“Adicción a los opioides”

La adicción a los opioides con receta médica, y que incluso se pueden adquirir por internet, es ya un problema de salud pública en países como Estados Unidos, donde rivalizan en muertes por sobredosis con las drogas ilegales.

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Tratamiento y prevención de la adicción a los opioides

Para tratar la adicción a los opioides se utilizan fármacos que ayudan a aliviar los síntomas del síndrome de abstinencia y a recuperar la función cerebral, junto a una terapia cognitivo conductual que ayude al paciente a modificar sus hábitos inadecuados y le proporcione herramientas para que sea capaz de controlar la necesidad de consumir la droga y evitar las situaciones de riesgo o los factores estresantes que aumentan el riesgo de recaída.

Las estrategias farmacológicas que han resultado más efectivas para abordar esta adicción a los opioides son la metadona, la combinación de buprenorfina y naloxona (Suboxone®) y la naltrexona. La metadona es un analgésico opiáceo que se utiliza desde hace más de 40 años en el tratamiento de la adicción a la heroína y que, al igual que la buprenorfina y la naltrexona, disminuye el deseo de consumir la droga sin provocar euforia, reduce el riesgo de sobredosis, y facilita que se restablezca el equilibrio en los circuitos cerebrales afectados por la adicción, aunque actúa sobre los mismos receptores opioides que otros analgésicos opioides y también puede generar dependencia.

Como explica el Dr. Ángel Nieto, médico internista del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y especialista en toxicología, en este caso se cambia un opiáceo por otro, pero con la particularidad de que “la metadona se puede ir suministrando de forma muy lenta, que es lo que se suele hacer en un proceso de deshabituación”, y “la adicción a la metadona es más fácil de manejar porque genera menos síndrome de abstinencia, y se puede suministrar a dosis más exactas y de forma rápida”.

Prevención de la adicción a los opioides
Si se tiene en cuenta que solo en 2017 en Estados Unidos se extendieron más de 191 millones de recetas de analgésicos opiáceos, resulta evidente que la prevención de la adicción a opioides de prescripción médica empieza por recetarlos únicamente cuando la intensidad del dolor lo haga necesario, y sustituirlos siempre que sea posible por otro tipo de analgésicos que no generen adicción. Las principales recomendaciones para prevenir este tipo de dependencia son:

  • Evaluar a cada paciente con dolor de forma personalizada para recetarle la dosis efectiva más baja durante el menor tiempo posible, y siempre bajo un estricto control médico.

  • Seguir las pautas de la escala del dolor oncológico de la OMS para administrar la analgesia empezando por analgésicos no opioides, seguidos de opioides débiles, y utilizando los opioides fuertes cuando aumente el dolor.

  • Supervisar y limitar la prescripción de fármacos opioides en el tratamiento del dolor crónico no oncológico.

  • Establecer programas de tratamiento de adicción a los opioides que dispensen fármacos para la deshabituación como metadona, buprenorfina o naltrexona, y sean accesibles para todos los afectados, ya que en la actualidad la OMS señala que solo el 10% de las personas que necesitan tratamiento lo reciben.

  • Incluir en estos tratamientos terapias de comportamiento y conductuales y apoyo psicosocial y psicológico, y un seguimiento al paciente a largo plazo tras la desintoxicación para prevenir recaídas.

Fuente: https://www.webconsultas.com/mente-y-emociones/adicciones/tratamiento-y-prevencion-de-la-adiccion-a-los-opioides

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“En Mendoza también se lucha contra el narcotráfico”

La droga es un flagelo a nivel mundial y su abordaje resulta un tema bastante complejo ya que engloba múltiples enfoques que van desde el consumo, los efectos y la comercialización o distribución de los estupefacientes.

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Decretado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 26 de junio quedó institucionalizado el Día Internacional de Lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, fecha en la que se pretende reforzar la acción y la cooperación con el fin de alcanzar una sociedad libre del consumo de drogas.

En Argentina esta problemática sigue siendo el causal de innumerables muertes, ya sea por consumo o por la famosa guerra de bandas narcos que se llevan la vida, en muchos casos, de personas inocentes.

La situación en Mendoza no es comparable con la del país pero si es un flagelo que se combate a diario tanto por el Gobierno como por diversas organizaciones no gubernamentales que aportan desde su lado.

En la actividad, actores interpelaron a los mendocinos sobre la temática central, la droga, y sobre diferentes mensajes que se bajan a la sociedad como el mercado, el consumo problemático, el autocuidado y o el denominado cuidado colectivo.

“A nosotros, puntualmente, lo que más nos ocupa es el consumo en los adolescentes. Existe un alto consumo excesivo en alcohol en grupos, así también consumo de tabaco y marihuana y la baja en la edad de inicio del consumo en los chicos”, indicó a modo de resumen Marta Hintuchi, encargada del Plan Provincial de Adicciones.

Por su parte, Oscar Sagás, subsecretario de Salud, hizo hincapié en el abordaje del tema en edades escolares y en la concientización temprana sobre una problemática social.

¿Cómo se combate?

Dentro del Ministerio de Seguridad existe la Dirección General Lucha contra el Narcotráfico, área destinada a desbaratar bandas narcos que operan en Mendoza pero también, con conexiones nacionales y hasta internacionales.

Siempre se suele escuchar la frase “la droga está en todos lados”, situación que no está tan errada a la actual. A través de un llamado anónimo o investigaciones extensas, los uniformados especializados realizan su tarea en pos de cortar esa cadena de vendedor – consumidor, tanto en menor como a gran escala.

Las causas de droga constituyen un delito federal por lo que la jurisprudencia en estos casos pasa a ser de un Juzgado Federal, que trabaja en conjunto con la Policía local.

Si bien todavía no hay cifras oficiales, los operativos anti drogas (marihuana, cocaína y éxtasis en menor medida) se multiplican a lo largo y ancho de la provincia, sobre todo en puestos fronterizos.

Fuente: https://www.ciudadanodiario.com.ar/nota/2019-6-26-20-14-24-en-mendoza-tambien-se-lucha-contra-el-narcotrafico

“La soja podría ayudar al tratamiento de pacientes adictos a la cocaína”

Les compartimos la publicación de Infobae.

Científicos españoles descubrieron que la oleaginosa contiene un compuesto químico llamado isoflavonas que inhibe la liberación de dopamina en el cerebro, haciendo que el paciente pierda el deseo de consumir droga. Hace 15 días representantes de Acsoja viajaron para conocer más sobre la investigación.

 

soja

 

La soja es una oleaginosa que, en primera instancia, se asocia a un commodity que genera millones de dólares en divisas para el país. Amén de esa función, está presente en cualquier supermercado en productos como milanesas, leche, salsas, aceites, entre otros.

Rodolfo Rossi, ex presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja), explicó que uno de los objetivos de la entidad es desarrollar nuevas tecnologías y promover la formación de emprendimientos sobre los actuales y nuevos usos de la soja a nivel nacional.

En diálogo con Infobae, el ingeniero agrónomo, miembro fundador de la entidad sojera, explicó que hace dos años descubrieron una publicación en un diario español que hacía referencia a una investigación que se estaba desarrollando en el Centro de Investigaciones del Hospital del Mar, en Barcelona, España.

Los investigadores trabajaban en el uso de las isoflavonas que contiene la soja con el fin de frenar la dependencia a la cocaína. “La noticia obviamente nos sorprendió: hicimos contacto con los investigadores españoles y hace 15 días logramos concretar una visita al Centro de Investigación de la Fundación IMIM, que forma parte del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas”, explicó Rossi.

Allí, el ingeniero se entrevistó con los responsables del equipo de neurociencias a cargo de las investigaciones: la médica psiquiatra Marta Torrens, que trabaja con más de 450 pacientes, y Magí Farré, jefe del Servicio de Farmacología Clínica.

Los investigadores trabajaron durante seis años, obtuvieron un presupuesto del gobierno español y llegaron a la conclusión que las isoflavonas inhiben el metabolismo de la dopamina haciendo que el paciente pierda el deseo por consumir. “Ambos descubrieron esta terapia innovadora que utiliza las isoflavonas de soja para suprimir los efectos euforizantes y estimulantes de la cocaína”, afirmó Rossi.

Según le comentaron los especialistas durante esa reunión, prácticamente no hay terapias para tratar la adicción a este narcótico. Sí se utiliza el disulfiram, un producto que tiene efectos colaterales en los pacientes. Luego de varias investigaciones, finalmente descubrieron que las isoflavonas, presentes en los granos de soja, podían utilizarse como un tratamiento alternativo.

Ventajas sobre otros tratamientos

Si bien las isoflavonas se encuentran en una cantidad importante de vegetales -por ejemplo en las leguminosas- datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por su siglas en inglés) indican que el poroto de soja y algunos de sus subproductos son los que contienen mayor concentración de estos compuestos químicos (como la harina de soja, la soja texturizada y la harina desgrasada).

Actualmente para este tipo de pacientes se utiliza un tratamiento con disulfiram. “Las isoflavonas no intervienen en el hígado como sí lo hace el disulfiram, que causa una repulsión al alcohol. Luego de varios estudios llegaron a la conclusión que este tratamiento natural es más útil para controlar el deseo hacia la cocaína. Este uso de la soja que se ha encontrado es disruptivo”, analizó Rossi.

Con respecto a la etapa formal en que la que se encuentra la investigación, Rossi afirmó que los científicos explicaron que al momento se escribieron varios trabajos científicos, se realizaron estudios con pacientes y expusieron los resultados de la investigación en congresos internacionales. Sin embargo, le comentaron, estos están frenados porque les es “muy complejo cumplir con todos los protocolos”, afirmó. “Ellos toman como base la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) en donde el proceso de aprobación es difícil. Faltan unos pasos para que esto sea realmente un producto que se comercialice con este objetivo”, agregó Rossi.

La soja y su potencial

El poroto de soja tiene un gran valor nutritivo: contiene alrededor de un 40% de proteína, pero también está compuesto por grasas o aceite, carbohidratos, fibras, minerales, entre otros. Se puede transformar en subproductos a partir de su industrialización (poroto, expandido, harina) y en su proceso de extracción de aceite por prensado (poroto, extrusado, expeller, harina).

Los usos de la soja son variados: se destina a forraje, alimentos y productos industriales de muchos tipos. Estudios llevados a cabo por Acsoja junto al Centro Regional Rosario de la Universidad de Concepción del Uruguay, reflejan que existen alrededor de 190 productos derivados del aceite vegetal y unos 80 a 100 de proteína vegetal como harina y concentrado aislado.

“Más allá de las milanesas y la leche, que obviamente la gente conoce, hoy tenemos una lista importante: aceite, margarina, mayonesa, crema para café, alimentos congelados, caldos, lácteos, productos panificados, golosinas. También productos farmacéuticos”, concluyó Rossi.

Fuente: https://www.infobae.com/campo/2019/06/15/la-soja-podria-ayudar-al-tratamiento-de-pacientes-adictos-a-la-cocaina/

“Perejiles y estadísticas”

Las políticas de lucha contra el narcotráfico en la Argentina y en la provincia de Santa Fe muestran hacia dónde va dirigida la mirada o las prioridades del Estado.

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Woody Allen decía que “muchísimo” era “su número favorito”. Quizá la ironía imprecisa del director de Brooklyn aporte mayor claridad que las estadísticas sobre la lucha contra el narcotráfico.

Ronda ese adjetivo a la hora de analizar qué se investiga en la Argentina y qué pasa puntualmente en Santa Fe en materia de narcocriminalidad, una estrategia que en el mundo empieza a cambiar de ciclo. Estados Unidos, el país que diseñó la llamada “guerra contra las drogas”, ahora está embarcado en una estrategia para despenalizar la comercialización y consumo de algunos estupefacientes, como el cannabis, que está permitido en nueve Estados.

En Argentina, debatir sobre este tema sigue siendo un tabú para la clase política. Se piensa que despenalizar es equivalente al descontrol. Y la grieta que separa las miradas políticas, en este tema se cierra en un “no”.

El 4 de mayo pasado se hicieron marchas en las principales ciudades del país, entre ellas Santa Fe y Rosario, para reclamar una nueva ley que deje de considerar al cannabis como un estupefaciente que atenta contra la salud pública.

Un principio de avance en este cambio de paradigma fue la sanción en 2016 en la Legislatura de Santa Fe del uso medicinal del cannabis, su utilización para investigación, científica y producción pública.

Estadísticas

Las políticas de lucha contra el narcotráfico en la Argentina y en la provincia de Santa Fe muestran hacia dónde va dirigida la mirada o las prioridades del Estado.

En 2018 se duplicaron las causas iniciadas por tenencia para consumo de drogas ilícitas. Se iniciaron en ese año, 803 expedientes de un total de 2.337 que se abrieron por infracción a la ley 23.737.

En el 34 por ciento de las causas quedaron imputadas personas que fueron detenidas por las fuerzas de seguridad con drogas, generalmente marihuana y cocaína, para consumo. “En la mayoría de los casos, estos acusados terminan sobreseídos. El Estado pone en funcionamiento una maquinaria en la Justicia Federal para que esas personas sean sobreseídas por el llamado fallo Arriola. No tiene ningún sentido”, explica Paul Krupnik, abogado penalista de Rosario.

Legislación y jurisprudencia

La ley original establece según el artículo 14 que para ese tipo de casos la pena será de 1 a 6 años, aunque aclara que “será de un mes a dos años cuando por escasa cantidad surgiere inequívocamente que la tenencia es para su uso personal”.

En 2009 la Corte Suprema de la Nación declaró la inconstitucionalidad de parte de ese artículo. El llamado fallo Arriola reconoce la inconstitucionalidad en el castigo a una persona adulta por la tenencia de marihuana para consumo personal en el ámbito privado. Tras este fallo se pensaba que se iba a cambiar la ley de estupefacientes, pero eso nunca ocurrió.

En 2017, de acuerdo a los datos de la plataforma interactiva de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), se abrieron 302 causas por tenencia para consumo, y representaba el 14 por ciento de los expedientes vinculados a las drogas.

Un año después, la cifra se incrementó de manera notable: saltó de 302 a 803 causas. En 2018 representó el 34 por ciento de las causas. “Son causas que sirven para las estadísticas, nada más. Como política de Estado no tienen el más mínimo sentido, hasta que no pensemos seriamente en la despenalización”, afirmó Krupnik.

Perejiles

¿Por qué se da este incremento en la persecución de personas que usan las drogas para consumo? No la venden ni se la ofrecen a otros. La multiplicación de operativos policiales puede ser una razón. Pero también aparece otra razón. A la par que subieron las causas por tenencia para consumo, bajaron las investigaciones pesadas, las que apuntan a organizaciones más sofisticadas, las que manejan el negocio ilegal.

Pasaron de 1.682 representaba el 76 por ciento del total de causas- en 2017 a 1.049 el año pasado, es decir, el 45 por ciento de los expedientes. El que delimita el artículo 5 C de la ley de estupefacientes es el que tiene una pena más dura, que va de 4 a 15 años de prisión. Y los imputados son personas que comercializan, almacenan y transportan drogas ilícitas. Es decir, los consumidores de las 803 causas que se abrieron el año pasado le compraron a esta gente, que generalmente se enriquece con el negocio ilegal con cuyo dinero usa para tejer complicidades con el Estado.

En 2011 ocurrió algo parecido, casi un calco de lo que pasó en 2018. Ese año hubo 815 expedientes en los que los imputados eran consumidores. Ese número representaba el 39 por ciento de las causas por drogas ilícitas. Y ese año también bajó la cantidad de expedientes que tenían como imputados a personas que comercializaban y transportaban estupefacientes.

Este contraste de las estadísticas despeja también la idea de que los últimos dos gobiernos, tanto el de Cristina Fernández y el de Mauricio Macri, tienen políticas diferentes en la manera de combatir el narcotráfico.

Los llamados perejiles, adictos, personas que tienen un problema de salud más que uno de seguridad, son los que están en el centro de la escena, y son los que abarrotan las cárceles, donde se hacen las licenciaturas en delincuencia.

Estados Unidos, el país que diseñó la llamada “guerra contra las drogas”, ahora está embarcado en una estrategia para despenalizar la comercialización y consumo de algunos estupefacientes, como el cannabis, que está permitido en nueve Estados.

¿Por qué se da este incremento en la persecución de personas que usan las drogas para consumo? No las venden ni se las ofrecen a otros. La multiplicación de operativos policiales puede ser una razón. Pero también aparece otra razón. A la par que subieron las causas por tenencia para consumo, bajaron las investigaciones pesadas, las que apuntan a organizaciones más sofisticadas, las que manejan el negocio ilegal.

Fuente: https://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2019/05/19/opinion/OPIN-01.html

“El cerebro alterado por la droga”

En personas no adictas, la señal de la dopamina se utiliza para actualizar el valor asignado a diferentes acciones, lo que provoca una elección y un aprendizaje. Se aprende cuando ocurre algo inesperado. Nada nos enfoca más que la sorpresa. Aprendemos por ensayo y error. Con la adicción, este proceso de aprendizaje se altera. Se sobrevaloran las señales que rodean a la experiencia adictiva, provocando que los sistemas dopaminérgicos les asignen un valor excesivo a los contextos que la rodean. Se continúa liberando dopamina, mediante la señal artificial que, por ejemplo, producen las sustancias psicoactivas. Esto provoca un deseo desproporcionado hacia la droga, unas ansias de consumo que van mucho más allá del placer o alivio del dolor que pueda producir realmente.

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En resumen, gracias a la distorsión en el sistema de valoración de las personas adictas, su dependencia parece incrementar el deseo sin aumentar el disfrute del objeto de la adicción. Como individuos y como especie, son estos sistemas cerebrales los que nos señalan lo que nos importa y lo que no, estando asociados a la alimentación, la reproducción y nuestra supervivencia.

La adicción distorsiona estos objetivos vitales, sustituyéndolos por el objeto de la misma, drogas, sexo o, incluso, dinero. Es, en esencia, un comportamiento autodestructivo. Podríamos compararlo con el motor de un coche al que lo vamos degradando, poco a poco, su combustible con, por ejemplo, agua. El automóvil andará cada vez con más dificultad, y nadie entenderá por qué seguimos poniéndole gasolina adulterada.

Revirtiendo el proceso de aprendizaje

En ningún caso estamos planteándonos que, por ejemplo, un drogodependiente no pueda llegar a convertirse en un enfermo con un trastorno dual. Ocurre, en algunas ocasiones. Digamos que se ha pirateado tanto el cerebro, que ya no es posible reinstalarle el sistema operativo original. Pero hasta llegar aquí, el adicto a drogas, recorre un gran camino donde el aprendizaje y la consolidación de nuevas rutas en su cerebro se pueden modificar.

Por ello, aunque el salto de vicio a enfermedad supuso un importante avance en el abordaje de las adicciones, tratar a todas las personas que consumen drogas o son adictas a determinados comportamientos como pacientes, puede estar consiguiendo el efecto contrario. Para tratar un trastorno de aprendizaje, como por ejemplo una fobia, es esencial la participación activa de la persona.

Además es imprescindible conocer detalladamente cómo se ha producido el trastorno para poder desactivarlo. Lo mismo ocurre con el tratamiento neuropsicológico del trastorno adictivo. Tenemos delante a una persona que debe ir sustituyendo un comportamiento nocivo por otro que no lo es. Y para ello es imprescindible que esté implicado en el mismo desde el principio. El enfoque sanitario clásico, al clasificar a todos los adictos como enfermos, no necesita de la colaboración del mismo, al menos al principio.

En el caso, por ejemplo, de la adicción a drogas, al paciente se le pide que no luche, que se deje hacer, para desintoxicarlo. Luego pasaríamos a la rehabilitación psicosocial que, hasta no hace mucho tiempo, se consideraba una parte accesoria del tratamiento. En cierta forma, al cerebro del drogodependiente, le estamos diciendo que la solución sigue viniendo de fuera y que se la vamos a proporcionar con más psicofármacos. Afortunadamente, hemos ido evolucionando hacia un tratamiento que aborda la adicción como un trastorno de aprendizaje con componentes biopsicosociales que tienen, al menos, la misma importancia.

Fuente: https://www.elliberal.com.ar/noticia/494894/cerebro-alterado-droga

“Centros de día, drogas de noche”

Les compartimos la publicación de La Gaceta.

El Cepla, el edificio emblemático de la lucha contra las drogas en Tucumán, fue inaugurado el martes en la Costanera, en medio del enojo de los vecinos. “Llega tarde”, dijo una madre que ha perdido a tres hijos en 16 años, consumidos por el paco. “Va a fracasar si no se trabaja con los chicos y con la familia”, sentenció el vecino Ángel Villagrán, de “La hermandad de los barrios”.

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El día de la inauguración del centro para tratamiento de adicciones, mezclado con el acto político con el que el gobernador Juan Manzur presentó al precandidato presidencial Alberto Fernández, el barrio empezaba a velar a dos adolescentes de 14 años. Nico y Miriam se habían quitado la vida. ¿Pacto suicida? ¿Depresión? “Hay muchos casos de suicidio relacionados con el consumo y con las problemáticas sociales. La vida y la muerte son vistas como algo efímero”, dice el psicólogo Emilio Mustafá, que trabaja con un equipo territorial en la Costanera y otros barrios vulnerables. Ese día, también, los vecinos reclamaron por la política social y de salud (decían que no los invitaron al acto y que los ningunean) con un carro de tracción a sangre y un cartel que decía “esta fue nuestra primera ambulancia del Cepla”, haciendo alusión a que al problemático vecindario no entran los vehículos de emergencias.

No es que el Estado no esté presente. Desde hace mucho tiempo trabajan en ese barrio equipos del Programa de Mejoramiento Barrial, de Desarrollo Social, de Educación y de Seguridad provincial, y de la Municipalidad capitalina. Lo han pavimentado parcialmente, lo han iluminado, le hicieron una avenida junto al río Salí, le pusieron juegos; hay una iglesia, una canchita, una escuela. Todo en un área de casi 20 cuadras por tres, ubicada entre los puentes Ingeniero Barros y Lucas Córdoba, en la que viven unas 9.000 personas. El Estado está presente, pero la realidad del barrio lo supera: mantiene un dramático promedio de entre tres y cinco homicidios por año. Por sus calles, la violencia y la venta y el consumo de droga parecen estructurales.

Pobreza y crisis

No se trata necesariamente de un problema de pobreza, que, objetivamente, se ha agravado en una economía nacional salvajemente destructiva. Si se calcula el índice de pobreza en un 31,2% en el Gran San Miguel, eso implica unas 286.000 personas en riesgo, que tienen comprometida su salud, su vivienda, su alimentación, su trabajo, su equilibrio mental y social. El Estado sí hace cosas. El secretario de Articulación Territorial, Francisco Navarro, dice que hay en toda la provincia 960 escuelas (más de 200.000 chicos) con prestación alimentaria (desayuno, almuerzo, y/o merienda) y, por cuarto año consecutivo, se han abierto muchos comedores escolares en vacaciones de verano y de invierno. La semana que viene se abrirán los de 270 establecicmientos. “La Provincia se encarga del 85% del costo; y la Nación, del 15% -explica-. Hace cuatro años, la relación era 60-40. Es decir que la Nación está aportando menos”. Y agrega: 109 cocinas comunitarias en barrios vulnerables, un programa amplio de microcréditos (con tasa del 6% anual) para emprendedores de economía social; y hay 60 mesas de gestión local (con fuerzas de la comunidad). No obstante, las cosas parecen empeorar, a su juicio, por la crisis económica. “Las sociedades más justas son las menos violentas. Acá la gente la está pasando mal; la situación económica afecta directamente a los sectores más vulnerables”.

Matías Tolosa, secretario de Adicciones, destaca que desde diciembre, cuando pusieron en marcha el primer Cepla (en barrio el Bosque) hasta el quinto (Costanera) el martes pasado, tuvieron 1.000 consultas y el 80% era gente que se acercaba por primera vez a buscar ayuda. Además, en el primer trimestre el sistema de Salud registró 5.500 consultas. “Al comienzo de la gestión trabajábamos en cinco o seis barrios y ahora son 35 en la Capital. No sólo es presencia sino trabajo en conjunto con distintos factores. Cocinas comunitarias, merenderos y gestiones para fortalecer lazos sociales; por ejemplo, el ciclo ‘boxeo en tu barrio’”. “En dos meses inauguraremos el sexto Cepla, en Villa Angelina. Además, tenemos un ‘trailer centro de escucha móvil’ que nos permite recorrer barrios capitalinos y del interior”. Y coincide con Navarro: “no puede haber buena salud sin una situación económica que acompañe. Es mucho más complejo cuando todas las vulnerabilidades se juntan en un mismo lugar: adicciones, pobreza, discapacidades. hasta en una misma familia. El Cepla, el CAPS y la escuela van a ser la presencia del Estado más fuerte en el barrio”.

Si el Estado hace cosas, ¿por qué no se alcanzan a ver resultados y estalla la insatisfacción? Paula Boldrini, arquitecta de un equipo del Conicet que trabaja en integración territorial en barrios vulnerables, dice que el problema de las adicciones es la demanda principal, tanto en investigadores del hábitat como en movimientos sociales. Así se analizó en un reciente congreso nacional sobre asentamientos informales. “Son las adicciones vistas como resultado de sumatorias en general que no se resuelven: hambre, falta de trabajo, discriminación, exclusión”. “Esto es una avalancha -agrega-; es una situación que por la estructura urbana está constreñida a asentamientos informales, que tienen un nodo común, que es el de la insatisfacción de las necesidades básicas”. Mustafá coincide en que se están viendo niveles inusitados de adicciones y violencia; y que la droga, en los consumos problemáticos (caso del paco), es una búsqueda desesperada de salir de esa realidad dura. Por eso los padres -como la mujer que perdió tres hijos- no saben cómo sacarlos del drama. “No se puede enfrentar el problema sin enfrentar la pobreza. Esos chicos no tienen posibilidades de elegir”, agrega Boldrini.

Perdidos en la neblina

También incide el enfoque. En visita a LG Play, el experto en adicciones Gustavo Marangoni advirtió que es muy complejo hacer frente al drama de los chicos perdidos en una “neblina cognitiva” (están atrapados por el consumo), y que la Secretaría de Adicciones no tiene autonomía ni presupuesto para ello. “No hay psicólogos formados en adicciones, ni médicos. Tampoco están haciendo formación de técnicos terapéuticos”, dice. Denuncia que en el Cepla no se ha nombrado gente idónea y que se debería trabajar con jóvenes recuperados. Mustafá reclama que ellos y los vecinos no han sido consultados, además de que han sido diezmados los equipos de abordaje territorial, que son los que trabajan con los chicos en riesgo. “En el caso de la Costanera, hay una gran demanda asistencial. La gente está entre alegre por el Cepla y confusa porque no sabe qué va a pasar”. Advierte que los chicos adictos son como fantasmas cuya actividad comienza después de mediodía hasta la una o dos de la mañana. “En cambio, el Cepla va a funcionar de 8 a 18… algo no está bien programado”, dice. Y critica que, aunque no se puede decir que no se hacen cosas, se ve que hace falta un plan estratégico, pensar en lo que hace falta y lo que hay que hacer a partir de entrar en la vida cotidiana de los barrios y en sus problemas.

A la defensiva

Los funcionarios dicen que tienen esa intención, pero no dan datos de cuántos adictos hay, cuánta gente está en riesgo y qué otras cosas hacen falta. “Están siempre a la defensiva y como minimizando el tema”, sentencia el psicólogo. “A nosotros nos toca trabajar en un sector que es de trinchera, que es visible, pero hay muchos otros barrios con problemas como el de la Costanera”.

Fuente: https://www.lagaceta.com.ar/nota/810829/opinion/centros-dia-drogas-noche.html

“Rosario: el negocio del narcotráfico y su impacto social”

Les compartimos la publicación de Infobae

El periodista rosarino y diputado provincial Carlos Del Frade, quien acaba de ser reelecto para un nuevo mandato en la Legislatura santafesina en las listas del Frente Social y Popular, alerta sobre el negocio “paraestatal” del narcotráfico y cuestiona la complicidad entre las bandas delictivas y las fuerzas de seguridad y la inacción de la dirigencia política. Por Mariano Roca.

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“No habrá más seguridad si se sigue alimentando la fenomenal circulación de dinero que garantiza la inseguridad”, asegura Carlos Del Frade en el prólogo de su último libro titulado Balaceras, narcotráfico y política. Se trata del cuarto volumen de su saga Geografía narco, en el que también cuestiona las políticas de “mano dura” que ‒según advierte el autor‒ “generaron el aumento de la violencia individual y los homicidios en las grandes ciudades de la Argentina”. “Decir que el Estado está ausente es una ‘narco-soncera’: el Estado siempre está presente, pero el problema es si esa presencia es corrupta o virtuosa”, manifiesta, en diálogo con DEF.

Este periodista de investigación y actual diputado provincial santafesino rechaza la equiparación de Rosario con el fenómeno narco de Medellín en las décadas del 80 y del 90, una afirmación equivocada que atribuye a “una mirada porteña de un país profundamente unitario, como el que tenemos”. A su juicio, “la matriz del negocio de la droga en la provincia de Santa Fe tiene características más parecidas a las de San Pablo, donde es manejado por grupos criminales desde adentro de las cárceles”. Esta afirmación ha sido confirmada por el Tribunal Oral Federal N.º 3 de Rosario, que sentenció en diciembre pasado a Ariel Cantero ‒más conocido como “Guille”‒ y a su lugarteniente, Jorge Emanuel “Ema” Cantero, a penas de 15 y 17 años, respectivamente. Dado “su alto nivel de peligrosidad”, ese mismo Tribunal había ordenado previamente el traslado de esos dos integrantes de la temida banda narcocriminal de “Los Monos” desde el penal santafesino de Piñero a sendas prisiones federales. “Guille” Cantero, quien purgaba una condena previa de 22 años, se encuentra alojado en el Complejo Penitenciario de Ezeiza, mientras que “Ema” Chamorro, que tenía una condena anterior de nueve años, está recluido en la Unidad N.º 6 de Rawson. Ambas estructuras carcelarias dependen del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

-¿Cómo aparece el fenómeno de las bandas narco en Rosario?
-El negocio paraestatal del narcotráfico apareció a fines de la década del 70, a partir de un acuerdo entre las dictaduras de Hugo Banzer y Jorge Rafael Videla. El primer cargamento llegó en abril de 1978 a la zona franca de Bolivia en el puerto de Rosario. A partir de ese momento, se establece la ruta de la cocaína desde Bolivia y la ruta de la marihuana a través del Paraná, que siguen siendo las mismas desde hace 40 años. Cambian los “peajes”, pero se mantienen los distintos nichos de corrupción de las fuerzas de seguridad tanto nacionales como provinciales, y los funcionarios políticos siguen mirando para otro lado. En la década del 90, lo que se produjo fue la desarticulación de los grandes cordones urbanos en las tres principales provincias: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Aparecieron entonces los que hoy se definen en términos jurídicos como “fungibles”: chicas y chicos desesperados que están fuera del sistema escolar, no saben a qué aferrarse para soportar la vida cotidiana y buscan agarrarse de dos de los negocios que les ofrece el sistema: armas y drogas. Entre finales de la década del 80 y comienzos de los años 90, se produjeron en Santa Fe dos hechos muy importantes. Por un lado, la privatización del Banco de la Provincia de Santa Fe, entregado a los hermanos Rohm, quienes terminaron siendo condenados por lavado de dinero del narcotráfico. Y, por otra parte, la privatización del puerto de Rosario y la aparición de unos sospechosos capitales filipinos. Fue entonces cuando la DEA catalogó, por primera vez, a los puertos de Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín como “zona roja” de ingreso y egreso de cocaína.

Desde la década del 90, los puertos de Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín han sido catalogados por la DEA como “zona roja” de ingreso y egreso de cocaína.

-¿Cuáles son las características del fenómeno narco en Rosario?
-Las rutas de la droga convergen en Rosario, que es además una ciudad muy apropiada para desarrollar el negocio del lavado de dinero, y no es casualidad que se haya dado en paralelo al boom inmobiliario. De los puertos de Rosario y el Gran Rosario sale el 70 % de las exportaciones argentinas. Hay un flujo de dinero permanente, y la mejor manera de disfrazar un elefante es esconderlo en una manada de elefantes. Acá es fácil disfrazar el dinero negro. Mientras tanto, en los barrios comenzaron a aparecer esos “agujeros negros” que deja la desocupación, y las bandas narco empezaron a disputarse el territorio. El fenómeno de la violencia también está vinculado a las “barras bravas” de los dos clubes más importantes de la ciudad, Rosario Central y Newell’s Old Boys.

-¿Cómo aparece el fenómeno de los denominados “búnkers”?
-Eso empieza a partir del año 2000. Son esas construcciones rústicas de ladrillo con una sola mirilla, que se abren desde afuera hacia adentro, con lo cual el pibe que está adentro “trabaja” doce horas y ni siquiera puede ir al baño. Está sumido en la esclavitud, lo que aparece incluso en un fallo de la Justicia Federal que así lo dejó consignado. Los chicos que están ahí vendiendo droga son verdaderos esclavos. La razón de la construcción de estos “búnkers” fue como reacción de los grupos narcos a la Policía, que les pedía cada vez más dinero por protegerlos.

-¿Qué lugar ocupan Los Monos en este negocio?
–A partir del año 2006, Los Monos se meten directamente en el negocio de la cocaína. Máximo Ariel “El Viejo” Cantero había caído preso, por primera vez en 1998 por traer 30 kilos de marihuana de Corrientes. Casi diez años después, Los Monos ya se habían hecho cargo del gran negocio de la droga. Se terminaron imponiendo sobre la otra banda del barrio de Las Flores, llamada “Los Garompa”. Estamos hablando del sur de la ciudad de Rosario, en la zona el City Center; a la espalda del casino se puede ver un gran mural del “Pájaro” Cantero. Es importante destacar una definición extraordinaria que aparece en el expediente del juicio contra esta banda que se siguió en la Justicia Provincial, donde el juez Juan Carlos Vienna señala que Los Monos se constituyeron en un “gobierno de facto” sobre los barrios de la ciudad. La gran pregunta es qué hicieron los gobiernos municipal y provincial mientras esto sucedía. Cuando en 2013 cayó asesinado quien era el líder de la banda, Claudio Ariel “Pájaro” Cantero, empezó la ola de violencia.

En abril de 2018, la Justicia santafesina condenó a los cabecillas de la banda de Los Monos a penas entre 6 y 37 años, por cuatro homicidios ocurridos entre 2013 y 2015, como represalia por el asesinato del “Pájaro” Cantero.

-¿El fallido atentado contra el exgobernador Antonio Bonfatti fue una bisagra en esa ola de violencia que sacudió a Rosario?
-Fue un hecho impactante; ocurrió el 11 de octubre de 2013 y por centímetros no mataron a su esposa. Fueron en total 34 balazos y tres pasaron muy cerca de donde estaban Bonfatti y su mujer. La investigación del hecho estuvo a cargo de la actual vicegobernadora electa, Alejandra Rodenas [compañera de fórmula de Omar Perotti]. En el expediente, a partir de lo declarado por un testigo de identidad reservada, la jueza indicó que ese atentado se produjo como represalia porque en la tapa del diario La Capital de Rosario se publicó una fotografía de los principales jefes narco en una fiesta de la familia Cantero. El testigo indicó que los Cantero dieron a entender que con esa foto se habían roto las reglas de juego y tenían que asustar al gobierno. Sin embargo, luego se procesó como autor material e intelectual del hecho a Emanuel “Pimpi” Sandoval, el muchacho de 22 años que disparó contra la casa de Bonfatti. Parece que nos estuvieran tomando el pelo.

-¿Qué rol tiene la Policía de la Provincia de Santa Fe que quedó bajo sospecha particularmente luego de la detención de su exjefe Hugo Tognoli?
-En forma muy parecida a lo que sucedió con las Policía Bonaerense y con la Policía de la Provincia de Córdoba, fueron quedando en evidencia nichos corruptos que regulaban los negocios de la calle. Tanto en Córdoba como en Santa Fe la División Drogas Peligrosas de las Policías provinciales se terminó disolviendo. En octubre de 2012, a partir del caso Tognoli, se creó una Secretaría de Delitos Complejos dependiente del Ministerio de Seguridad provincial, que quedó cargo de una abogada que era también policía, Ana Viglione. Hoy sigue siendo funcionaria del Ministerio de Seguridad, está imputada por falso testimonio en la causa “Los Monos” y sus primeros agentes están imputados en la misma causa.

-¿Cuál es su visión de la ley de desfederalización, que descentraliza y traspasa a la órbita provincial la persecución del llamado “narcomenudeo”?
-Lo que han demostrado los números oficiales del Ministerio de Seguridad es que tenemos cada vez más cárceles atestadas de pibes pobres, y hoy hay en circulación un 15 % más de marihuana, un 93 % más de cocaína y un 220 % más de metanfetaminas. Claramente, la ley de desfederalización del “narcomenudeo” termina por favorecer el narcotráfico.

Fuente: https://www.infobae.com/def/defensa-y-seguridad/2019/07/06/rosario-el-negocio-del-narcotrafico-y-su-impacto-social/