento permanente”.

Es el drama de la medicina y la psiquiatría actual, ya que la crítica a las instituciones psiquiátricas ha dejado a miles de personas con padecimientos mentales en la calle. Se confunde manicomio (estructura a reformar y modificar en sus bases mismas de marginación) con los centros residenciales como las comunidades terapéuticas, las casas de vida. Estar internado es mala palabra. Se confunde internación con prisión y se los devuelve a la prisión verdadera o a la prisión de la marginación callejera. Así hay miles en la calle. Un estudio realizado por La Coalición Nacional por los Homeless (Human Rigths Watch) y publicado por el New York Times muestra que a medida que se ataca a las instituciones se desplaza a los pacientes a la calle (aumentan los homeless), a la cárcel y a cualquier lado (lo llaman “elsewhere” o sea en otra parte o en cualquier parte). Es un estudio entre 1963 y 2003 que muestra este circuito de la decadencia y que se está tratando de reformar en los países centrales. En nuestro país no se pueden abrir centros de medicina especializada en adicciones y de especialización en psiquiatría desde el 2010 por reglamentaciones absurdas en medio de una epidemia de adicciones y patologías duales.

 

Familias Multiproblemáticas

 

A esto se une la eclosión en la post-modernidad actual de las llamadas familias Multiproblemáticas en donde son varios miembros los que tienen problemas, viven en la calle, en “tugurios” o en “palacetes” llenos de marginación opulenta. Las familias Multiproblemáticas surgen de la ruptura y la escoriación social más dura que hemos vivido desde el 2000 en donde se ha roto el pacto tradicional entre gobierno, sociedad y familia. Así la familia no educa y los chicos no aprenden de sus padres como “se debe vivir la vida” (Bauman 2001). Las drogas en nuestros escenarios comunitarios es la dosis letal para este conflicto social.

Estamos generando con estas políticas cada vez más patología mental deficitaria y en deterioro y más adicciones no tratadas. La mezcla de la esquizofrenia y el abuso de alcohol y drogas les llevan a muchos a acabar en situación de calle. Un alto porcentaje de las personas sin hogar y en la calle son esquizofrénicas con consumo de sustancias y es la propia patología y además sin contar con familia válida lo que los lleva a vivir en esta condición. Se trata de personas además con una gran cantidad de enfermedades físicas que coexisten con la enfermedad mental y su esperanza de vida se reduce a 20 o 30 años además con malnutrición, estilo de vida de calle, consumo de tóxicos, falta de apoyo social y falta de documentación lo cual los lleva a no incluirse en programas y a desconfiar de toda ayuda. Son los “nadies” de hoy. Son una “cachetada” diaria y un llamado al altruismo social.

 


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General de GRADIVA y Miembro del OPRENAR

¿ A dónde ir en drogas?

 

cerebro-shutterstock

 

“…El estudio del stress en la adolescencia es fundamental y como protegerlos…”(expertos islandeses del mejor plan de drogas hoy en el mundo)

 

En momentos en donde triunfa la banalización de los daños de las drogas y la aceptación social de un “uso controlado y medido”, me parece claro mencionar algunos aspectos que contradicen esta realidad. Al mismo tiempo que todo esto sucede explotan todos los indicadores de consumo y los marcadores de epidemia suman ya territorios pandémicos (zonas de pobreza extrema unidos a sectores militarizados de control del narcotráfico y lugares opulentos con alto consumo). Mientras tanto ya hay una población endémicamente afectada que necesita dosis diariamente para no solo vivir sino fundamentalmente sobrevivir. Epidemia (fenómeno sanitario preocupante), pandemia (situación descontrolada) y endemia (población cautiva cronificada en el consumo) son tres datos de esta realidad. La tragedia y el drama se anuncian mientras más sube la aceptación social. Los daños parecen tirarse “debajo de la alfombra”, aun cuando ya asoma otro dato preocupante como lo es el consumo dentro del núcleo familiar de sustancias.

Parecemos desoír las investigaciones sobre el sistema nervioso y sus consecuencias. Desde mediados de la década del 90´ se comprueba que el consumo de drogas altera de manera aguda y luego permanente la función cerebral (NIDA-Instituto de Drgas-USA-1997.A.Letcher).

Desde ahí comienzan investigaciones cada más intensas presididas por la Dra. N.Volkow (Presidenta actual del NIDA). Los hallazgos en el campo del estudio del cerebro por imágenes cerebrales (neuroimagen) dan cuenta de zonas con alteraciones funcionales y estructurales (infartos, zonas necrosadas) ligadas al consumo de drogas. Así esto cambia el pensamiento de las personas, su atención, memoria, capacidad de planificación, etc. Esto a su vez tiene un correlato en el campo de los trastornos de personalidad y de la eclosión de enfermedades psiquiátricas asociadas al consumo(conferencia del Dr.Baler, -Academia Nacional de Medicina 4 Octubre -NIDA).

Hoy podemos decir que no es posible entender este fenómeno existencial crítico, como lo es el consumo abusivo de sustancias, sin entender los daños del sistema nervioso. Nos encontramos con un sujeto huérfano de sentido de la vida y desposeído de perspectivas de futuro como un enfermo neurológico de una de sus principales posesiones que es su  sistema nervioso.

 

Cuidar a las jóvenes

 

Hoy se reconocen dos funciones cerebrales denominadas sistema 1 y sistema 2. El sistema 1 es automático, rápido y tiene respuestas reflejas. Por su parte, el sistema 2 es lento, pensante, y es un fruto excelso de la cultura en donde las neuronas y sus conexiones se hacen palabra y educación. Un sistema equilibrado es un balance entre 1 y 2. El consumo de drogas abusivo lleva a un desequilibrio de este balance y el sistema 1 toma la dirección. El automatismo triunfa. Por eso, los pacientes no pueden hacer otra cosa que consumir y consumir sin mediación reflexiva.

Este hecho psicobiológico se nota claro en los púberes y adolescentes en donde el sistema 2 está en evolución y crecimiento. Los sistemas más evolucionados no terminan de madurar hasta los 25 años de edad. El consumo inveterado de sustancia en edades tempranas lleva precisamente a la liberación del cerebro automático desde temprana edad.  La consecuencia es la gran cantidad de enfermos juveniles por consumo de drogas con todas las secuelas psiquiátricas y antisociales previsibles. La eclosión del consumo en estas edades ha hecho que se defina  hoy a la drogodependencia como una enfermedad del desarrollo, ya que la población crónicamente afectada comenzó entre los 12 y 25 años de edad (que son las edades de máxima vulnerabilidad del desarrollo individual neurobiológicamente y de la identidad psicológica y social).

Al mismo tiempo que todos estos fenómenos suceden, observamos dos hechos centrales: A. Se rompen o deterioran todas las autopistas de transmisión de mensajes dentro del cerebro, que representan una red excelsa de comunicación a través de mediadores químicos y eléctricos que surgen de millones de años de evolución de la especie humana. Así luce el paciente desconectado, apático, abúlico, con respuestas vacías y sin capacidad de enlazar contenidos mentales y sociales. La transformación de este panorama de desconexión lleva, en muchos casos, meses en donde la falta de drogas es fundamental en un entorno de terapias. Con tiempo y drogas todo llega (la enfermedad conquistada). Con tiempo, sin drogas y terapia todo llega (la salud mental a lograr), siendo ésta una de nuestras máximas en Gradiva.

B. Se van deteriorando los sistemas de control de impulsos de cada uno de los consumidores en donde la impulsividad y la violencia están siempre a punto de estallar así como la capacidad de proyectar y de diseñar estrategias a largo plazo. Todo esto nos indica que la función superior frontal del cerebro ha quedado dañada. Es una persona que no puede frenar y queda a expensas de la recompensa inmediata y de un “ya” permanente. Acá también el tiempo, el deporte, la terapia, el acompañamiento en las abstinencias y el no uso de drogas son fundamentales. Se va reduciendo la función ejecutiva del cerebro (función superior frontal) y se limita la función del sistema de supervivencia del cerebro solo al consumo de drogas mientras que las funciones sexuales y las alimenticias quedan a un costado.

Los sistemas de recompensas cerebrales (función del placer ligadas al uso de drogas) suplen la función frontal (toma de decisiones con evaluación de consecuencias) y las motivaciones cambian de signo y ya los estudios u oficios (tramas fundamentales en el aprendizaje adolescente) ceden ante los estímulos inmediatos. A esto habrá que sumarle las fuerzas del contexto que también hacen su juego: familias poco contenedoras o en contacto ellas mismas con drogas y alcohol, grupos de “pares” adolescentes en carrera adictiva, “tribus” barriales, etc.

Algo cambió en el sistema perceptivo del cerebro y la persona quedó vulnerable a personas, lugares, situaciones de consumo, ambientes adictivos y una peculiar inermidad ante el stress. El solo olfatear drogas (olor a marihuana en la calle por ejemplo) puede desencadenar una recaída. La memoria adictiva y el sistema automático de respuestas están activos. El stress en los pacientes en rehabilitación es un gran detonante.

 

No somos Islandia

 

Actualmente Islandia ocupa el primer lugar en la clasificación europea en cuanto a adolescentes con vida saludable. Los números de alcoholización juvenil son los más bajos de Europa (5%), el porcentaje de cannabis bajó del 42 % al 7 % y el de fumadores diarios de cigarrillos del 23% al 3%. Pasamos del LSD de moda en los 90 al rechazo masivo en los adolescentes al uso de drogas dicen expertos de Islandia. Formación masiva a los estudiantes en artes, música, deportes, en inteligencia emocional, capacidades para la vida, mejorar las ideas sobre sí mismo. O sea, adultos transmitiendo habilidades sociales y culturales para la vida, refuerzo de vínculos de padres con centros de enseñanza, escuelas para padres masivas, leyes prohibiendo la venta de alcohol hasta los 20 años y de tabaco hasta los 18, limitaciones a las salidas a los menores entre 13 y 16 años. Desafiaron la “opinión políticamente correcta” y triunfaron, prevención masiva y asistencia precoz.

El nivel de pobreza es bajísimo. Este es un dato a tener en cuenta, pero partieron de una base de política de salud: las drogas dañan y hoy son un ejemplo mundial. No somos Islandia pero podemos serlo, con esfuerzo y desafiando lo “políticamente correcto” que en nuestro país se guarece en un “progresismo light”, en donde subliminalmente se promueve el no daño de las drogas y no se mencionan los problemas en los adolescentes y el consumo


 

Dr. Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA y Miembro de OPRENAR