“La argentinización del narcotráfico”

Les compartimos la siguiente publicación mexicana sobre el narcotráfico en Argentina.

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Argentina aún no tiene un nombre como país narco, pero ya es un lugar importante para operaciones de los cárteles internacionales, dice Luis Serra, investigador del departamento de seguridad interior de EU.

Guillermo G. Espinosa / Rosario, Argentina

David Chávez, jefe de inteligencia anticriminal de la provincia de Santa Fe, traza sobre papel un mapa del narco en Argentina: al norte, una frontera muy extensa con productores de cocaína, Bolivia y Paraguay. Luego, las provincias limítrofes: Salta, Formosa, Misiones, Corrientes. Al sur, Buenos Aires. Y los puntos clave en las rutas del tráfico internacional se ubican en el epicentro argentino, Santa Fe y Rosario.

Este hombre encargado del manejo de información sensible también sabe que en las islas del río Paraná hay movimientos sospechosos y que la droga ingresa de todas formas, inclusive a manos de personas que cruzan las fronteras con bultos, “los bagazos, como les dicen”.

Es decir, en suma, Argentina está rodeada por las operaciones de organizaciones de narcotraficantes que aprendieron de los cárteles colombianos y mexicanos, pero que cobraron vida propia, y ahora forman parte del andamiaje internacional estratégico para el lavado de dinero, la producción y tráfico de enervantes.

Los efectos son notorios. En el mapa regional de América del Sur aparece Argentina con un fenómeno creciente de narcotización de la violencia, cada vez más homicidios por disputas territoriales, usurpación de propiedades, allanamiento policial de refugios de la delincuencia organizada, la frontera patrullada por el ejército y la Drug Enforcement Agency (DEA), en operativos con fuerzas policiales locales. No hay una guerra contra las drogas, ni “colombianización” ni “mexicanización”, como han sugerido voces de la opinión pública, incluido Francisco, el papa. Argentina baila a su modo. “Es narco made in Argentina”, dice María de los Ángeles Lasa, una especialista en crimen organizado.

Argentina aprendió lo mexicano
En la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe, la violencia aparece con símbolos del fenómeno narco: ejecuciones en vía pública, colusión de policías, “soldaditos narco” que son una suerte de sicarios, y hasta la residencia de un gobernador santafesino rafagueada.

El problema fue invisibilizado por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner a tal punto, que sus administraciones cancelaron la publicación de estadísticas sobre el narco. Un político del primer círculo kirchnerista, Aníbal Fernández, desoyó advertencias del gobierno de México sobre actividades del cártel de Sinaloa en Argentina; años antes fue ignorado un llamado de atención sobre Amado Carrillo.

“No podría negar que en la provincia de Santa Fe hay graves problemas relacionados con la narcocriminalidad. Hay una circulación de violencia muy alta, mucho consumo de sustancias”, dice Chávez en una entrevista a la que llega con demora porque viene de una reunión en El Ojo, el centro de operaciones de la inteligencia santafesina, en el sótano de un viejo edificio neoclásico que, en el pórtico, lleva la leyenda “Jefatura de Policía”, hoy sede de las oficinas del gobierno santafesino en Rosario.

Chávez da fe de que en esta provincia no hay producción de marihuana o coca. Es punto de tránsito, sostiene. Rosario pasó a ocupar lugares protagónicos en los medios argentinos cuando aumentó la actividad de bandas locales, la década anterior. El gobernador Antonio Bonfatti (2011-2015) dio un giro en su política de seguridad, superando viejas fórmulas de connivencia con elementos de la autoridad provincial. Los traficantes se enfrentaron entre sí. El 26 de mayo de 2013, Claudio Ariel Pájaro Cantero, un dirigente de Los Monos fue asesinado por un grupo rival.

La estrategia del gobierno provincial estaba generando efectos. El 11 de octubre de 2013, Los Monos reaccionaron con furia, marcando la casa del gobernador Bonfatti con 14 disparos de grueso calibre. El atentado casi le cuesta la vida. Ese acto de violencia y desafío a la autoridad llamó la atención de todo el país sobre el problema de Rosario. Seis meses después, dos mil agentes federales y provinciales se volcaron sobre la periferia sur rosarina en una operación de búsqueda de remanentes de Los Monos, dirigida al mejor estilo de las mafias sicilianas por un clan familiar.

La masividad del despliegue fue insuficiente para capturar al capo, Ariel Máximo Cantero, padre del Pájaro, quien 10 años atrás (en 2003) había heredado la jefatura de la banda, fundada por su concuño, Juan Carlos Fernández, El Mono Grande. Poco antes de irse Bonfatti, el 22 de mayo de 2015, cayó finalmente El Viejo, dando por terminado un capítulo de años de crímenes, purgas y venganzas.

La historia de Rosario tiene episodios en que grupos mafiosos toman lugares destacados de la vida pública, fortaleciéndose en tiempos de boyante actividad económica. El primero de ellos en la segunda mitad del siglo XIX, durante el auge en la exportación de granos y el más reciente en la década pasada, con el precio de las materias primas por el cielo. Su mote de la Chicago argentina proviene de la influencia del puerto comercial en la cotización internacional del trigo, aunque también por el control que tuvo hace décadas un siciliano, Juan Galiffi, alias Chicho Grande, sobre prostíbulos y otros negocios ilegales.

“La cuestión de los puertos es vital, ya que la mayor carga de droga traficada en el mundo se traslada por barcos. Esto explica, en buena medida, la crisis de seguridad de Rosario, debido al valor logístico que tiene su puerto”, escribió Eugenio Burzaco, politólogo y experto en seguridad, en El poder narco, un libro en colaboración con el analista Sergio Berensztein.

Su evaluación en 2014 no fue nada complaciente. “Rosario condensa y resume la complejidad del fenómeno del narcotráfico. Puso de manifiesto su rápida expansión y las consecuencias de la ausencia, la inacción e, incluso, el fracaso del Estado”.

Con ese ensayo, Burzaco y Berensztein interactuaron en un creciente debate sobre el narco argentino, que históricamente ha estado signado por la negación de que este país sea parte de los circuitos internacionales de la droga, reduciéndolo a un mero fenómeno de “punto de tránsito”, a pesar de que Buenos Aires destaca desde hace años en los reportes de Naciones Unidas como la ciudad de mayor consumo de drogas en América Latina, al lado de Sao Paulo. Ha sido especialmente notable el síndrome negacionista del peronismo, tanto del bando neoliberal de Carlos Saúl Menem (1989-1999) como del estatista de Cristina Fernández (2007-2015). Notable ha sido la posición de Eduardo Duhalde, quien como presidente interino (2002-2003), pudo saber del aumento en el consumo de la fórmula degradada de la cocaína, el paco o crack.

¡Gracias, Gauchito!
El estilo del presidente Mauricio Macri ha tomado otra dirección. Anunció desde 2015 que involucraría al Ejército en una guerra contra el narcotráfico, lo que resulta polémico en un país sometido a una dictadura entre 1976 y 1983, por una presunta recuperación del perfil de los militares en asuntos de seguridad interior.

Burzaco es el actual secretario de Seguridad en el gobierno del presidente Mauricio Macri y lleva los temas del tráfico de estupefacientes. En una entrevista se le preguntó cuál fue la situación que encontró al inicio de la gestión y respondió: “La falta de políticas de Estado respecto al problema de las drogas hasta 2015 significó que Argentina dejara de ser sólo un país de tránsito para ser también de consumo de drogas, de provisión de recursos químicos y de lavado de activos”.

Macri cumplió el 12 de junio de 2018 con el despliegue de militares en la zona norte, un día después del lanzamiento del programa “Argentina sin narcotráfico”, que se propone mayor coordinación entre el gobierno y el poder judicial federal y las autoridades provinciales. En la evaluación del problema deslizó una fuerte crítica a sus antecesores en la Casa Rosada: “ya no queremos un Estado socio, cómplice del narcotráfico, un negocio que creció durante años a espaldas de un Estado que no hizo nada para pararlo”.

La estrategia del gobierno de Argentina partió de un diagnóstico “real, preciso y actualizado”, afirma Burzaco.

Había que dejar atrás el “apagón” estadístico de siete años, actualizar leyes e incrementar capacidades institucionales de fiscalización, vigilancia e investigación criminal; ampliar la cobertura de la frontera norte, de líneas muy fracturadas. Los precursores químicos pasaron a la lupa. En 2017 se logró una cifra récord de interdicción de cocaína, rebasando las 15 toneladas. En 10 meses de 2018 capturaron 150 toneladas de marihuana. “La DEA es un socio estratégico”, puntualiza.

La academia ve con escepticismo la política de Macri, algo que Juan Gabriel Tokatlian de la Universidad de Buenos Aires, autor de un libro titulado De militares a policías, mira como una nueva versión de la “guerra contra las drogas” y la militarización, de manera consistente con objetivos de Estados Unidos.

Germán Montenegro, coautor del tomo, exfuncionario público de seguridad portuaria, ahora adscrito a la Universidad Nacional de Quilmes, afirma que “Argentina no ha desarrollado una política en función de la estructuración de mercados en el país. Ha pensado siempre en el discurso, en general, y en la acción ha predominado la idea de que la lucha contra el narcotráfico es aquella que está asociada con el ámbito internacional”, donde la DEA es la agencia emblemática.

Entre los operativos hechos en cooperación con la DEA está un caso de interdicción en Catamarca, frontera con Bolivia, que atrajo los reflectores en 1995. El 9 de febrero pasado se pactó en Washington la formación de una task force de la DEA para la provincia de Misiones, en una intrincada conexión territorial con Brasil y Paraguay. El antecedente es otro grupo de agentes en Salta, limítrofe con Bolivia. El informe 2018 del Departamento de Estado sobre narcotráfico internacional reporta ya un cambio en la relación con la Argentina de Macri. Lo sitúa como país de tránsito y apunta al creciente procesamiento local de la cocaína.

“La DEA articula sus relaciones con el gobierno argentino, con los poderes, las agencias policiales, los jueces provinciales o federales, en función de una agenda que tiene Estados Unidos. Y las autoridades de Argentina tienen la tendencia a articular con la DEA en función de esa agenda, no de la agenda argentina».

“A la DEA no le interesa lo que pasa en los mercados internos en Rosario, Buenos Aires o Córdoba. Solamente le importan los circuitos de abastecimiento de droga hacia el exterior, hacia Estados Unidos, fundamentalmente”, sostiene Montenegro.

En el barrio Las Flores, periferia sur de Rosario, la gente se comunica a silbidos cuando un visitante les parece inoportuno. Ahí vivían los Cantero. Sobre un muro hay un tributo de autor anónimo al Pájaro: un retrato con su melena negra y una oración poética. A unas cuantas calles está un altar al Gauchito Gil, algo así como el Malverde de Sinaloa. Son piezas de la cultura pop narca argentina. Este héroe popular del siglo XIX, en la lejana provincia de Corrientes, reemergió en 2018 en una película de producción nacional llamada Gracias, Gauchito.

El 9 de febrero  se pactó en Washington la formación de una task force de la DEA para la Provincia de Misiones, en una intrincada conexión territorial con Brasil y Paraguay. El antecedente es otro grupo de agentes en Salta, limítrofe con Bolivia.

Fuente: http://www.ejecentral.com.mx/la-argentinizacion-del-narcotrafico/

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“Piden un abordaje del consumo de drogas en todos los niveles educativos”

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Jóvenes

Con el fin de impulsar su prevención, presentaron un proyecto para incorporar contenidos y entrenamiento en el abordaje de la problemática del consumo de sustancias y su prevención, tanto en los planes de formación docente como en los cursos de actualización.

El diputado José Riccardo (UCR-San Luis) presentó un proyecto “para que se incorporen contenidos sobre la problemática de consumo de drogas y su prevención en los planes de formación docentes y cursos de actualización, de todos los niveles educativos”.

“Lamentablemente las adicciones son un problema instalado en nuestra sociedad y la escuela no es ajena a ello. Argentina se ubica dentro de los países con mayor consumo de alcohol y de marihuana en la región. Según los estudios del Observatorio Argentino de Drogas, dependiente de la SEDRONAR, podemos decir que tenemos altos índices de consumo de alcohol, y la edad de inicio ha sufrido un corrimiento, que hoy se ubica en los 11 años de edad”, explicó Riccardo.

La iniciativa le pide al Poder Ejecutivo Nacional que, a través del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, y en acuerdo con el Consejo Federal de Educación y el Consejo de Universidades, gestionen la incorporación de contenidos y de entrenamiento en el abordaje de la problemática del consumo de sustancias y su prevención, tanto en los planes de formación docente como en los cursos de actualización, de todos los niveles educativos.

“El Estado tiene responsabilidad para tratarlo desde el punto de vista social, de la salud pública y de la educación. Pero no se trata solamente de difundir qué tipos de drogas hay, las consecuencias que trae su consumo, o cómo y dónde tratar las adicciones. Aquí advertimos la necesidad de que, frente al problema de las adicciones, el docente tenga el conocimiento adecuado y maneje las herramientas para proceder”, agregó el legislador puntano.

“Ellos son la primera línea de acción, y tienen a su cargo mucho más que impartir enseñanza. Así como afrontan los problemas sociales e individuales que los alumnos llevan a la escuela -y cuentan para eso con la ayuda de los departamentos psicopedagógicos, comedores, asistentes sociales, etc.-, deben hacer lo propio con las adicciones. No pueden ser espectadores, o eximirse de hacer algo fundándose en que se trata del ámbito íntimo del alumno y su familia. La reacción adecuada cuando ya existe el problema en el ámbito educativo tiene gran impacto, pero obliga a tener conocimientos especializados”, destacó Riccardo.

“Son situaciones que dan temor, rechazo, inseguridad, angustia, y es preciso asegurar que la reacción que se tenga no lleve a la exclusión del alumno. En la gran mayoría de los casos, actúan según su buen criterio les indica, pero no siempre tienen a su alcance los instrumentos adecuados y profesionales, con los que podrían contar, y el entrenamiento adecuado, sobre todo lo cual hay suficiente trabajo realizado en el país”, concluyó Riccardo.

Fuente: http://www.parlamentario.com/noticia-120721.html

“La droga en las escuelas”

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Un Diputado de San Luis propuso que en las escuelas se incluya contenido sobre la problemática del consumo de drogas. Sin embargo, Héctor Silva, coordinador del Centro Barrial de Atención de Adicciones en Río Gallegos, aclaró que ya  existe una ley propiciada con lineamientos curriculares, pero que no tuvo una “aplicación concreta” en las escuelas.

Según informó el sitio especializado Parlamentario, el diputado nacional José Riccardo (UCR-San Luis) presentó un proyecto “para que se incorporen contenidos sobre la problemática de consumo de drogas y su prevención en los planes de formación docentes y cursos de actualización, de todos los niveles educativos”.

La iniciativa le pide al Poder Ejecutivo Nacional que, a través del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, y en acuerdo con el Consejo Federal de Educación y el Consejo de Universidades, gestionen la incorporación de contenidos y de entrenamiento en el abordaje de la problemática del consumo de sustancias y su prevención, tanto en los planes de formación docente como en los cursos de actualización, de todos los niveles educativos.

“Me sorprende la iniciativa del Diputado porque estuve en el equipo nacional de la Conferencia Episcopal de Argentina en la comisión de adicciones. Hicimos en 2010 una presentación sobre la situación que atravesaba el país. Existe la Ley Nacional que es la 26.582 que hace referencia al programa de prevención de adicciones, que hace referencia a los lineamientos curriculares y formación de docentes que surge en 2010”, sostuvo Héctor Silva, coordinador del Hogar de Cristo en Río Gallegos, que contiene a jóvenes con problemas de adicciones.

Sostuvo que “la escuela es un lugar donde no solo aprenden contenidos conceptuales sino un aprendizaje para la vida”, por lo que cuando la droga “hace lugar en estos espacios, como sociedad tenemos que revisar”.

“En 2009 trabajamos con especialistas en adicciones y educación y concretamos este proyecto que fue aprobado”, señaló, aunque aclaró que “no tuvo una aplicación concreta”.

La aplicación fue “parcial”. “En Río Gallegos recuerdo que vino gente de Nación con la provincia en 2015 que se dictó una charla y se transmitió el programa y lineamientos curriculares”, destacó.

Sin embargo, dijo que no se trata de “dictar una materia” sino “lineamientos transversales” que incluyen a toda la comunidad educativa.

“Se trabaja más en algunas materias como química o formación ética y ciudadana, complementándose, pero la prevención pasa desde que yo recibo el pibe en la escuela, como lo acompaño y eso es preventivo. La prevención de adicciones no debe ser algo más, porque terminamos cargando a los docentes, sino que debe partir de la propia tarea educativa y del sistema educativo que no excluya”, añadió.

Opinó que es posible que exista una resistencia porque es un tema complejo. “Hay que sumar a la ley que ya está y como se le da aplicación”.

HOGAR

Héctor coordina el centro barrial de atención de adicciones (CACS) con talleres recreativos, la huerta orgánica que es un espacio socioeducativo, más la Casa-taller que se inauguró en marzo de este año, y que integra talleres de panadería, arte, conserva, teatro, más la Primaria para adultos.

“Tenemos la casa amigable que es una residencia para pibes que se sostiene más, están en una residencia para jóvenes y adultos que atraviesan un consumo problemático o no, pero que necesitan un lugar un poco más de convivencia”, detalló.

Fuente: https://www.tiemposur.com.ar/nota/182587-la-droga-en-las-escuelas

“Rosario: el negocio del narcotráfico y su impacto social”

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El periodista rosarino y diputado provincial Carlos Del Frade, quien acaba de ser reelecto para un nuevo mandato en la Legislatura santafesina en las listas del Frente Social y Popular, alerta sobre el negocio “paraestatal” del narcotráfico y cuestiona la complicidad entre las bandas delictivas y las fuerzas de seguridad y la inacción de la dirigencia política. Por Mariano Roca.

No habrá más seguridad si se sigue alimentando la fenomenal circulación de dinero que garantiza la inseguridad”, asegura Carlos Del Frade en el prólogo de su último libro titulado Balaceras, narcotráfico y política. Se trata del cuarto volumen de su saga Geografía narco, en el que también cuestiona las políticas de “mano dura” que ‒según advierte el autor‒ “generaron el aumento de la violencia individual y los homicidios en las grandes ciudades de la Argentina”. “Decir que el Estado está ausente es una ‘narco-soncera’: el Estado siempre está presente, pero el problema es si esa presencia es corrupta o virtuosa”, manifiesta, en diálogo con DEF.

Este periodista de investigación y actual diputado provincial santafesino rechaza la equiparación de Rosario con el fenómeno narco de Medellín en las décadas del 80 y del 90, una afirmación equivocada que atribuye a “una mirada porteña de un país profundamente unitario, como el que tenemos”. A su juicio, “la matriz del negocio de la droga en la provincia de Santa Fe tiene características más parecidas a las de San Pablo, donde es manejado por grupos criminales desde adentro de las cárceles”. Esta afirmación ha sido confirmada por el Tribunal Oral Federal N.º 3 de Rosario, que sentenció en diciembre pasado a Ariel Cantero ‒más conocido como “Guille”‒ y a su lugarteniente, Jorge Emanuel “Ema” Cantero, a penas de 15 y 17 años, respectivamente. Dado “su alto nivel de peligrosidad”, ese mismo Tribunal había ordenado previamente el traslado de esos dos integrantes de la temida banda narcocriminal de “Los Monos” desde el penal santafesino de Piñero a sendas prisiones federales. “Guille” Cantero, quien purgaba una condena previa de 22 años, se encuentra alojado en el Complejo Penitenciario de Ezeiza, mientras que “Ema” Chamorro, que tenía una condena anterior de nueve años, está recluido en la Unidad N.º 6 de Rawson. Ambas estructuras carcelarias dependen del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

-¿Cómo aparece el fenómeno de las bandas narco en Rosario?
-El negocio paraestatal del narcotráfico apareció a fines de la década del 70, a partir de un acuerdo entre las dictaduras de Hugo Banzer y Jorge Rafael Videla. El primer cargamento llegó en abril de 1978 a la zona franca de Bolivia en el puerto de Rosario. A partir de ese momento, se establece la ruta de la cocaína desde Bolivia y la ruta de la marihuana a través del Paraná, que siguen siendo las mismas desde hace 40 años. Cambian los “peajes”, pero se mantienen los distintos nichos de corrupción de las fuerzas de seguridad tanto nacionales como provinciales, y los funcionarios políticos siguen mirando para otro lado. En la década del 90, lo que se produjo fue la desarticulación de los grandes cordones urbanos en las tres principales provincias: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Aparecieron entonces los que hoy se definen en términos jurídicos como “fungibles”: chicas y chicos desesperados que están fuera del sistema escolar, no saben a qué aferrarse para soportar la vida cotidiana y buscan agarrarse de dos de los negocios que les ofrece el sistema: armas y drogas. Entre finales de la década del 80 y comienzos de los años 90, se produjeron en Santa Fe dos hechos muy importantes. Por un lado, la privatización del Banco de la Provincia de Santa Fe, entregado a los hermanos Rohm, quienes terminaron siendo condenados por lavado de dinero del narcotráfico. Y, por otra parte, la privatización del puerto de Rosario y la aparición de unos sospechosos capitales filipinos. Fue entonces cuando la DEA catalogó, por primera vez, a los puertos de Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín como “zona roja” de ingreso y egreso de cocaína.

Desde la década del 90, los puertos de Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín han sido catalogados por la DEA como “zona roja” de ingreso y egreso de cocaína.

-¿Cuáles son las características del fenómeno narco en Rosario?
-Las rutas de la droga convergen en Rosario, que es además una ciudad muy apropiada para desarrollar el negocio del lavado de dinero, y no es casualidad que se haya dado en paralelo al boom inmobiliario. De los puertos de Rosario y el Gran Rosario sale el 70 % de las exportaciones argentinas. Hay un flujo de dinero permanente, y la mejor manera de disfrazar un elefante es esconderlo en una manada de elefantes. Acá es fácil disfrazar el dinero negro. Mientras tanto, en los barrios comenzaron a aparecer esos “agujeros negros” que deja la desocupación, y las bandas narco empezaron a disputarse el territorio. El fenómeno de la violencia también está vinculado a las “barras bravas” de los dos clubes más importantes de la ciudad, Rosario Central y Newell’s Old Boys.

¿Cómo aparece el fenómeno de los denominados “búnkers”?
-Eso empieza a partir del año 2000. Son esas construcciones rústicas de ladrillo con una sola mirilla, que se abren desde afuera hacia adentro, con lo cual el pibe que está adentro “trabaja” doce horas y ni siquiera puede ir al baño. Está sumido en la esclavitud, lo que aparece incluso en un fallo de la Justicia Federal que así lo dejó consignado. Los chicos que están ahí vendiendo droga son verdaderos esclavos. La razón de la construcción de estos “búnkers” fue como reacción de los grupos narcos a la Policía, que les pedía cada vez más dinero por protegerlos.

-¿Qué lugar ocupan Los Monos en este negocio?
–A partir del año 2006, Los Monos se meten directamente en el negocio de la cocaína. Máximo Ariel “El Viejo” Cantero había caído preso, por primera vez en 1998 por traer 30 kilos de marihuana de Corrientes. Casi diez años después, Los Monos ya se habían hecho cargo del gran negocio de la droga. Se terminaron imponiendo sobre la otra banda del barrio de Las Flores, llamada “Los Garompa”. Estamos hablando del sur de la ciudad de Rosario, en la zona el City Center; a la espalda del casino se puede ver un gran mural del “Pájaro” Cantero. Es importante destacar una definición extraordinaria que aparece en el expediente del juicio contra esta banda que se siguió en la Justicia Provincial, donde el juez Juan Carlos Vienna señala que Los Monos se constituyeron en un “gobierno de facto” sobre los barrios de la ciudad. La gran pregunta es qué hicieron los gobiernos municipal y provincial mientras esto sucedía. Cuando en 2013 cayó asesinado quien era el líder de la banda, Claudio Ariel “Pájaro” Cantero, empezó la ola de violencia.

En abril de 2018, la Justicia santafesina condenó a los cabecillas de la banda de Los Monos a penas entre 6 y 37 años, por cuatro homicidios ocurridos entre 2013 y 2015, como represalia por el asesinato del “Pájaro” Cantero.

-¿El fallido atentado contra el exgobernador Antonio Bonfatti fue una bisagra en esa ola de violencia que sacudió a Rosario?
-Fue un hecho impactante; ocurrió el 11 de octubre de 2013 y por centímetros no mataron a su esposa. Fueron en total 34 balazos y tres pasaron muy cerca de donde estaban Bonfatti y su mujer. La investigación del hecho estuvo a cargo de la actual vicegobernadora electa, Alejandra Rodenas [compañera de fórmula de Omar Perotti]. En el expediente, a partir de lo declarado por un testigo de identidad reservada, la jueza indicó que ese atentado se produjo como represalia porque en la tapa del diario La Capital de Rosario se publicó una fotografía de los principales jefes narco en una fiesta de la familia Cantero. El testigo indicó que los Cantero dieron a entender que con esa foto se habían roto las reglas de juego y tenían que asustar al gobierno. Sin embargo, luego se procesó como autor material e intelectual del hecho a Emanuel “Pimpi” Sandoval, el muchacho de 22 años que disparó contra la casa de Bonfatti. Parece que nos estuvieran tomando el pelo.

-¿Qué rol tiene la Policía de la Provincia de Santa Fe que quedó bajo sospecha particularmente luego de la detención de su exjefe Hugo Tognoli?
-En forma muy parecida a lo que sucedió con las Policía Bonaerense y con la Policía de la Provincia de Córdoba, fueron quedando en evidencia nichos corruptos que regulaban los negocios de la calle. Tanto en Córdoba como en Santa Fe la División Drogas Peligrosas de las Policías provinciales se terminó disolviendo. En octubre de 2012, a partir del caso Tognoli, se creó una Secretaría de Delitos Complejos dependiente del Ministerio de Seguridad provincial, que quedó cargo de una abogada que era también policía, Ana Viglione. Hoy sigue siendo funcionaria del Ministerio de Seguridad, está imputada por falso testimonio en la causa “Los Monos” y sus primeros agentes están imputados en la misma causa.

-¿Cuál es su visión de la ley de desfederalización, que descentraliza y traspasa a la órbita provincial la persecución del llamado “narcomenudeo”?
-Lo que han demostrado los números oficiales del Ministerio de Seguridad es que tenemos cada vez más cárceles atestadas de pibes pobres, y hoy hay en circulación un 15 % más de marihuana, un 93 % más de cocaína y un 220 % más de metanfetaminas. Claramente, la ley de desfederalización del “narcomenudeo” termina por favorecer el narcotráfico.

Fuente: https://www.infobae.com/def/defensa-y-seguridad/2019/07/06/rosario-el-negocio-del-narcotrafico-y-su-impacto-social/

“1 de cada 4 chicos de 13 años bebió alcohol en exceso”

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Los datos surgen de una investigación de la UNC sobre consumo de alcohol, de tabaco y de marihuana entre adolescentes de Córdoba. El porcentaje se triplica entre los jóvenes de 17 años.

¿Qué sustancias psicoactivas consumen los adolescentes de entre 13 y 18 años en la ciudad de Córdoba? ¿Cuánto y cómo? ¿Qué percepción tienen de los riesgos? ¿Cuánto impacta lo que piensen sus padres y sus amigos?

La investigación “Consumo de alcohol, tabaco y marihuana en adolescentes de Córdoba: influencia de normas sociales y percepción de riesgo” –realizada por los psicólogos María Belén Acosta y Jorge Díaz, con el asesoramiento de la doctora en Psicología, Angelina Pilatti y de la investigadora Florencia Caneto, de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (2018)– ofrece pistas actualizadas sobre el comportamiento de los adolescentes en relación con el uso de sustancias.

En el estudio se advierte que la edad de inicio del consumo de alcohol, de tabaco y de marihuana es cada vez más temprana (el 40,8 por ciento comienza a ingerir bebidas alcohólicas a los 13 años o antes) y que la mayor o la menor cantidad de sustancias que se utilizan están vinculadas al mayor o al menor riesgo que perciben los chicos sobre ellas. A mayor percepción de riesgo, menor consumo.

De la investigación participaron 388 adolescentes (60,4 por ciento, mujeres) de colegios públicos y privados, encuestados en la ciudad de Córdoba.
En el estudio, uno de cada cuatro chicos de 13 años admitió haber consumido alcohol en exceso el mes anterior a que fuera encuestado para el estudio (lo que no quiere decir que esa conducta se repita todos los meses).

El porcentaje casi se duplica en estudiantes de mayor edad: uno de cada dos adolescentes de más de 14 años reportó consumir alcohol de manera excesiva al menos una vez el mes previo a la encuesta.

Se considera consumo episódico excesivo a la ingesta de cuatro o de cinco medidas de alcohol, según se trate de mujeres o de varones, en una reunión. Esto equivale a cuatro o cinco latas de cerveza de 350 mililitros cada una.

“Nuestros hallazgos muestran una ocurrencia de consumo de alcohol (usual y excesivo) incluso más alta que la encontrada en la edición 2014 del Sedronar”, indica el estudio.

La encuesta de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) indicaba que el 70,5 por ciento de los adolescentes habían consumido alcohol alguna vez en la vida, mientras que en el trabajo de la UNC ese porcentaje trepa al 86 por ciento.

El estudio pone en evidencia, además, que los comportamientos en el uso de sustancias están relacionados con el momento de la vida en que se comienza a consumir alcohol. De esta manera, si la iniciación es precoz, mayores son las posibilidades de que, a posteriori, se registren episodios de consumo excesivo.

La investigación define al consumo de alcohol como la ingesta de al menos una medida (unidad estándar de 14 gramos, que equivalen a una lata de cerveza de 350 mililitros) de alcohol. Y consumo de tabaco, al fumar un cigarrillo casi completo o completo (más que un par de “pitadas”). Con respecto a la marihuana, se preguntó si se utiliza o no, y con qué frecuencia.

Con esos parámetros, el estudio arrojó que el 86 por ciento de los chicos de entre 13 y 18 años dicen haber consumido alcohol una vez en la vida. El 39,4 por ciento responde de igual manera respecto al tabaco y el 15,5 por ciento lo hace en relación con la marihuana. En el caso del consumo de cannabis, la cifra se eleva al 27 por ciento en adolescentes de 17 años.

Cuatro veces al mes

La investigación deja en evidencia que la mayoría de los adolescentes consumió alcohol alguna vez en la vida y en el último año. Más de la mitad indicó haber bebido en las últimas cuatro semanas. Quienes toman alcohol, en promedio, ingieren bebidas tres o cuatro veces al mes.

Cada vez que beben, consumen una media de cinco medidas de alcohol.

“En las preguntas sobre cantidad de consumo por ocasión (medidas de alcohol), solemos preguntar por la cantidad usual (lo que se consume la mayoría de las veces) y también por aquella ocasión en la que se consumió más. El promedio de medidas por vez, en las ocasiones de mayor consumo, es tan alto que duplica la cantidad de alcohol que se considera consumo episódico excesivo (cuatro, cinco medidas o más por ocasión)”, explica Pilatti.

El consumo es mayor a medida que los chicos crecen. Mientras que uno de cada cuatro adolescentes de 13 años reportó consumo episódico elevado en el mes previo a la encuesta, entre los adolescentes de mayor edad este porcentaje casi se triplica.

Mientras que el 30 por ciento de los adolescentes más chicos consumió alcohol en el mes previo al estudio, la misma situación se presentaba en el 81 por ciento de los adolescentes de mayor edad.

Entre los jóvenes de 17 años, casi tres de cada cuatro admitieron consumo excesivo durante el mes previo a la encuesta, algo similar a lo que ocurre entre los estudiantes universitarios.

Edad de inicio

El 40,8 por ciento de los adolescentes que admiten haber consumido alcohol lo hizo por primera vez a los 13 años o antes. El 45,7 por ciento comenzó a fumar tabaco a esa edad, mientras que el 23,7 por ciento de quienes probaron marihuana se iniciaron también a los 13.

Según el estudio, varones y mujeres beben alcohol casi por igual, aunque se registran más excesos entre los chicos. Respecto de la marihuana, la cantidad de varones que consume es casi el doble en relación con las chicas.

No se encontraron diferencias significativas en el consumo de tabaco y de marihuana en función de la edad.

El trabajo revela que los chicos que comenzaron a beber alcohol de manera temprana (a los 13 o antes) registran más episodios de exceso de consumo (más de cuatro o de cinco medidas) que quienes empezaron después de los 14.

Comparados con los “bebedores tardíos” (a los 15), los que se inician más jóvenes consumen alcohol, a lo largo de la adolescencia, con mayor frecuencia y en más cantidad.

Los “bebedores tempranos” también son mayores consumidores de tabaco y de marihuana. Respecto a esta última sustancia, el consumo es tres veces más alto entre los bebedores tempranos que entre los tardíos.

Mientras que ninguno de los adolescentes que comenzó a tomar alcohol tardíamente reportó haber usado marihuana en la semana previa, el seis por ciento de sus pares con inicio más precoz del uso de alcohol consumió hierba.

“El inicio temprano de alcohol tiene un efecto no específico, esto es, generalizado, que incrementa el riesgo de consumir otras sustancias psicoactivas”, plantean los autores del trabajo.

Conocer los riesgos

Los adolescentes que perciben un mayor nivel de aprobación del consumo por parte de sus pares o de sus padres beben más. Pero, además, si los amigos beben, ellos también lo hacen con mayor frecuencia y en más cantidad.

También sucede entre los fumadores de tabaco. Por otra parte, quienes perciben mayor riesgo asociado al uso de alcohol consumen menos.

Con respecto a la marihuana, de manera similar a lo que ocurre con el alcohol y con el tabaco, la percepción de un mayor riesgo se asocia a un menor consumo.

“Como era de esperar, las variables relacionadas con los pares ejercieron un efecto más fuerte que las variables relacionadas con los padres”, dice el informe.

Sin embargo, respecto al consumo de alcohol, la percepción de la aprobación o la desaprobación del consumo por parte de los padres tiene mayor impacto que la del grupo de pares.

De esta manera, el alcohol es la única sustancia con un efecto significativo de consumo en relación con la opinión parental.

“En este sentido, es posible pensar estrategias de intervención centradas en los padres, y en que generar una menor aprobación de las conductas de consumo, en particular de alcohol, podría tener un efecto reductor del consumo excesivo”, indica el estudio.

Para los indicadores de consumo de tabaco y de marihuana, la situación es inversa: el efecto de la percepción de la aprobación o la desaprobación de los de pares es más grande que la que ocurre en relación con los padres.

“Los adolescentes admiten que consumen en la escuela”

Desde hace un tiempo, las escuelas demandan cada vez más atención y capacitación para abordar situaciones vinculadas al consumo de sustancias, como así también a su comercialización.

En los consultorios de médicos y de psicológicos, en tanto, se observan padres preocupados que no saben cómo intervenir o tomar medidas

“Los jóvenes que participan en el programa terapéutico de Fundación ProSalud expresan que consiguen y consumen drogas dentro de la escuela y, en general, que en ellas no se realizan programas preventivos”, indica la presidenta de ProSalud, Gabriela Richard.

Richard explica que las escuelas cuentan con un protocolo para actuar cuando identifican a algún alumno que consumiendo dentro de la institución. “Como alternativa, son pocas las que se abocan al armado de actividades preventivas con continuidad en el tiempo”, apunta.

Y agrega: “Esto se agrava con el avance de las industrias del alcohol, la marihuana y el tabaco (…), y la vieja premisa que sostienen algunos directivos, enfocada en prevenir sólo el consumo que consideran problemático”.

Griselda Cardozo, psicóloga especialista en adolescencia, confirma que el consumo de sustancias está naturalizado entre los jóvenes. “Comienzan a consumir –particularmente alcohol y tabaco– cada vez a edades más tempranas, por lo que la prevención debiera comenzar en la escuela primaria”, opina.

En relación con los padres, Cardozo apunta que –en general– desconocen sobre las prácticas de consumo de los jóvenes, sobre todo en lo que respecta al consumo de drogas de diseño o de drogas emergentes. “Cuando conocen, no saben cómo enfrentar el problema, sobre todo el de las previas”, subraya.

Qué dicen los docentes

Diez directivos y profesores secundarios que se capacitan en la Fundación ProSalud se reunieron con La Voz y confirmaron que son crecientes los problemas vinculados con las adicciones.

“Es complejo intervenir. Algunas veces, los padres te denuncian si los llamás porque ves al chico drogado o alcoholizado; te preguntan qué pruebas tenés”, comentó una de las docentes. “Nos faltan herramientas para intervenir”, agregó.

En relación con la marihuana o con la cocaína, los docentes explicaron que en algunos barrios la situación es dramática.

Los chicos conocen las redes de comercialización y de distribución a través de las tapias. “La marihuana está naturalizada. Hay chicos que admiten que en su casa se cultiva”, indicó una profesora.

En relación con el alcohol, coincidieron en que los adolescentes no lo consideran una droga o una sustancia adictiva. “Hay que mostrar otros modelos saludables. Hoy, una charla no es suficiente. La palabra sola no alcanza”, subrayaron.

5 fernets o casi 7 tragos con vodka en una noche

En la “previa”, ese evento que se ha convertido en un ritual antes de las salidas nocturnas, un adolescente de entre 13 y 18 años suele ingerir entre cinco y ocho medidas de alcohol en cuestión de horas. Pero si, posteriormente, continúa bebiendo en otros espacios, el consumo puede trepar a 10 medidas.

En la práctica, 10 medidas de alcohol (140 gramos) representan cinco fernets de 250 mililitros o seis tragos de 250 mililitros preparados con vodka, ron, ginebra o tequila, más un Campari o un Gancia, o 10 medidas de whisky de 45 mililitros.

Los chicos realizan entre tres y cuatro previas al mes, donde casi la mitad se emborracha, con consecuencias negativas y conductas riesgosas, como realizar prácticas sexuales sin protección.

Los datos son de la investigación “La previa en adolescentes argentinos: su relación con normas sociales y motivos de previa”, realizada por la Facultad de Psicología de la UNC (Angelina Pilatti, Florencia Caneto, María Florencia Camerano Echavarría, María Pía Verde y Ricardo Pautassi).

Del estudio participaron 402 adolescentes de escuelas estatales y privadas de Córdoba.

Como resultado, se observa que el 60 por ciento de los encuestados realizaron previas en el último mes y consumieron, en promedio, 70 gramos de alcohol (una cerveza de 350 mililitros tiene 14 gramos, que equivale a una medida).

No obstante, los adolescentes indicaron que en la ocasión de mayor consumo bebieron el equivalente a ocho latas de cerveza. Además, el 85 por ciento admitió que continuó tomando alcohol en otros eventos, después de la previa.

“Este hallazgo es de relevancia porque contradice rotundamente la creencia, incluso sostenida por algunos padres como justificativo para validar o permitir la realización de previas en los hogares, de que se toma en la previa para no tomar después”, se indica en el estudio.

Los chicos que beben en la previa y después de ella ingieren, en promedio, 10 medidas de alcohol en una noche. La frecuencia y la cantidad de alcohol son muy similares a lo que reportaron jóvenes de mayor edad o adultos emergentes.

Por otra parte, el estudio reveló una ingesta significativamente mayor de alcohol entre los adolescentes que hacen previa que entre la de sus pares también bebedores, pero que no se involucran en estas prácticas.

Consejos para dialogar con hijos y con alumnos

Consejos de Griselda Cardozo para abordar el problema.

Esperar el momento para preguntar.

No armar un cuestionario, sino dialogar.

Hablar desde la propia experiencia o desde el conocimiento acerca de las sustancias para generar un clima de confianza.

Deducir a través del diálogo. No apurarse a sacar conclusiones o interpretar sesgadamente con claves psicopatológicas.

Preguntar acerca de la temática vinculado a sus grupos de pertenencia.

Ser francos y expresar preocupación ante la temática o por el propio consumo que presentan.

No mostrar una actitud de acusación.

Guardar la confidencialidad.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/1-de-cada-4-chicos-de-13-anos-bebio-alcohol-en-exceso

“Las drogas en Neuquén no distinguen clases ni edades”

Les compartimos la siguiente publicación.

Closeup of pills

Neuquén.- Las únicas estadísticas actualizadas que existen en la provincia sobre consumo de drogas, correspondientes a una encuesta de noviembre pasado, desmienten varios de los mitos que rodean este tema. El mayor consumo no está entre los adolescentes ni en los barrios pobres, sino entre adultos jóvenes con distintos niveles de ingresos.

Aunque se habla mucho de las adicciones, no hay aún en la provincia de Neuquén estadísticas sistemáticas y detalladas. Se creó hace poco un Observatorio que depende de la Subsecretaría de Seguridad, que empezó a hacer relevamientos en cada una de las localidades y, por ahora, la cifra más fiable es una encuesta a 911 personas de las principales ciudades neuquinas que hizo a fines de 2017 el Observatorio Argentino de Drogas.

Hernán Ingelmo, subsecretario de Prevención de Consumos Problemáticos, indicó que ese sondeo abarcó a una porción representativa de la población y remarcó que, “si bien no es una encuesta categórica, nos planteó una tendencia y nos sacó del lugar de las sensaciones, que es más de lo que teníamos”.

Indicó que ese sondeo comprobó que las adicciones no son un problema exclusivo de los menores, como se suele pensar, sino que ellos representan la punta más visible del iceberg.

Jóvenes

La encuesta reveló que, entre los chicos de 12 a 17 años, el consumo reciente de drogas ilícitas alcanza el 8% del total, mientras que en jóvenes adultos de 18 a 34 años trepa al 20%. Si se considera sólo la marihuana, un 10% de los adolescentes la probó alguna vez, frente a un 41% de jóvenes adultos y un 52% en la franja de los que tienen entre 25 y 34 años. Lo mismo ocurre con la cocaína, donde el 5% de los menores del secundario respondieron que la probaron alguna vez, ante un 15% de los que van de 18 a 34 años.

Si se toma en cuenta el alcohol, el principal consumo problemático en Neuquén y el país, también el problema es más grave con los mayores. Entre los adolescentes, el consumo llega a tres de cada cuatro, en tanto que sube a un 95% entre los adultos jóvenes.

Asistencia

Ingelmo observó que, además de esa encuesta, existen mediciones del Servicio Integral de Emergencias (SIEN) que confirman que las asistencias por abusos de sustancias son más frecuentes en el centro de Neuquén capital que en los barrios señalados popularmente como problemáticos .

“Yo trabajé muchos años en el oeste y se suele decir que el principal problema está en esa zona, pero no es lo que muestran los mapas; incluso las drogas que generan mayor adherencia, que son las sintéticas y la cocaína, las compra en general la clase media”, remarcó.

Números

Anunció que Neuquén empezará a trabajar con “ventanas epidemiológicas, que es una estrategia que vamos a realizar en 2018 en conjunto con el Sedronar”, para precisar las cifras sobre consumo, y que hace falta ampliar la mirada para prevenir.

Subrayó que, al hablar de drogas, “hay que desestigmatizar y entender que esto es un problema cultural y de todas las clases sociales”.

Desde la UNCo advierten sobre el policonsumo

Juan Ramírez forma parte desde hace 15 años del servicio de prevención de adicciones de la Universidad del Comahue. Para él, el abuso de sustancias no sólo está en aumento en Neuquén sino que viró hacia un “policonsumo”, lo que hace más difícil la atención en casos de intoxicación. Estimó que hace falta con urgencia “que Provincia y Municipio se sienten a rediscutir la prevención, porque ambos adhirieron a la emergencia nacional pero eso no se ve en la práctica”. Ramírez sostuvo que ven con más frecuencia que antes “jóvenes que mezclan una sustancia y otra o consumen medicación casera y sustancias químicas desconocidas para los médicos que los deben atender”. Afirmó que también falta un plan más coordinado. Relató, a modo de ejemplo, que para Año Nuevo se vendieron en la ciudad 340 mil litros de cerveza, según datos de una distribuidora local, “y el día que se sabe que hay tanto consumo teníamos pocas ambulancias porque no se previó el personal que estaba de licencia”.

Ni las zonas rurales se encuentran a salvo del problema

Rodrigo Valli, psiquiatra del departamento provincial de Salud Mental, informó que el problema de las adicciones no es exclusivo de las grandes ciudades, sino que también tiene peso en las zonas rurales aunque sea más difícil detectarlo. Agregó que, a partir de esa realidad, en los últimos años se comenzó a trabajar con una atención descentralizada.

Valli explicó que el consumo de drogas “se vive igual en un pueblo chico que en una ciudad grande, pero ocurre que hay una estigmatización y una condena social tan severa que es difícil que el paciente hable en una consulta; hay como miedo”. Dijo que se trata de un problema generalizado que viene en crecimiento y que, en el sector de Salud, lo notan “con mayor cantidad de consultas año tras año”. Añadió que, “si bien lo principal sigue siendo el alcohol, vemos más casos con otro tipo de sustancias”.

Comentó que se empezó a trabajar en cada centro del interior con “duplas psicosociales, que son un trabajador social y un psicólogo, además de cargos de psiquiatría en hospitales de cabecera, lo que descomprime la alta demanda y la centralización, porque antes el único referente era el Castro Rendón”.

Para el especialista, lo que hace falta en Neuquén “para completar la red de atención son los centros de día o casas de acompañamiento, que otras provincias ya los han desarrollado”.

Fuente: https://www.lmneuquen.com/las-drogas-neuquen-no-distinguen-clases-ni-edades-n577478

“Chile y Argentina se unen para enfrentar las drogas sintéticas”

Les compartimos la publicación de Insight Crime. 

Jóvenes

Una red criminal que enviaba drogas sintéticas por correo desde Argentina hacia Chile fue desmantelada gracias a un operativo conjunto. que muestra cómo ambos países están uniendo fuerzas para contener el creciente problema de las drogas sintéticas.

La banda, radicada en Buenos Aires, enviaba por correo una variedad de drogas sintéticas, entre las que se contaban LSD, metanfetaminas y éxtasis, a varias ciudades argentinas, como San Luis y Córdoba, así como a Santiago, la capital de Chile, según un comunicado oficial divulgado por el gobierno el 25 de septiembre.

Una serie de allanamientos en cinco propiedades en Argentina condujeron a la captura de siete individuos y a la incautación de más de 100 dosis de LSD, más de 3.100 cápsulas de éxtasis, y tres kilos de polvo de MDMA. En Chile, dos personas fueron aprehendidas cuando intentaban recuperar un paquete de 1,6 kilos de polvo de MDMA, que las autoridades habían marcado y seguido desde que salió del aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires.

Las autoridades interceptaron otros dos paquetes en Ezeiza, con miles de cápsulas, ocultas en equipos de camping.

La banda también fabricaba las píldoras a partir de las drogas en polvo, y las marcaban con la efigie de Darth Vader, el villano de la Guerra de las Galaxias, antes de venderlas en clubes nocturnos y bares.

Análisis de InSight Crime
El mercado doméstico de drogas en Argentina ha crecido lo suficiente para ejercer una influencia importante en diversas economías criminales. El país tiene el consumo de cocaína per cápita más alto de Latinoamérica. Un clan de traficantes de marihuana con operaciones en todo el país logró corromper a jueces, políticos y policías en la ciudad de Itatí.

Y el consumo de drogas sintéticas en el país está disparado. Esto ha llevado a Buenos Aires a convertirse en una de las mayores plataformas para estupefacientes, como la MDMA y el LSD, como lo muestra este nuevo caso.

Este no es el único ejemplo reciente de las repercusiones que tiene para sus vecinos la demanda de estas sustancias en Argentina. En marzo, Uruguay reportó un aumento en la circulación de “cocaína rosa”, alucinógeno similar al LSD, que se importaba desde Buenos Aires.

Hay que abonarle a Argentina que está tomando en serio esta amenaza. Como parte de una respuesta más amplia hacia el crimen organizado, el país está adoptando una estrategia cada vez más cooperativa en la lucha contra las amenazas criminales.

En abril de 2018, los cuerpos de policía de Chile y Argentina firmaron un acuerdo de cooperación contra el crimen organizado, que produjo el exitoso operativo Salar de Atacama en septiembre.

Solo en 2019, las autoridades argentinas se han asociado con Paraguay para actuar contra el tráfico de marihuana, han arrestado a importantes narcos en colaboración con Bolivia, y buscan renovar esfuerzos contra el contrabando en la triple frontera con Brasil y Paraguay.

Pero Argentina enfrenta un difícil reto en la reducción del flujo de drogas sintéticas. Cada año ingresan a Argentina cientos de miles de píldoras, en su mayoría de Bélgica y Alemania, según Martin Verrier, subsecretario de lucha contra el narcotráfico.

E ingresan por todos lados. En 2018, se hicieron decomisos de drogas sintéticas en los puertos marinos de Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, Paraná, Mendoza y Santa Fe, además de los cruces fronterizos con Chile.

Fuente: https://es.insightcrime.org/noticias/noticias-del-dia/chile-y-argentina-se-unen-para-enfrentar-las-drogas-sinteticas/