La cuarentena y el aumento de las adicciones

Las estadísticas muestran un incremento en el consumo de alcohol, tabaco y psicofármacos. También crecieron la ludopatía y los disturbios en la alimentación.

JD

No se puede negar que todos tenemos la sensación de estar suspendidos en el tiempo y sometidos a una gran incertidumbre en estas épocas de cuarentena. ¿Cómo evolucionará nuestra vida en esta pandemia? ¿Qué será de nuestro futuro personal y social?

Son preguntas que nos hacemos a diario y para las que no tenemos una respuesta certera. En estos tiempos, se evidencia una enorme preocupación por el futuro. En esta situación, algunas personas disponen de mayores recursos personales, familiares y sociales para afrontar las dificultades que se presentan a diario.

Hay también “personas de alto riesgo” que incluyen aquellas que padecen enfermedades físicas en particular y a los adultos mayores. Sin embargo, poco a poco se va creando conciencia de que la vulnerabilidad excede a quienes presentan patologías físicas y se incluyen en la población de riesgo a aquellos que sufren problemas de salud mental y adicciones.

Si hacemos foco en la problemática de las adicciones, las estadísticas recientes muestran claramente el aumento del consumo de sustancias psicoactivas, principalmente del alcohol, el tabaco y los psicofármacos. También, las adicciones comportamentales como la ludopatía y los disturbios en la alimentación se han incrementado.

En un reciente estudio realizado por el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, “el 21% de los encuestados que consumen sustancias desde antes de la cuarentena reconoció haber aumentado esta práctica en las últimas semanas“.

“Los indicadores más elevados se dan entre quienes beben alcohol (36,5%) y fuman tabaco (40%), y le siguen quienes consumen antidepresivos o ansiolíticos (10,1%)”, según consigna el informe.

Los síntomas de angustia y ansiedad se potencian en esta situación de incertidumbre y aislamiento forzoso. Cuando una persona posee un entorno afectivo positivo, contenedor y saludable, las dificultades personales se sobrellevan con menos consecuencias y con mayor capacidad de afrontarlas y superarlas.

Pero cuando una persona es consumidora habitual o abusadora de sustancias psicoactivas, ya tiene una base de vulnerabilidad que le dificultará afrontar un momento como el actual sin aumentar sus problemas. De este modo, vemos cómo el aumento del consumo se presenta como un escape a la situación insoportable y es un intento fallido de obtener bienestar.

Es habitualmente el alcohol la sustancia más requerida en esta situación y la de mayor accesibilidad y disponibilidad. Muchos pacientes refieren haber “liquidado” todo el alcohol disponible en su casa y luego salir a aprovisionarse de la mayor cantidad posible, por miedo a la abstinencia.

Lo mismo sucede en este momento con el tabaco, hasta la escasez de cigarrillos se ha convertido en un tema frecuente en los medios de comunicación. En relación a las drogas ilegales, aumentaron los “deliveries” encubiertos y muchas de las rupturas violentas de la cuarentena se pueden explicar como consecuencia del síndrome de abstinencia.

La situación de los pacientes en tratamiento por consumo de sustancias que se han visto interrumpidos por el aislamiento social obligatorio, al menos en su modalidad habitual presencial, se ha hecho corriente. Frente a la necesidad de dar una respuesta a esta situación, las instituciones públicas y privadas se han visto en la necesidad de implementar consultas y tratamientos a través de plataformas virtuales.

Las distintas modalidades de abordaje on-line han sustituido, al menos en la emergencia, a los encuentros personales cara a cara. Obviamente no sustituyen totalmente la contención presencial, pero al menos permiten mantener el vínculo terapéutico y ayudan a mitigar el sufrimiento de los pacientes y sus familias.

Estamos en un momento de padecimiento personal y social, es innegable, pero también es una oportunidad de innovación, de buscar nuevas alternativas. El papel de la familia es crucial para acompañar y sostener al paciente-padeciente. Es momento para replantear modos de vida, para estrechar lazos positivos, para que cada vez seamos más libres de elegir vivir sin el sojuzgamiento de las adicciones.

Paradójicamente, estamos más “encerrados” y sin embargo, podemos ser capaces de abrir nuevos horizontes, atrevernos a vivir en libertad y apostar a la salud. Es el desafío de nuestro tiempo.

Por: Jorgelina Devoto

Jorgelina Devoto se desempeña como Coordinadora de la Comisión de Prevención Social y Tratamiento de las adicciones de OPRENAR y es Directora del Instituto de Prevención de las Adicciones de la Facultad de Medicina de la USAL.

Fuente: https://bit.ly/3ftwhva

Informe Mundial sobre Drogas 2019

Te compartimos el Informe Mundial sobre Drogas de 2019 elaborado por UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito). Ver aquí: https://bit.ly/3c8pDIV

investigación

 

La clave del éxito sigue residiendo en la voluntad política y la disponibilidad de financiación adecuada.

El aumento del consumo de tabaco, alcohol y drogas a causa de la cuarentena

Coronavirus en Argentina: creció el consumo de alcohol, tabaco y drogas en Buenos Aires durante la cuarentena

Así lo detectó un estudio de la Defensoría del Pueblo de la provincia. Bebidas y cigarrillos, los que más subieron.

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Los largos días de encierro y la incertidumbre en la que entró el mundo no son amigas de la ansiedad. Una muestra está en el informe que dio a conocer este lunes la Defensoría del Pueblo bonaerense: según el estudio, las personas que consumían alcohol, tabaco y antidepresivos o ansiolíticos antes de la cuarentena por el coronavirus aumentaron esa práctica durante el aislamiento obligatorio.

En un comunicado, el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría expuso que “el 21% de los encuestados que consumen sustancias desde antes de la cuarentena reconoció haber aumentado esta práctica en las últimas semanas“.

“Los indicadores más elevados se dan entre quienes beben alcohol (36,5%) y fuman tabaco (40%), y le siguen quienes consumen antidepresivos o ansiolíticos (10,1%)”, detalla el informe.

El Defensor del Pueblo Adjunto y coordinador del Observatorio, Walter Martello, explicó que “el consumo de tabaco, alcohol y drogas empieza a ajustarse a una nueva realidad caracterizada por el Covid-19, la emergencia sanitaria y el aislamiento social obligatorio”.

Según Martello, este estudio “cuantitativo y cualitativo para analizar algunos de los cambios en torno a ciertas prácticas que se están registrando” servirá para “elaborar un diagnóstico” pensando en diseñar “nuevas políticas públicas”.

“Si bien parece ser menor el porcentaje de personas que dicen haber experimentado con nuevas sustancias durante el período de aislamiento, creemos que es un dato que no debe pasar desapercibido: representó el 5% de los encuestados, es decir, 23 sobre un total de 506 personas que entrevistamos y que formaron parte del estudio. Nos está dando la pauta de una problemática que empieza a aparecer de forma incipiente”, agregó.

El estudio -que se realizó a través de una plataforma online durante la primera semana de abril y abarcó a 506 personas mayores de 18 años residentes en la provincia de Buenos Aires- indicó además que la mitad de quienes experimentaron con nuevas sustancias (48%) reconoció que se le hará muy difícil dejar este consumo.

“Otro dato para tener en cuenta es que una enorme mayoría de quienes recurren a las sustancias reconocen que ese consumo impacta negativamente en sus relaciones interpersonales, en un contexto donde resulta de vital importancia poder mantener la tolerancia y la convivencia pacífica dentro de los hogares”, dijo Martello.


Fuente: Clarín

Link: https://bit.ly/2XQvv5d

La relación de las Drogas con el Estrés

Drogas y Estrés

Liliana Cancela, Dra. en Bioquímica e Investigadora Principal de CONICET, explica cuál es la relación de las drogas con el estrés en el siguiente video: https://bit.ly/2V5kk5D

Biografía de Liliana Cancela

Liliana siempre estuvo interesada en las Ciencias Naturales. La lectura del libro sobre la vida de Marie Curie a sus 16 años fue inspiradora para la elección de su carrera. Es Bioquímica y Doctora en Bioquímica de la Facultad Ciencias Químicas (FCQ) de la UNC. Su postdoctorado lo realizó en la Louisiana State University, EE.UU. (1995-1996). En 2004 ganó el concurso de Becas a Extranjeros del Instituto Nacional de Drogas de Abuso de EE.UU. (NIDA/INVEST Fellowship), para trabajar en uno de los centros de referencia sobre neurobiología de la adicción.  Actualmente, es Profesora de la FCQ, UNC, Investigadora CONICET y Vicedirectora del Instituto de Farmacología Experimental de Córdoba (IFEC-CONICET-UNC). Mantiene colaboraciones con investigadores de Francia, Alemania y EE.UU., sobre los mecanismos neurobiológicos de la adicción a opiáceos y psicoestimulantes. Ha sido mentora de diez estudiantes de doctorado y posee numerosas publicaciones internacionales en la temática.

ADICCIONES EN ADULTOS

ADIC­CIO­NES EN ADUL­TOS

Man smoking cigarette on black background, Handsome young man sm

El Dr. Se­bas­tián So­ria, es­pe­cia­lis­ta en adic­cio­nes y miembro de nuestra fundación fue entrevistado por diario Puntal sobre la temática de adicciones.

Cuan­do ha­bla­mos de adic­cio­nes, por lo ge­ne­ral nos re­fe­ri­mos a los jó­ve­nes. Pe­ro los adul­tos tam­bién tie­nen las su­yas: psi­co­fár­ma­cos, al­co­ho­l, ta­baco, co­caí­na, ma­ri­hua­na, alu­ci­nó­ge­nos, cal­man­tes y tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca. En una no­ta es­cla­re­ce­do­ra, el mé­di­co psi­quia­tra Se­bas­tián So­ria, es­pe­cia­lis­ta en adic­cio­nes, ex­pli­ca to­do lo que hay que sa­ber acer­ca de es­te te­ma.

Siem­pre se ha­bla de las adic­cio­nes en los jó­ve­nes, ¿es tam­bién al­to el por­cen­ta­je de adic­cio­nes en adul­tos?
El im­pac­to de las adic­cio­nes en los jó­ve­nes, por un la­do, y la in­ten­ción de ge­ne­rar ac­cio­nes que apun­ten más a la pre­ven­ción, por el otro, ha­cen que qui­zás se ha­ble más de las adic­cio­nes en los jó­ve­nes que en los adul­tos; sin em­bar­go, la pre­va­len­cia en adul­tos es al­ta. Así, un es­tu­dio que se hi­zo en la Ar­gen­ti­na so­bre el con­su­mo de sus­tan­cias psi­coac­ti­vas en per­so­nas de en­tre 12 y 65 años nos re­ve­la, por ejem­plo, que el con­su­mo de ta­ba­co es ma­yor en adul­tos que en jó­ve­nes, in­cre­men­tán­do­se in­clu­so a par­tir de los 50 años. No así con el con­su­mo de al­co­hol y ma­ri­hua­na que es ma­yor en jó­ve­nes. Nue­va­men­te se ob­ser­va ma­yor por­cen­ta­je de con­su­mo de co­caí­na, alu­ci­nó­ge­nos y tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca en per­so­nas de en­tre 25 y 34 años de edad.

¿Cuá­les son las adic­cio­nes más co­mu­nes en­tre los adul­tos? Las adic­cio­nes más fre­cuen­tes en­tre adul­tos son el ta­ba­co, la co­caí­na, los alu­ci­nó­ge­nos y tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca.
¿Qué con­se­cuen­cias fí­si­cas pue­den traer la co­caí­na, la ma­ri­hua­na y el al­co­hol en los adul­tos?
Las con­se­cuen­cias son múl­ti­ples, va­rían de un in­di­vi­duo a otro co­mo tam­bién se­gún el tiem­po de ex­po­si­ción y can­ti­dad con­su­mi­da.

En ge­ne­ral, los efec­tos de la ma­ri­hua­na se di­cen que son in­hi­bi­to­rios, cau­san­do re­la­ja­ción y som­no­len­cia, mien­tras que los de la co­caí­na son ex­ci­ta­to­rios, ge­ne­ran­do ta­qui­car­dia, hi­per­ten­sión, hi­per­pi­re­xia, in­cre­men­to de la con­trac­ti­li­dad car­día­ca y mi­dria­sis. El al­co­hol, por su par­te, pro­du­ce in­coor­di­na­cio­nes mo­to­ras, fal­ta de equi­li­brio y di­fi­cul­ta­des en la ar­ti­cu­la­ción de la pa­la­bra, en­tre las más co­mu­nes.

To­das es­tas sus­tan­cias men­cio­na­das pro­du­cen ade­más al­te­ra­cio­nes de la sen­so­per­cep­ción, del pen­sa­mien­to, del jui­cio, la me­mo­ria, el hu­mor, la con­duc­ta, el sue­ño y dis­fun­cio­nes a ni­vel se­xual. En los ca­sos más ex­tre­mos se pue­de lle­gar al pa­ro car­dio­rres­pi­ra­to­rio y la muer­te.

¿Es más di­fí­cil la sa­li­da de es­tas adic­cio­nes pa­ra los adul­tos que pa­ra los jó­ve­nes?
La res­pues­ta al tra­ta­mien­to de las adic­cio­nes no só­lo es­tá re­la­cio­na­da con la edad si­no que in­ter­vie­nen múl­ti­ples fac­to­res tan­to a ni­vel in­di­vi­dual, fa­mi­liar, so­cial como cul­tu­ral. En­tre es­tos fac­to­res po­de­mos men­cio­nar la ba­ja au­toes­ti­ma, la es­ca­sa to­le­ran­cia a la frus­tra­ción, la fal­ta de in­cor­po­ra­ción del con­cep­to de lí­mi­te, los sen­ti­mien­tos de de­ses­pe­ran­za, las al­te­ra­cio­nes en el de­sa­rro­llo, los an­te­ce­den­tes de de­pre­sión, la au­sen­cia de la fi­gu­ra ma­ter­na y pa­ter­na, una fa­mi­lia dis­fun­cio­nal, la ma­la co­mu­ni­ca­ción, los an­te­ce­den­tes de con­su­mo fa­mi­liar, las di­fi­cul­ta­des en el ac­ce­so a la edu­ca­ción, al sis­te­ma de sa­lud, ne­ce­si­da­des bá­si­cas in­sa­tis­fe­chas, en­tre otros.
La ma­yor o me­nor di­fi­cul­tad tan­to de jó­ve­nes co­mo de adul­tos pa­ra la sa­li­da de las adic­cio­nes de­pen­de­rá de la in­te­rac­ción de to­dos es­tos fac­to­res.

¿Qué ti­po de te­ra­pias se de­ben en­ca­rar pa­ra adic­cio­nes cró­ni­cas y qué re­sul­ta­dos se ob­tie­nen? Las te­ra­pias re­co­men­da­das en adic­cio­nes de lar­ga da­ta de­ben in­cluir no só­lo el tra­ba­jo so­bre las ca­pa­ci­da­des de la per­so­na adic­ta si­no tam­bién so­bre el me­dio que la ro­dea. Se de­ben te­ner en cuen­ta me­di­das de in­clu­sión en su ám­bi­to pró­xi­mo, la re­cons­truc­ción de vín­cu­los a ni­vel fa­mi­liar, la­bo­ral y so­cial, po­ten­cian­do los fac­to­res pro­tec­to­res y re­du­cien­do al má­xi­mo los fac­to­res de ries­go .Nue­va­men­te, los re­sul­ta­dos de­pen­de­rán de la in­te­rac­ción de to­das es­tas va­ria­bles con­jun­ta­men­te con el tra­ba­jo trans­dis­ci­pli­na­rio.

¿El al­co­ho­lis­mo se pue­de fre­nar con me­di­ca­ción y te­ra­pia o in­de­fec­ti­ble­men­te se de­be re­cu­rrir a al­co­hó­li­cos anó­ni­mos (AA)? Se­gu­ra­men­te que la in­clu­sión en gru­pos te­ra­péu­ti­cos pue­de ser una me­di­da de gran apor­te pa­ra po­der so­bre­lle­var las di­fi­cul­ta­des que ori­gi­nan las adic­cio­nes, pe­ro no ne­ce­sa­ria­men­te es­ta op­ción es ex­clu­yen­te. La te­ra­pia psi­co­ló­gi­ca, que pue­de o no re­que­rir de apo­yo psi­co­far­ma­co­ló­gi­co sue­le ser a ve­ces una me­di­da su­fi­cien­te pa­ra sa­lir de la adic­ción. No obs­tan­te, de­pen­de­rá de las pre­fe­ren­cias par­ti­cu­la­res de ca­da in­di­vi­duo y lo que con­jun­ta­men­te se de­ci­da co­mo más con­ve­nien­te pa­ra ca­da ca­so.

¿Qué re­sul­ta­dos se ob­tie­nen con los gru­pos de au­toa­yu­da: Nar­có­ti­cos Anó­ni­mos, etc.? Los re­sul­ta­dos son va­ria­bles. Co­mo di­je an­te­rior­men­te, la in­cor­po­ra­ción en un gru­po pue­de ser de gran ayu­da pa­ra mu­chas per­so­nas pe­ro la elec­ción de in­clu­sión en el mis­mo de­be sur­gir del acuer­do co­mún en­tre el pa­cien­te y el pro­fe­sio­nal, pre­via eva­lua­ción de las ven­ta­jas y des­ven­ta­jas que ello pue­da oca­sio­nar.

¿Un adul­to ma­yor pue­de pen­sar que el he­cho de con­su­mir psi­co­fár­ma­cos no es una adic­ción, si­no que me­jo­ra su ca­li­dad de vi­da? Se de­be con­si­de­rar ca­da ca­so en par­ti­cu­lar. Exis­ten al­gu­nas si­tua­cio­nes en las que la per­so­na tie­ne una en­fer­me­dad cró­ni­ca que le ge­ne­ra do­lo­res muy in­ten­sos, de ma­ne­ra per­ma­nen­te y en don­de el uso de anal­gé­si­cos co­mu­nes no es su­fi­cien­te pa­ra cal­mar el do­lor, que­dan­do co­mo úni­ca op­ción pa­ra me­jo­rar la ca­li­dad de vi­da la de re­cu­rrir a una me­di­ca­ción con­si­de­ra­da co­mo “más adic­ti­va”. En es­tas si­tua­cio­nes se de­be ana­li­zar con­ti­nua­men­te qué lu­gar ocu­pa la sus­tan­cia en la vi­da del in­di­vi­duo pa­ra de­ter­mi­nar si exis­te o no adic­ción. Ade­más en es­tos ca­sos no só­lo la psi­quia­tría es­tá im­pli­ca­da, si­no tam­bién otras es­pe­cia­li­da­des mé­di­cas, por lo que se­rá de vi­tal im­por­tan­cia trabajar de ma­ne­ra trans­dis­ci­pli­nar.

¿Hay adic­cio­nes en los adul­tos que no se con­si­de­ran co­mo ta­les?
En Ar­gen­ti­na, el ta­ba­co y el al­co­hol son con­si­de­ra­dos dro­gas le­ga­les y es­tán acep­ta­das so­cial­men­te a pe­sar de que su con­su­mo abu­si­vo trae apa­re­ja­do efec­tos no­ci­vos en la sa­lud. Es por es­to que mu­chas ve­ces las adic­cio­nes con es­tas sus­tan­cias no son con­si­de­ra­das co­mo ta­les.

¿Qué po­si­bi­li­da­des de re­cu­pe­ra­ción tie­ne un adul­to que be­be o se au­to­me­di­car a es­con­di­das? ¿Có­mo ayu­dar­lo a sa­lir del ocul­ta­mien­to?
Se­gu­ra­men­te que el ocul­ta­mien­to y la fal­ta de re­co­no­ci­mien­to del pro­ble­ma no con­tri­bu­yen en ab­so­lu­to a la im­ple­men­ta­ción de un tra­ta­mien­to. Es ne­ce­sa­rio pri­me­ro to­mar con­cien­cia del pro­ble­ma pa­ra des­pués eva­luar cuáles son las he­rra­mien­tas que se tie­nen pa­ra po­der re­solverlo. La me­jor ma­ne­ra de ayu­dar a con­cien­ti­zar a al­guien al res­pec­to es me­dian­te la trans­mi­sión de un men­sa­je que apun­te a pro­mo­ver y me­jo­rar la sa­lud del in­di­vi­duo, ga­ran­ti­zan­do el acom­pa­ña­mien­to no des­de el pla­no de la obli­ga­ción si­no más bien des­de lo afec­ti­vo. Es por ello que es fun­da­men­tal el vín­cu­lo que exis­ta en­tre los más alle­ga­dos a la per­so­na adic­ta, ya que son ellos quie­nes pri­me­ro tie­nen la po­si­bi­li­dad de trans­mi­tir di­cho men­sa­je. Des­de el pla­no pro­fe­sio­nal es im­por­tan­te tra­ba­jar so­bre el su­je­to y su con­duc­ta pa­ra po­der sin­gu­la­ri­zar las cau­sas del con­su­mo y po­der apor­tar­le nue­vas he­rra­mien­tas que le per­mi­tan su­pe­rar el mis­mo.

¿En qué ca­sos se re­quie­re in­ter­na­ción?
Ha­bi­tual­men­te se uti­li­za la in­ter­na­ción pa­ra aque­llos ca­sos en don­de se ne­ce­si­te mo­ni­to­ri­zar de cer­ca la evo­lu­ción del cua­dro, ya sea por­que han fra­ca­sa­do los tra­ta­mien­tos am­bu­la­to­rios an­te­rio­res o por­que las con­di­cio­nes de sa­lud son ta­les que po­nen en pe­li­gro la vi­da del in­di­vi­duo. Es im­por­tan­te te­ner en cuen­ta los ni­ve­les de in­ter­ven­ción pa­ra po­der ac­tuar an­tes de que sea ne­ce­sa­ria una in­ter­na­ción. Así te­ne­mos la pre­ven­ción pri­ma­ria que apun­ta a to­das las me­di­das pa­ra evi­tar el con­su­mo, la pre­ven­ción se­cun­da­ria que tra­ba­ja pa­ra re­du­cir el da­ño pro­du­ci­do y la ter­cia­ria, que apun­ta a la re­ha­bi­li­ta­ción.

¿Es la fa­mi­lia la que lle­va al adul­to adic­to a in­ter­nar­se o lo ha­ce por sí mis­mo?
Eso va­ría mu­cho en ca­da ca­so par­ti­cu­lar. Al­gu­nas ve­ces es la fa­mi­lia la que de­sea que la per­so­na se in­ter­ne pen­san­do en que es­to apor­ta­rá so­lu­cio­nes de­fi­ni­ti­vas al pro­ble­ma, se pro­du­cen así las in­ter­na­cio­nes por “obli­ga­ción”. En otros, los me­nos fre­cuen­tes, es la per­so­na quien re­co­no­ce la di­fi­cul­tad que tie­ne pa­ra re­sol­ver su pro­ble­ma y en­cuen­tra en la in­ter­na­ción se­gu­ri­da­des que no sien­te en un tra­ta­mien­to am­bu­la­to­rio.
En cual­quie­ra de los dos ca­sos, re­co­no­cer la di­fi­cul­tad y la po­si­bi­li­dad de acep­tar ayu­da es, por le­jos, la más sa­lu­da­ble.

¿Son más adic­tos los hom­bres o las mu­je­res y qué ti­po de sus­tan­cias con­su­men ca­da uno?
Se­gún la en­cues­ta rea­li­za­da por la Se­dro­nar, los va­ro­nes pre­sen­tan una ma­yor ta­sa de con­su­mo de to­das las sus­tan­cias eva­lua­das (ta­ba­co, al­co­hol, tran­qui­li­zan­tes, es­ti­mu­lan­tes, sol­ven­tes, in­ha­lan­tes, ma­ri­hua­na, co­caí­na, crack, pas­ta ba­se, éx­ta­sis, he­roí­na, opio, has­hish, mor­fi­na, alu­ci­nó­ge­nos, ke­ta­mi­na y otras). Con res­pec­to a las mu­je­res, ex­cep­to en el ca­so de tran­qui­li­zan­tes sin pres­crip­ción mé­di­ca en el que el con­su­mo es al­go su­pe­rior en ellas, las sus­tan­cias más con­su­mi­das son al­co­hol, ta­ba­co, ma­ri­hua­na, tran­qui­li­zan­tes, co­caí­na en­tre otras.

¿Qué ti­po de apo­yo de­be brin­dar la fami­lia?
El apo­yo y el acom­pa­ña­mien­to de la fa­mi­lia son un fac­tor muy im­por­tan­te. Mu­chas ve­ces no se tie­ne muy en cla­ro qué ha­cer fren­te a un fa­mi­liar adic­to, ge­ne­rán­do­se di­fe­ren­tes opi­nio­nes den­tro del se­no fa­mi­liar con­jun­ta­men­te con sen­ti­mien­tos en­fren­ta­dos. Lo más acon­se­ja­ble en es­tos ca­sos es acer­car­se y con­sul­tar a un pro­fe­sio­nal que los orien­ta­rá en es­tas si­tua­cio­nes, brin­dan­do ayu­da no só­lo a la per­so­na adic­ta si­no tam­bién a sus se­res que­ri­dos pa­ra afron­tar y en­ten­der el pro­ble­ma de la adic­ción.

¿Es más fá­cil que un jo­ven sal­ga de una adic­ción a que lo ha­ga un adul­to adic­to cró­ni­co?
Co­mo men­cio­né an­te­rior­men­te, exis­ten fac­to­res in­di­vi­dua­les, fa­mi­lia­res, so­cia­les y cul­tu­ra­les que de­ben te­ner­se en cuen­ta a la ho­ra de em­pren­der un tra­ta­mien­to con el fin de po­ten­ciar las vir­tu­des y mi­ni­mi­zar al má­xi­mo los ries­gos. De­pen­de­rá en­ton­ces, no só­lo de la edad del pa­cien­te si­no de la in­te­rac­ción de ca­da uno de es­tos fac­to­res, en el éxi­to o no del tra­ta­mien­to. No obs­tan­te la cro­ni­ci­dad, sea jo­ven o adul­to agra­va sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el pro­nós­ti­co.

¿Las adic­cio­nes pue­den ser cau­sa de sui­ci­dio? ¿Es al­to el por­cen­ta­je de muer­tes por adic­cio­nes?
Se­gún la Or­ga­ni­za­ción Pa­na­me­ri­ca­na de la Sa­lud (OPS), la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Sa­lud (OMS) y la Aso­cia­ción In­ter­na­cio­nal pa­ra la Pre­ven­ción del Sui­ci­dio (IASP) un mi­llón de per­so­nas se qui­ta la vi­da en el mun­do ca­da año, mien­tras que una de ca­da 20 per­so­nas que in­ten­ta sui­ci­dar­se por día lo con­si­gue. El sui­ci­dio está en­tre las tres pri­me­ras cau­sas mun­dia­les de muer­te en per­so­nas de 15 a 44 años. La OMS es­ti­ma que pa­ra el 2020 el nú­me­ro de de­fun­cio­nes por es­ta cau­sa au­men­ta­rá un 50%, sien­do los jóvenes el gru­po de ma­yor ries­go.

En Ar­gen­ti­na, el sui­ci­dio re­pre­sen­ta el 16% de las muer­tes, ocu­pan­do el se­gun­do lu­gar en el gru­po etá­reo de los 15 a 24 años, el cuar­to en­tre los 25 a 34 años y el oc­ta­vo en­tre los 35 a 44 años. Si bien el sui­ci­dio se re­la­cio­na con un es­ta­do aní­mi­co en el que la per­so­na cree que la úni­ca op­ción de ter­mi­nar con su do­lor o dar so­lu­ción a su pro­ble­ma es qui­tán­do­se la vi­da, las adic­cio­nes sue­len lle­var al in­di­vi­duo a ese es­ta­do de áni­mo que pre­dis­po­ne a di­cha de­ter­mi­na­ción. La ob­nu­bi­la­ción que pro­du­ce el con­su­mo fa­vo­re­ce la pre­dis­po­si­ción al sui­ci­dio en per­so­nas de ries­go. Tam­bién ge­ne­ra un blo­queo en el apren­di­za­je emo­cio­nal di­fi­cul­tan­do el de­sa­rro­llo de ins­tru­men­tos ade­cua­dos pa­ra afron­tar el do­lor y la to­le­ran­cia a la frus­tra­ción, fa­vo­re­cien­do el pa­sa­je al ac­to.

Una en­cues­ta rea­li­za­da en es­tu­dian­tes se­cun­da­rios mos­tró que el ta­ba­co y el al­co­hol eran sus­tan­cias pre­sen­tes en los ca­sos sui­ci­das y si bien no se las con­si­de­ra cau­sas di­rec­tas de los mis­mos, sí es­ta­ban pre­sen­tes. Ca­be con­si­de­rar tam­bién que es­tas son las dos sus­tan­cias más con­su­mi­das en la Ar­gen­ti­na.

*La Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Sa­lud pro­pu­so en el año 2000 una es­ca­la de eda­des pa­ra la es­tra­ti­fi­ca­ción de la ado­les­cen­cia y la ju­ven­tud. Así, con­si­de­ra a la ju­ven­tud ple­na co­mo el pe­río­do com­pren­di­do en­tre los 20 y 24 años. No obs­tan­te, con­si­de­ra­mos que la cla­si­fi­ca­ción te­nien­do en cuen­ta sólo cri­te­rios tem­po­ra­les es in­su­fi­cien­te, ya que la ju­ven­tud es un pro­ce­so que en­glo­ba as­pec­tos co­mo la ma­du­rez fí­si­ca, so­cial y psi­co­ló­gi­ca de la per­so­na, co­mo tam­bién as­pec­tos re­fe­ri­dos a la edu­ca­ción, el tra­ba­jo, la au­to­no­mía e in­de­pen­den­cia en­tre otros as­pec­tos.


Fuente: Fundación Clínica de la Familia

Link: https://bit.ly/2UGHn6z

 

ASESINARON AL JEFE DE SICARIOS EN ROSARIO EN ÉPOCA DE CUARENTENA

Rodrigo Sánchez recibió ocho tiros cuando iba en una camioneta; acababa de salir de una empresa de transportes vinculada con su jefe, el narco Esteban Alvarado

A cien metros del golf del Jockey Club, los vecinos recluidos en sus residencias por la cuarentena que les impuso la amenaza del coronavirus se sobresaltaron por la ráfaga de disparos que al mediodía rompió el silencio del barrio de Fisherton. Ocho disparos se llevaron la vida de un hombre. No cualquiera, sino quien era investigado como uno de los jefes de los sicarios de Esteban Alvarado, que se transformó en los últimos diez años en uno de los principales alfiles del tráfico de drogas local, a la par de Los Monos, sus archienemigos.

En momentos en que las calles están casi desiertas por la pandemia, esta ciudad acumuló cuatro crímenes en las últimas 48 horas. Suman 62 en lo que va de este año. Los últimos asesinatos tienen un denominador común: fueron ejecutados por sicarios.

Rodrigo Sánchez, de 44 años, presunto gatillero jefe de Alvarado, fue emboscado en Wilde y San Lorenzo. Se movía en una Toyota Hilux gris, cuya carrocería fue agujereada por las balas. Alcanzado por ocho proyectiles, murió en el acto. Según fuentes policiales consultadas por LA NACION, a Sánchez lo atacaron desde un Renault Logan rojo, que luego fue abandonado en Ezeiza al 700. La policía detectó que el vehículo tenía pedido de captura: había sido robado anteayer.

El sábado, Sánchez había visitado a su jefe en el penal de Piñero, a 20 kilómetros del centro de esta ciudad. Los investigadores lo ubican como un hombre del círculo íntimo del narco. “Estaba encargado de reclutar a los sicarios”, apuntó una alta fuente judicial.

La víctima figuraba como empleado de la empresa Logística Santino SRL, que está a nombre de Rosa Capuano, esposa de Alvarado. Esa firma se dedica al transporte de cargas y a la comercialización de materiales de construcción. Está en Camino de las Carretas 8395, frente al Jockey Club, a unos 150 de donde Sánchez fue emboscado, justamente al salir de la compañía.

En su capital social Logística Santino SRL posee tres camiones Scania, cinco semirremolques y dos inmuebles. Cuando el año pasado los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery ordenaron el allanamiento de esta empresa encontraron documentación de otras firmas ligadas a Alvarado, como Transportes Toia SRL y Sagrado Corazón de María, esta última, una empresa de salud donde incluso Alvarado aparece en relación de dependencia.

La empresa Transportes Toia fue la que utilizó Alvarado, según confirmó la semana pasada la Cámara Federal de Rosario, para traficar 493 kilos de marihuana a Río Negro. La policía de esa provincia secuestró el 24 de noviembre de 2017 un camión que llevaba oculta la droga. Según la investigación de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), ese rodado pertenecía a Toia y el chofer estaba registrado en Logística Santino, al igual que Rodrigo Sánchez.

En el procesamiento dictado contra Alvarado, el juez federal Marcelo Bailaque indicó que Toia y Logística Santino “están vinculadas a Alvarado, quien de hecho resulta ser quien las dirige”. Señaló que Logística Santino estaría a nombre de Capuano, a quien sindicó como “prestanombres del imputado”, teniendo en cuenta que la mujer está “inscripta en la AFIP como monotributista con una categoría de ingresos de hasta 20.000 pesos, pero sería propietaria de 18 rodados”.

El jueves pasado, como publicó LA NACIÓN, fue acribillada Mariana Ortigala, quien salvó su vida a pesar de ser blanco de cinco disparos. Es la hermana de Rodrigo Ortigala, testigo clave en la causa por homicidio y asociación ilícita contra Alvarado.

No es la primera vez que los Ortigala son blanco de un ataque. En julio pasado, el frente de un edificio en Servando Bayo 1085, donde Rodrigo y su hermana trabajaban en una oficina, fue acribillado.

Rodrigo Ortigala fue clave en la detención de Alvarado, que había sido su jefe en la banda narco hasta que se presentó como arrepentido. Su testimonio fue determinante para que los fiscales Edery y Schiappa Pietra avanzaran, junto al Organismo de Investigación, en desmantelar el clan narco que había ejecutado al prestamista Luciano Maldonado, cuyo cadáver apareció el 11 de diciembre de 2018 en una colectora de la autopista Rosario-Buenos Aires, tirado junto a un cartel de cartón escrito con birome azul que decía: “Con la mafia no se jode”.

Era la leyenda que dejaban Los Monos como sello de sus ataques armados contra casas de funcionarios judiciales y jueces. Con ese artilugio, que después volvió a usar, pero de modo más sofisticado, Alvarado pretendía que culparan e investigaran a sus rivales por los crímenes y amenazas que él había cometido.

Por: Germán de los Santos

Fuente: La Nación

Link: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/asesinaron-al-jefe-de-sicarios-de-un-rival-de-los-monos-en-una-emboscada-frente-al-jockey-club-nid2345437

 

Cómo se debe tratar a un adicto a las drogas

ES CLAVE ENTENDER QUE EL ADICTO ES UNA PERSONA CON DOS PROBLEMAS: EL SUFRIMIENTO QUE TIENE Y EL MAL REMEDIO QUE BUSCA EN LA DROGA

Fui alcohólico y consumidor de cocaína por más de 10 años. Estuve internado tres veces en clínicas psiquiátricas. Un psiquiatra descubrió que tenía una depresión subterránea y gracias a eso hace 8 años que estoy limpio con antidepresivos y psicoanálisis. F.P.Q., CABA

Conductas como fumar cigarrillos, comer en exceso, beber alcohol, consumir marihuana, cocaína, drogas de diseño o LSD son las adicciones más frecuentes de la época actual.

Siempre es un interrogante el por qué algunos individuos se vuelven adictos a una determinada sustancia y otros no, a pesar de que ambos la hayan consumido.

El psiquiatra y psicoanalista armenio Edward J. Khantizian (profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard y ex presidente de la Academia Estadounidense de Psiquiatría de Adicciones) es un experto desde hace más de 50 años en el tratamiento de personas con diversas adicciones.

Este especialista constató al atender a sus pacientes adictos, que todos ellos habían consumido al menos tres sustancias psicoactivas diferentes antes de desarrollar la dependencia o la adicción por la que iban a ser tratados.

El tratamiento de la adicción a menudo se centra en lograr la abstinencia o la reducción del consumo.

Fue entonces cuando este autor se preguntó por qué se había seleccionado esa droga y no otra, llegando a la conclusión de que cada paciente “elegía” la droga que más le servía para aliviar un previo malestar emocional.

Postuló su Teoría de la Automedicación por la cual la persona adicta utiliza una determinada droga como si fuera un remedio para sentirse mejor y no porque sea vicioso o inmoral (concepción que aun persiste).

El tratamiento de la adicción a menudo se centra en lograr la abstinencia o la reducción del consumo con su daño consecuente.

Si bien muchas personas se benefician de tales enfoques, si no se trata el dolor emocional y la angustia subyacente, la persona sigue siendo vulnerable a una recaída.

Prevalece así el importante criterio de no considerar al adicto como solo quien busca el placer o su autodestrucción con la droga, si no pone el acento en entender cómo intenta evitar el individuo un sufrimiento que resulta intolerable. El consumo sería entonces lo que se ve del iceberg mientras debajo lo sostienen personales sufrimientos muy penosos.

Siempre es un interrogante el por qué algunos individuos se vuelven adictos a una determinada sustancia y otros no, a pesar de que ambos la hayan consumido.

Así, por ejemplo, el alcohol alivia los sentimientos de aislamiento, timidez, vacío o ansiedad; la cocaína y los estimulantes mejoran la falta de energía, alivian la depresión y la marihuana busca calmar la angustia y desconectarse de una realidad dolorosa.

Khantzian ubica en la temprana infancia el aprendizaje de la regulación emocional y describe cuáles serían algunas de las consecuencias del fracaso de no poder internalizar la capacidad de autocuidado proveniente de los padres. Esta capacidad cuando es bien incorporada permite protegerse de los peligros, tener un preciso criterio de realidad, capacidad de juicio, control de la angustia y la habilidad de sacar conclusiones sobre causas y consecuencias.

Por lo tanto, no es aconsejable que la atención de un individuo adicto sea impersonal, protocolizada o estandarizada ya que así el tratamiento de la adicción será igual para todos los pacientes.

Resulta entonces clave atender a los factores subyacentes de la adicción, ya que el adicto es una persona con dos problemas: el sufrimiento que tiene y el mal remedio que busca en la droga.

Si solo se trata esto último se llega al fracaso y, lo que suele ser peor, se termina acusando al paciente de ser responsable del mismo.

E.M.

Fuente: https://www.clarin.com/viva/debe-tratar-adicto-drogas_0_u2X_IaWE.html